La incertidumbre de los familiares de Adrián, el joven español en coma en Tailandia: “El poco dinero que tenían se está yendo en el hospital”
“Lo más importante para mí es que vuelva a casa, que la familia pueda estar tranquila y que pase lo que tenga que pasar, pero aquí”
Piden ayuda para traer de vuelta a Adrián, el buceador en coma en Tailandia tras sufrir un accidente de moto
Adrián Palomino permanece ingresado en estado crítico en la UCI de un hospital privado en Phuket, en Tailandia desde que el pasado 9 de febrero sufriera un grave accidente de moto. Según explica Mikel, amigo cercano de la familia, “a nivel de constantes está estable, que es una buena noticia, pero a nivel cognitivo no llega a ser un despertar”, y añade que los médicos solo pueden hablar de pequeñas evoluciones: “son pasos adelante, pero están lejos de despertarse”. La incertidumbre es total porque, como les han transmitido los especialistas.
“Se puede despertar mañana, en una semana, en un mes o no despertarse”
Tras el accidente, Adrián fue llevado primero a un hospital público, donde permaneció menos de 24 horas. “No tenían los medios suficientes”, explica Mikel, por lo que, a petición de sus padres, fue trasladado al Hospital Bangkok de Phuket, un centro privado internacional “que sí tenía los medios necesarios para llevar la situación”. Desde el día 10 está allí ingresado, pero ese cambio ha supuesto un golpe económico enorme para la familia.
Aunque Adrián trabajaba legalmente en Tailandia y tenía varios seguros, de buceo, de moto y laboral, ninguno cubre la situación actual. “Ninguno cubre la hospitalización que tiene”, resume Mikel. El coste diario es asfixiante: “La UCI son 2.500 euros al día simplemente por estar allí, y luego absolutamente todo se paga: personal, comida, medicamentos, si utilizan un guante, un guante”. A eso se suman los procedimientos médicos: “Cada vez que hay que entrar en quirófano son cuentas y cuentas más grandes”. La familia reconoce que al principio pensaban que el despertar sería inminente y que podrían aguantar, pero la realidad ha cambiado:
“Estamos entrando en una situación en la que parece que el despertar se va a alargar en el tiempo"
Más allá de los números, sus amigos quieren que se conozca quién es Adrián. Mikel lo describe como “una persona maravillosa, de esas que con solo verle la sonrisa ya se ve cómo es”. Dice que “te mira a los ojos, cuida a su gente, disfruta de la naturaleza y del buceo”, y lo resume así: “Es esa persona que cualquiera querría tener al lado”. Por eso insiste en que lo esencial no es solo el dinero: “Lo más importante para mí es que vuelva a casa, que la familia pueda estar tranquila y que pase lo que tenga que pasar, pero aquí”.
El entorno de Adrián pide ahora apoyo y difusión. “El dinero es un objetivo porque hay una barrera económica, pero cuando no hay dinero, hay difusión”, explica Mikel, convencido de que compartir el caso puede marcar la diferencia. “Estamos viendo una respuesta maravillosa de la gente, pero todavía falta un cacho para llegar a lo necesario”. Mientras tanto, siguen “remando”, como él mismo dice, con la esperanza de que Adrián pueda ser trasladado cuanto antes y continuar su tratamiento en España, cerca de los suyos.
Durante días intentaron una alternativa: trasladarlo de nuevo a un hospital público
Pero el proceso resultó casi imposible. “Conseguimos hacer gestiones con muchísima burocracia, contactos tailandeses y el consulado, pero era muy complicado”, relata Mikel. Además, aunque existía la opción de otro centro público, “le cobraban 2.000 euros al día y en una UCI sin todos los medios”, y la familia apenas podría estar con él: “Solo podrían verlo una hora al día”. Por razones médicas, logísticas y humanas, tomaron la decisión de mantenerlo donde está y dar el paso hacia la repatriación.
El problema es que traerlo a España exige un traslado extremadamente complejo. “Es un avión privado, pero por dentro es un hospital, es una UCI”, explica Mikel. Los presupuestos que manejan son demoledores: “Estamos en torno a los 200.000 euros solo de repatriación”, una cifra que el propio consulado sitúa incluso más arriba. A eso hay que sumar “los gastos del hospital privado, que alcanzarán los 50.000 euros o más”, además de desplazamientos y otros costes asociados. En total, la cuenta se dispara muy por encima de lo que la familia puede asumir.
Por ese motivo han puesto en marcha una campaña de recaudación. Pero incluso ahí aparece otro obstáculo poco conocido: los impuestos. Mikel explica que, al tratarse de donaciones, “la ley dice que pagas impuestos porque recibes dinero y te enriqueces de alguna manera”, y advierte de que “esa carga suele rondar entre el 25 y el 30%”.
Cuenta el caso de otra familia en España que, tras usar todo el dinero para repatriar a una persona, “tuvo que volver a hacer un crowdfunding para poder pagar los impuestos”.
“Es una situación que ojalá no le pase a nadie, pero que le puede pasar a mucha gente”
En lo personal, el golpe ha sido devastador. Los padres de Adrián están en Tailandia, enfrentándose no solo a la angustia por su estado, sino también a una enorme barrera idiomática. “La familia no sabe inglés ni tailandés, y conseguir información es muy difícil”, explica Mikel. Durante los primeros días, dice, “todo era muy lento, muy complicado”, y han tenido que recurrir a amigos, antiguos compañeros de buceo e incluso a una expareja de Adrián que vive en Asia para poder traducir y mediar con los médicos. Mientras tanto, “el poco dinero que tenían ahorrado se está yendo por el agujero del hospital privado”. Los amigos cercanos han creado lo que él llama “una caja de resistencia” para ayudar, pero reconoce que “no llegamos ni de cerca a los 200.000 euros que cuesta una repatriación”.
La desesperación ha llevado a plantearse opciones extremas. “Hablas de hipotecar casas o cosas así”, admite Mikel, aunque reconoce que tampoco hay mucho margen real. Por eso, la única salida viable es pedir ayuda y difusión. Han intentado todas las vías institucionales: “Hemos contactado con la embajada, con el defensor del pueblo… pero ayuda económica, absolutamente nada”.