Crimen

El crimen de Moncasi, 19 años después: un hombre asesinado con 53 puñaladas en una bañera y ningún culpable en la cárcel

Imagen de Paco Lozano Gaceo, la víctima del crimen de Moncasi, en Zaragoza
Imagen de Paco Lozano Gaceo, la víctima del crimen de Moncasi, en Zaragoza. Informativos Telecinco
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España registra diversos crímenes en los que, pese a haberse investigado a numerosos sospechosos, nadie ha sido juzgado para responder por los hechos. Uno de esos casos es el crimen de Moncasi, denominado así por la calle de Zaragoza en la que ocurrió. Francisco (Paco) Lozano Gaceo, un albañil de 54 años, fue asesinado en su propio domicilio con 53 puñaladas. Su cadáver apareció en la bañera, con una peluca colocada junto a él. Durante años, las autoridades siguieron la pista de un hombre que concentró todas las sospechas, pero que finalmente fue declarado no culpable por un jurado popular. El pasado 22 de enero se cumplieron 19 años de este brutal suceso que sigue sin respuesta.

Paco Lozano, natural de Ariza, vivía solo en un piso de la calle de José Moncasi (número 28), vivienda que había compartido durante años con su pareja, fallecida unos seis años antes. Mantenía una vida social activa y solía quedar con amigos. El 22 de enero de 2007 había organizado una reunión por la tarde. Sobre las 20:00 horas, una de sus amistades llamó a su teléfono. Al descolgar, la voz que escuchó le resultó extraña y ronca, hasta el punto de dudar de que fuera Paco. Le preguntó si sabía dónde habían quedado y la llamada se cortó de inmediato. Esa misma noche, entre el 22 y el 23 de enero, los amigos le enviaron un mensaje y recibieron respuesta desde su móvil: decía que tenía el teléfono en silencio y que al día siguiente llamaría. Nunca lo hizo.

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El 24 de enero, al comprobar que Paco no aparecía ni respondía -algo inusual en una época en la que la comunicación dependía casi exclusivamente de llamadas y SMS-, alertaron a la Policía. Los agentes accedieron a la vivienda y hallaron el cadáver en la bañera. La posición del cuerpo llamó especialmente la atención: el aparato genital masculino estaba oculto entre los muslos, lo que hizo pensar que había sido colocado de forma deliberada. El cuerpo presentaba decenas de puñaladas, concentradas sobre todo en el torso y el cuello, pero el arma homicida nunca apareció. Junto al cadáver se encontró una peluca negra y vieja, colocada sobre el grifo. En el baño se localizaron varias huellas y, en el resto de la vivienda, signos que apuntaban a una posible escenificación: ropa sacada de los armarios y arrojada sobre la cama. Sin embargo, no faltaban objetos de valor, lo que debilitó la hipótesis del robo. La condición homosexual de la víctima llevó a los investigadores a barajar desde el inicio un crimen pasional o de odio.

Edificio de la calle de José Moncasi donde se produjo el crimen en 2007
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Una persona que se llamaba como la víctima, el principal sospechoso

Durante la inspección del piso, los agentes hallaron una agenda con unos 400 contactos. Tras un primer cribado, comprobaron que, además de amistades, figuraban numerosos varones de entre 25 y 30 años con los que Paco había mantenido relaciones sexuales. Uno de esos contactos permanecía siempre incomunicado, hasta que en noviembre de 2007 lograron localizarlo. Se llamaba Francisco Lozano -como la víctima, aunque con distinto segundo apellido- y era conocido como Fran. Estaba casado, tenía un hijo y esperaba otro. En su primera declaración afirmó no ser homosexual y aseguró que solo había quedado con Paco una vez, en 2006, y que se marchó de su casa porque le dio "asco".

Las pesquisas revelaron, sin embargo, que Fran había contactado con Paco la víspera del crimen. Sobre las 19:00 horas del 22 de enero le propuso quedar y la víctima respondió que cuando quisiera, que le esperaría en casa vestido de la forma que él quisiera. El asesinato se situó en la madrugada del día 23, en torno a las 03:00 horas. Además, Fran envió mensajes a Paco el día 24, cuando ya estaba muerto, lo que los investigadores interpretaron como un posible intento de construir una coartada.

En su primera declaración, Fran respondió que no recordaba si había cometido el crimen. Quedó en libertad, pero su actitud levantó muchas sospechas. Entonces, en una segunda declaración, admitió haber matado a Paco tras mantener relaciones sexuales con él y sentir repulsión. Su entorno, incluida su esposa, respaldó esa versión y el Juzgado de Instrucción número 7 de Zaragoza ordenó su ingreso en prisión provisional y fijó fecha para el juicio.

Sin embargo, aquella confesión se realizó sin la presencia de un abogado, por lo que fue declarada nula. Los investigadores destacaron que Fran describió con detalle el baño y la colocación del cadáver, pero el tribunal consideró probado que algunos agentes habían mostrado previamente fotografías del domicilio a varios testigos, lo que restó valor probatorio a esas descripciones. La defensa de Fran destacó que no se halló ADN suyo en la vivienda y que una huella palmar encontrada no coincidía con la de su mano.

Durante el juicio, Fran negó cualquier implicación y sostuvo que confesó bajo presión policial, una versión respaldada por su familia. Tras permanecer alrededor de un año y nueve meses en prisión provisional, el 29 de noviembre de 2010 un jurado popular lo declaró no culpable y fue absuelto.

Los otros sospechosos que estuvieron en el foco

Tras la absolución, el abogado de Fran, José Luis Melguizo, sostuvo que muchas de las lagunas de memoria de su defendido se debían a un accidente de tráfico previo con secuelas neurológicas, como recoge 'El Periódico de Aragón'. Fran abandonó los juzgados entre lágrimas, mientras la investigación regresaba al punto de partida. Porque, más allá del principal encausado, la Policía había manejado numerosas líneas, alimentadas por la vida social de la víctima y los indicios recogidos en la escena del crimen.

Uno de los sospechosos que más atención concentró fue un vecino del piso superior, también homosexual, cuya huella palmar apareció en la pared del baño y sobre la bañera. En un primer momento no fue localizado porque se encontraba en el extranjero, lo que hizo pensar incluso en una posible huida. Pero finalmente fue descartado al comprobarse que era zurdo y que la huella correspondía a una palma diestra.

Otra hipótesis apuntó a un adolescente que mantenía una relación tensa con Paco y con quien, la tarde previa al crimen, intercambió hasta quince llamadas y mensajes. En algunos, la víctima se ofrecía a ayudarle a "salir del armario", lo que llevó a los investigadores a plantear que el joven hubiera actuado para evitar que su entorno conociera su orientación sexual. Sin embargo, el chico declaró que nunca quiso hacerle daño y que pensaba contárselo a sus padres.

El tercer sospechoso relevante fue un padre de familia que visitaba a Paco en encuentros esporádicos los domingos por la mañana. Su huella apareció en un grifo del baño, pero los agentes consideraron poco compatible su rutina familiar con un crimen cometido de madrugada y con tal nivel de violencia. Ninguna de estas líneas derivó en pruebas suficientes para una imputación.

La huella palmar hallada en el monomando de la bañera sigue siendo la pieza clave del caso. No pertenece ni a la víctima ni al único acusado que llegó a sentarse en el banquillo. Si en el futuro los sistemas de identificación biométrica avanzan o esa huella coincide con algún registro policial, el crimen de la calle Moncasi podría reactivarse. Mientras tanto, el reloj judicial avanza. En España, los delitos de asesinato prescriben a los 20 años. Si no se produce una nueva imputación que interrumpa los plazos, el crimen cometido en enero de 2007 podría quedar definitivamente impune en enero de 2027. El caso se suma a otros grandes enigmas aún sin resolver de la crónica negra española, como el de Almonte, el de Meco o el de Déborah Fernández-Cervera en Vigo.