La historia de Azucena: vive en una "jaula" para aislarse de los campos electromagnéticos y pide ayuda para cambiar las farolas de su calle

Hace diez años, Azucena fue diagnosticada de Hipersensibilidad electromagnética (EHS) y Sensibilidad Química Múltiple (SQM)
Ahora, vive en una jaula de Faraday, una habitáculo de dos metros cuadrados cubierto de metal que la aísla de las ondas
En la era de la hiperconectividad, tener alergia a los campos electromagnéticos es sinónimo del aislamiento más extremo. Azucena Barrio, una vecina de Cerezinos del Carrizal, Zamora, lo sabe mejor que nadie. Hace diez años - ahora tiene 57 - los síntomas de lo que parecía una alergia común derivaron en un diagnóstico de 'Hipersensibilidad electromagnética', una enfermedad causada por la exposición a las radiaciones que emiten ciertos dispositivos (aparatos eléctricos, transformadores, telefonía móvil, etc.) y que, hoy en día, están presentes en la mayoría de los objetos que utilizamos en nuestra rutina.
En una entrevista que dio al 'Correo de Zamora', Azucena escribió hasta dos folios con todos los problemas de salud que le causa esta enfermedad rara, que, a su parecer, no está suficientemente contemplada por la Sanidad Pública. Según la CONFESQ, la sintomatología de la hipersensibilidad electromagnética es tan compleja como su propia naturaleza:
Vive en un cubículo cubierto por una malla de metal
"Dolor de cabeza, sensación de quemazón, dificultad de concentración, dolor en músculos y articulaciones, pérdida de memoria, confusión mental, insomnio, palpitaciones, arritmias, mareos, náuseas, irritabilidad, hormigueos, hiperactividad, alteración de reflejos, depresión, ansiedad, confusión y desorientación espacial y/o temporal, fatiga, debilidad/flojera, aceleración o disminución del ritmo cardíaco, dolores en el pecho, temblores, espasmos musculares o dolores constantes en piernas y pies", es la lista compleja.
Una catarata de dolencias que ha obligado a esta zamorana a vivir en lo que se denomina una Jaula de Faraday, un contenedor cubierto por un material conductor (metal, malla) que aísla su interior de los campos eléctricos externos, haciendo que el campo en el interior sea nulo. Así, Azucena vive desde hace más de dos años en un cubículo de dos metros cuadrados protegido por una tela de hilo de plata y malla de acero inoxidable, donde las ondas no pueden penetrar.
"Mi marido y mi hija no usan teléfonos aquí"
Lógicamente, a su alrededor nadie usa dispositivos electrónicos, siendo la mayoría de sus aparatos de antigua usanza: "Únicamente tengo conectado siempre el viejo frigorífico que gracias a Dios sigue funcionando, lo demás solo se enchufa para su uso. Hay dos puntos de luz, en el salón y en la cocina y se acabó. Si se necesita, uso la linterna con pilas. Cuando llegan mi marido y mis hijas ni se plantean traer un teléfono, al igual que cualquier persona que me venga a visitar. Ahora mismo, he llegado a un punto en el que el más mínimo campo electromagnético me afecta muchísimo y me está quemando por dentro", dijo en la misma entrevista.
Por si esto no fuera suficiente, Azucena también sufre Sensibilidad Química Múltiple (SQM), una intolerancia a productos químicos tan comunes como productos de limpieza, de cosmética e higiene personal, disolventes y pinturas, humos, fármacos y un larguísimo etcétera.
A su doble malestar se suma el hecho de que, en su barrio, se han instalado unas nuevas farolas inteligentes que, según la campaña de Change.org que han abierto en su favor, le provocan "cefaleas intensas, migrañas, espasmos, mareos, insomnio, sensación de ardor en todo el cuerpo, dolores severos y problemas de visión, entre otros, poniendo en grave riesgo su vida". Por ello, se solicita a la Diputación Provincial de Zamora que reemplace de inmediato a la familia de Azucena el reemplazo de las farolas.
