Ávila, 160 kilómetros de fuego en el peor incendio de la historia de España: "Se ha quemado todo"

La localidad abulense de Las Navas del Marqués, con alrededor de 5.700 vecinos, también ha sido confinada y con ello ya son cuatro en la provincia de Ávila.
Última hora de los incendios forestales en España: confinan Santa María de la Alameda, Madrid, y Las Navas del Marqués, Ávila
Recorrer el perímetro del incendio de Ávila es atravesar 160 kilómetros de destrucción, silencio y humo. Una sucesión de montes ennegrecidos, pueblos cercados y pequeñas islas verdes que sobrevivieron no porque el fuego las perdonara, sino porque avanzó con tanta virulencia que terminó saltando por encima de ellas. Hoy se ha avanzado para poder acaber con él, pero se resiste. Y una nueva ola de calor llega.
Lo que antes era verde, hoy es negro. Los pinares, los pastos y las laderas han quedado cubiertos por una misma piel de ceniza, al igual que las grandes rocas graníticas, tan características de este rincón de Ávila, que lucen ahora tiznadas por el humo y el calor.
En los pueblos se respira un ambiente casi pandémico. Los vecinos han desempolvado las mascarillas, caminan con la mirada baja e intentan seguir con su día a día sin perder de vista el monte humeante que surge a su alrededor.
El humo permanece atrapado en los valles y se cuela por las calles, las viviendas y los negocios. A veces impide ver las montañas; otras, deja entrever el dibujo negro que las llamas han trazado sobre ellas.
Pero no todos se marcharon, en algunas localidades surgieron pequeños focos de resistencia vecinal: hombres y mujeres que se negaron a ser evacuados y combatieron directamente el fuego que amenazaba sus casas con mangueras, cubos, tractores y todo aquello que encontraron a mano. La mayoría lo consiguió.
Ahora muestran los muros chamuscados, los jardines secos y las lindes donde lograron detener las llamas. Hablan sin épica, todavía cansados, y con la certeza de que estuvieron a pocos metros de perderlo todo.
El ganado también ha quedado cercado por el negro: las tan preciadas reses abulenses permanecen en fincas rodeadas de terreno calcinado, con los pastos consumidos y sus propietarios buscando agua, alimento y caminos seguros para llegar hasta ellos.
Los vecinos lamentan que la ayuda para frenar las llamas fuera escasa o llegara tarde a algunos puntos. Sin embargo, destacan la humanidad encontrada después: voluntarios, efectivos de emergencia, vecinos de otros municipios y personas anónimas que han llevado comida, agua, ropa o simplemente compañía.
Las llamas han arrasado hogares y negocios enteros, y hay gente que lo ha perdido absolutamente todo. 40.000 personas han sido evacuadas y el escenario en el Valle de Hiruelas es devastador. El impacto desde el aire se mide en hectáreas: nada menos que 50.000. A ras de suelo, esa cifra se traduce en viviendas calcinadas. "Es una impotencia enorme, enorme", dicen los vecinos.
En negocios arrasados, "se nos han quemado los dos campings enteros, no podemos hacer nada, no queremos dinero, solo que nos levanten el camping", pide Mari Ángeles, que solo desea intentar recomponer su vida, informan A. Lantada y L. Solvez.
Otros lloran a ver lo que queda a su alrededor porque saben que ese verde que les acompañaba no volverá, al menos en el tiempo que ellos sigan vivos. "Es que son 40 años, de verlo tan bonito todo a verlo así".
Laderas calcinadas y kilómetros de monte consumido por las llamas. Iba ardiendo el incendio y centenares de metros por encima se iba propagando el fuego", dicen atónitos los testigos de la tragedia.
Ahora los vecinos recorren un paisaje que apenas conocen y que tardará años en volver a ser el que era. "No hay manera de salvarlo, llevamos toda la vida aquí y se ha quemado todo".
El horror de Casavieja
Casavieja se ha convertido ya en lo que va de incendio, que aún no está controlado tras arrasar más de 50.000 hectáreas, en la imagen de la devastación de las llamas.
El municipio quedó rodeado por el fuego en prácticamente todos sus costados, y los vecinos que se negaron a ser evacuados cuentan a EFE cómo no se arrepienten de ello, pues juntos consiguieron que las llamas no arrasaran muchas de las casas o fincas.
El casco urbano del pueblo permanece en pie como un oasis en medio de un desierto negro. A su alrededor, algunas viviendas y negocios y la mayoría de los terrenos circundantes han sufrido daños. El paisaje continúa allí, pero ya no es el mismo.
Y ahora comienza el miedo a lo que viene después. Los vecinos se preguntan qué ocurrirá con el turismo, con los alojamientos rurales, con los bares, con las explotaciones ganaderas y con una economía que depende, en buena medida, del monte que acaba de arder. Temen que, cuando desaparezca el humo y se retiren los equipos de emergencia, también desaparezca la atención; por eso repiten una petición por encima de todas: que no se olviden de ellos.
Y mientras siguen los confinamientos. La localidad abulense de Las Navas del Marqués, con alrededor de 5.700 vecinos, también ha sido confinada y con ello ya son cuatro en la provincia de Ávila.
El fuego ha dejado 160 kilómetros de heridas abiertas. Detrás de cada ladera negra hay una casa salvada por centímetros, un negocio pendiente de volver a abrir y pueblos que intentan imaginar su futuro sobre un paisaje cubierto de ceniza.