Entrevistas

Pedro Bravo, periodista especializado en vida urbana: "Se está imposibilitando la vida en la ciudad, nos expulsa"

Pedro Bravo, periodista.. Editorial Debate
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San Sebastián, Madrid, Barcelona, Málaga y Palma se encuentran en "estado crítico" para acceder a una vivienda, según un informe de Tecnocasa y la Pompeu Fabra. ¿Por qué cada vez cuesta más vivir en nuestras ciudades? ¿Cuándo dejaron estas de pertenecernos para convertirse en lugares que no son desconocidos y extraños? Seguramente todos, más de una vez en los últimos tiempos, nos hemos sentido extraños en nuestras propias ciudades. Todos hemos tenido la sensación de que lo que antes comprendíamos porque, de alguna manera, nos incluía, ahora está pensado de otra forma y con otros intereses, la mayor parte económicos. Alquileres inalcanzables, barrios pensados para turistas, nuevos hoteles que aparecen por todas partes, grandes comercios que no dejan espacio para otros más pequeños y específicos... Es verdad que las ciudades nunca han sido perfectas, pero han evolucionado como espacios y comunidades que han fomentado el encuentro entre distintos. Lugares en los que crear vínculos, hacer cosas juntos y poder desarrollar una vida de lo individual a lo común. ¿Sigue siendo así? Desde hace décadas, pero especialmente en los últimos años, las ciudades —tanto las grandes que se consideran globales como las medianas y las intermedias que luchan por no quedarse atrás en la competición por atraer visitantes e inversores— han ido dejando de ser lo que se supone que eran para convertirse en otra cosa.

Sobre ello reflexiona en su nuevo libro 'Antes todo esto era ciudad' (Debate, 2026), el periodista Pedro Bravo. Tras abordar la ciudad desde la movilidad en 'Biciosos' (Debate, 2014) y anticipar muchos de los debates actuales sobre el turismo masivo en 'Exceso de equipaje' (Debate, 2018), e incluso tocar de nuevo lo urbano en '¡Silencio!' (Endebate, 2024) —del ruido a la urgencia impuesta por el modelo económico—, Bravo reúne ahora esas líneas de trabajo en un ensayo que pone nombre a una sensación cada vez más extendida: la de sentirnos extraños en nuestra propia ciudad y preguntarnos qué ha cambiado y qué podemos hacer para transformarla. Charlamos sobre este ensayo y sobre cómo ve el presente y el futuro en nuestras grandes ciudades españolas.

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Pregunta: Llevas ya mucho tiempo escribiendo sobre ciudades y sobre las problemáticas que hay en ellas, además con conocimiento de causa porque vives en Madrid.

Respuesta: Así es. Nacido, crecido y vivido en Madrid, de momento, hasta que los caseros consigan echarme del todo.

P: Sin embargo, en tu libro 'Antes todo eso era una ciudad' (Debate, 2026) hablas del desamor -en la primera parte- que sientes hacia tu propia ciudad, que podría ser perfectamente la carta de desamor de cualquiera que viva ahora mismo en una ciudad.

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R: Sí, yo parto de una sensación que es individual, pero que creo que nos alude a muchos, que es esta sensación de sentirte extraño en un lugar que antes reconocías y te reconocía como propio, que es la ciudad, la tuya, donde tú vives o donde tú desarrollas parte de tu vida, trabajes o no, pero también cuando vas de visita a otras a las que les tienes estima. Y es una sensación que se parece mucho, y por eso hablo de la palabra desamor, a esa sensación de desamor cuando tú estás en una relación que, de repente, te das cuenta de que algo no está funcionando porque antes era acogedor, cercano, amable, pero ahora se ha convertido en algo incómodo... Y ese es el origen del principio del libro; a partir de ahí, analizo las dinámicas económicas, sociales, culturales y tecnológicas que nos han llevado a eso, porque es una sensación que, como decía, puede ser individual o colectiva, pero que está provocada por unas causas.

P: ¿Cuáles son esas causas? 

R: Seguramente me deje algunas, pero una de las principales es que desde los últimos años las ciudades se han gobernado y administrado más como empresas que venden productos a través de estrategias de marca ciudad o de generación de atracción para que vengan visitantes e inversores. Eso ha generado distintos problemas como el problema de la vivienda, que se ha convertido en un refugio para grandes inversores internacionales, que encuentran en ella rentabilidades que no encuentran en otros activos, y que eso impide a mucha gente tener la posibilidad de desarrollar una vida plena en las ciudades. Otra de las consecuencias es cómo la tecnología cambia, por un lado, el paisaje y las costumbres urbanas, y al mismo tiempo cambia nuestra relación con los demás, es decir, nuestro encuentro con otras personas. También hablo del tema del envejecimiento de la población y las soledades urbanas que tienen que ver también con factores económicos y culturales, de cambio de costumbres, pero también con la imposibilidad de tener una casa o pagar un montón de dinero por una casa y que, por tanto, sea muy difícil plantearte la posibilidad de tener hijos en plural o incluso en singular.

P: ¿En qué se han convertido las ciudades?

R: Lo que digo en el libro es que lo que antes era una ciudad ahora se ha convertido en otra cosa que nos resulta extraña, nos expulsa y de alguna manera se comporta de forma hostil, también incluso en el paisaje. Todas las ciudades se parecen cada vez más unas a otras y eso para mí es un problema no solo de identidad, sino de diversidad y de posibilidades de desarrollo vital. Si las ciudades son cada vez más iguales es porque cada vez hay más uniformidad, también en la propiedad de los negocios, que cada vez son grandes operadores que se lo ponen más difícil a los pequeños. Entonces todas esas complejidades conforman un panorama que nos hace sentir que lo que antes era un lugar en el que podíamos desarrollar una vida plena, ahora es un lugar que nos expulsa.

P: Supongo que te refieres más al centro de las ciudades, ¿no?

R: Es verdad que es más evidente en los cascos históricos, donde la capa de turistificación y gentrificación empieza, pero piensa que la economía y los sociales se comportan como una piedra que tiras al agua y genera ondas. Es decir, ese panorama se está extendiendo, ampliando el diámetro porque al final la expulsión de la gente del centro lleva a gente fuera, que expulsa a gente de fuera, que se va más fuera, etc.

P: Como, por ejemplo, en ciudades como Barcelona...

R: Barcelona empezó estando infectada en el centro, pero ahora hay muchos barrios que ya no son el barrio que eran porque están dedicados a otra cosa. Entonces yo creo que corremos el peligro de pensar que esto ocurre en los centros porque hasta durante un tiempo de desarrollo de estas dinámicas era así, pero luego se va extendiendo porque esos poderes económicos que están acaparando las posibilidades de la ciudad no tienden a ser conformistas, quieren más. 

P: Y aún así queremos seguir viviendo en las ciudades. ¿Qué es lo que crees que atrapa de ellas? ¿Por qué mucha gente se queda? Y supongo que es más la gente joven, porque -desde luego- que las familias con niños o la gente mayor cada vez lo tiene más complicado para vivir en ellas...

R: Las ciudades son una evolución social del ser humano de hace miles de años, compleja como todas las evoluciones sociales, en la que el ser humano pasa de vivir en aldeas a juntarse en comunidades más amplias, en la que el valor precisamente era el encuentro entre distintas personas de distintas procedencias. En las aldeas, la mayor parte eran familiares y en las ciudades te encuentras con desconocidos y se abren las posibilidades de hacer cosas económicas, creativas, sociales, de ocio, infinitamente. Ese es el valor de la ciudad, la posibilidad del encuentro entre distintos es cada vez más difícil, porque estas dinámicas de las que te he hablado lo que provocan es una desigualdad tremenda en la que el privilegiado, el que tiene dinero para mantener ese nivel de vida que exigen ahora las ciudades, puede hacer una serie de cosas y los demás estamos con la lengua afuera tratando de sobrevivir en esas exigencias. Entonces sí, sigue habiendo un afán por encontrar un futuro en las ciudades, pero cada vez, y esto no lo digo yo, lo dice todo el mundo, el futuro se ve más negro. La mayor parte de la gente del mundo vive en ciudades, eso va a ir a más, pero hay que procurar cambiar las ciudades para que esa intención de encontrarte con distintos y poder desarrollar una vida plena sea posible. 

"No se trata de huir al campo, sino de ver de qué manera las administraciones podrían potenciar que haya descentralización en las grandes ciudades"

P: ¿La alternativa en nuestro caso es volver a la España vaciada, a los pueblos, o cambiar el modelo?

R: Hombre, hay muchas alternativas. En el libro propongo vías de pensamiento y acción. Yo hablo en algún momento de la descentralización, es decir, de no potenciar que las grandes ciudades se lo queden todo, en el caso de España serían Madrid y Barcelona, sobre todo, en el caso de Francia es París, en el caso de Reino Unido es Londres, que son los grandes motores económicos, pero eso genera muchos problemas. Primero, problemas de gestión de la propia ciudad, de su movilidad, de la gestión administrativa, de la limpieza, de los servicios públicos... Genera muchas desigualdades dentro de la propia ciudad porque tal y como están planteados otros modelos, como te decía, hay mucha gente que tiene muchas dificultades para acceder a una vida digna, pero también genera muchas desigualdades territoriales. Es decir, esas ciudades están quitando posibilidades a otras ciudades más pequeñas, intermedias, medianas, que podrían avanzar si estuviese más repartidas tanto las posibilidades económicas como otras posibilidades. Y con la conectividad que hay hoy en día, tanto en digital como en transportes, eso sería posible.

No se trata de huir al campo, sino de ver de qué manera las administraciones podrían potenciar que haya descentralización, en el sentido de que haya posibilidades de vivir en distintos tipos de ciudades y de llevar vidas plenas, divertidas y satisfactorias. 

P: Porque para ti, ¿qué es vivir bien en una ciudad? ¿Qué sería vivir bien? 

R: Vivir bien en una ciudad es poder tener un desarrollo económico. Es decir, lo que normalmente hasta ahora las ciudades han dado es la posibilidad de ir a más. Es decir, no una cosa de hacerte rico, pero evolucionar, digamos. Tener tiempo para hacer cosas que no sean de trabajo. Y para eso necesitas no tener que trabajar todo el rato para pagar tu vivienda, por ejemplo, o para pagar una cena. Tener espacios de intercambio con otras personas, espacios físicos, no solo digitales, lugares de encuentro, deportivos, culturales, creativos... Tener la posibilidad de crear, si quieres, una familia, y tener el equilibrio entre la tranquilidad y la iniciativa. Es definitiva, tener una vida satisfactoria que sea armónica y que no solo te obligue a correr

P: ¿Crees que esto en gran parte se ha debido al desarrollo de un turismo masivo? 

R: Sí, aunque es un asunto complejo porque el turismo viene de hace muchos años. Lo que es más o menos relativamente reciente es el boom de turismo en las ciudades. Hay una tendencia turística que es lo que llaman en inglés los city breaks, ir a una ciudad un fin de semana. Muchas ciudades se han apuntado a esto pensando que traería un desarrollo económico y lo que ocurre es que se está excluyendo con ellas cada vez más a los residentes. Hay que medir el equilibrio entre eso y la posibilidad de tener una vida. No se trata de ser excluyente con los que visitan, se trata de ver de qué manera es posible el equilibrio entre una cosa y la otra. Y ahora mismo da la sensación de que hay un desequilibrio muy grande.

P: ¿Se puede revertir esa tendencia o se nos ha ido de las manos?

R: Es muy difícil una vez has hecho esa estrategia y ya eres atractivo. Con el pequeño poder de un ayuntamiento es muy complicado, porque hay otros poderes, tanto políticos como económicos, que están involucrados en ese tema. Y esto le pasa a Barcelona, pero le pasa también a otras ciudades como Ámsterdam, que hizo una estrategia de marca ciudad hace muchos años, muy exitosa, en 2004. Pero, desde hace un par de años, está intentando recular, aunque sigue teniendo un montón de visitantes y siguen surgiendo un montón de problemas con ese modelo, porque eso no se puede parar fácilmente. Tú no puedes decirle a la gente que no venga en una sociedad democrática.

La ciudad se ha convertido en un parque temático, que es una forma de definirlo muy frecuente y que yo creo que responde a la realidad, y en un producto para que lo disfruten otros, y no en un espacio o una comunidad para que estemos juntos haciendo cosas. En el caso de Barcelona, menciono un caso muy anecdótico de cómo las tiendas de souvenirs venden sombreros mexicanos, sevillanas o penes con lemas que los podrían vender en cualquier otro lugar. Al final lo que se convierte es en un modelo de consumo o hiperconsumo de experiencias turísticas que cada vez son más similares y cada vez son, y esto lo dicen las encuestas de muchas ciudades, más insatisfactorias tanto para el visitante como para el residente.

P: Hace algunos años empezamos a ver una tendencia de convertir las ciudades en lugares más verdes y pensados para lo que viene en el futuro, como el aumento de las temperaturas. ¿Sigue existiendo esa tendencia o se está frenando?

R: Desde luego, hay una tendencia que tiene que ver con la renaturalización de las ciudades y la adaptación al cambio climático que en territorios como España es súper necesario, porque ya estamos viviendo veranos con olas de calor. En este sentido, muchas ciudades son lugares inhabitables por el calor en el que solo se puede sobrevivir con el aire acondicionado que además genera más calor. Si hay una tendencia de proyectos de renaturalización de sombreado, de mejora además de las infraestructuras para casos cada vez más frecuentes de inundaciones, de tormentas, etc. Y detrás hay muchos fondos europeos implicados. Quiero ser positivo.

"Los veranos de antes eran de ilusión, de diversión, de ocio...y ahora los tenemos como un momento de claustrofobia en muchos casos, porque tienes que pasarte dos meses encerrado en la oficina o en casa con el aire acondicionado"

P: Es un gran reto para muchas ciudades.

R: Sí, de hecho, uno de los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad es este uno de los grandes retos a los que se enfrentan las ciudades es este, pero hace falta más ambición y más valentía en esas políticas para que podamos habitar en las ciudades. Madrid, por ejemplo, es un lugar muy seco que tiene un calor muy particular en verano y muy difícil de gestionar porque nos tiramos 3 o 4 meses a 40º. En el sur, imagínate, 40 o más. ¿Qué hace falta? Pues más valentía, porque lo que estamos viendo es que nos cuestan mucho los veranos. Los veranos de antes eran de ilusión, de diversión, de ocio...y ahora los tenemos como un momento de claustrofobia en muchos casos, porque tienes que pasarte dos meses encerrado en la oficina o en casa con el aire acondicionado o el ventilador y hacer la "escapadita" que el dinero te permite a la playa, donde tampoco se puede estar muy a gusto porque hace mucho calor también.

P: El 'Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido' se celebra cada 29 de abril y, precisamente, habla también de otra de las problemáticas en las ciudades: la contaminación acústica y el ruido. ¿Puede ser una ciudad silenciosa?

R: En mi libro anterior 'Silencio' hablo mucho sobre este fenómeno y la inquietud que nos genera. En las ciudades la principal y más constante fuente de ruido son los coches, y es un ruido que no percibimos porque es tan constante que es como un runrún con el que convivimos, pero es un ruido que los datos científicos demuestran que nos afecta seriamente a la salud, porque de alguna manera pone en alerta a nuestros sentidos. El cambio en el ruido tiene que ver con el cambio en la movilidad también. Hace poco estuve en Barcelona y me di un paseo largo por el eje de Consell de Cent y aparte de la posibilidad de pasear por una calle sin tráfico, era muy chocante (en el buen sentido) como bajaba muchísimo el nivel de ruido. Y mira que Barcelona es una ciudad muy muy ruidosa, porque su configuración urbanística en esa red ortogonal de calles hace que los coches vayan rápido, pero de repente eso era un oasis. Hay ciudades como Pontevedra, por ejemplo, que son prácticamente todas peatonales, y en otras ciudades, como París, también se está trabajando mucho en mejorar la movilidad.

P: ¿Realmente alguna vez la ciudad fue un buen lugar para vivir? En la época de la industrialización de las capitales europeas era un horror vivir en ellas, tampoco me parece que fueran mejores las condiciones de vida de las ciudades en la Edad Media...

R: Cuando hablo de recuperar la ciudad intento aclarar que no es un asunto nostálgico, en el sentido de que antes todo era fantástico, no, no es verdad, la evolución de las ciudades ha sido muy compleja durante muchos siglos. Han sido lugares con una vida muy dura, con muchísima desigualdad, muchísima contaminación e insalubridad, donde las enfermedades y las plagas asolaban a la población, y las condiciones laborales eran terribles (también para los niños). No se trata de idealizar el pasado, pero sí ha habido momentos y, sobre todo, después de la Segunda Guerra Mundial cuando hay un acuerdo mundial social en el que se desarrollan firmemente los servicios públicos, las intervenciones de las administraciones para que vivamos mejor y poner límites a algunos poderes económicos. En ese momento histórico hubo un gran progreso social y económico; las familias pudieron ir a más y hubo evolución social.