El emotivo adiós a Carolina Viñe y Marta Padreny, dos azafatas de Iberia, tras 40 años de servicio

Treinta y tres horas duró el primer vuelo transatlántico de Iberia entre Madrid y Buenos Aires en el que ya iban cinco Tripulantes de Cabina o azafatas
Una azafata de avión revela lo que dan a los pasajeros en caso de que lo pidan: "Lo tratamos de esconder"
Tras cuatro décadas de servicio a bordo, Carolina Viñe y Marta Pedreny se despiden de Iberia dejando el testigo a una nueva generación de tripulantes de cabina. Su marcha pone el broche final a una trayectoria profesional que comenzó en 1985 y 1986, respectivamente, y que les ha permitido ser testigos de algunos de los cambios más profundos en la historia de la compañía.

Las primeras azafatas se negaron a ser llamadas "provisoras"
Su despedida es también una oportunidad para mirar atrás y recorrer la evolución de una profesión que ha acompañado el desarrollo de la aviación comercial en España desde mediados del siglo XX.
Para ello hay que remontarse a 1946, cuando Iberia inauguró la ruta entre Madrid y Buenos Aires. Un viaje muy diferente a los actuales. Según explica Francisco Rueda, sobrecargo y director de TCP (Tripulantes de Cabina de Pasajeros) de la compañía, aquel trayecto requería “33 horas de viaje”. En ese vuelo comenzaron a trabajar las primeras azafatas de Iberia, cinco mujeres pioneras para las que el principal requisito era el dominio de idiomas. “De hecho, había alguien hasta con título nobiliario”, recuerda.
Inicialmente iba a utilizarse la denominación de "provisoras" para definir su trabajo, una propuesta que ellas rechazaron de plano. Apenas un año después se incorporó el primer hombre a la profesión, Fernando Castillo, aunque ya con la denominación de auxiliar de vuelo. Aquellos primeros años también trajeron novedades para los pasajeros, como el servicio de comida caliente a bordo. El proceso de selección, según Rueda, tenía un origen singular: “El reclutamiento es básicamente el Hotel Ritz, el Hotel Alfonso XIII de Sevilla”.
La década de los sesenta consolidó la imagen más elegante y glamurosa de la aviación comercial. Los uniformes, diseñados por algunos de los modistos más reconocidos de la época, se convirtieron en un símbolo de la compañía. También la experiencia gastronómica adquirió una relevancia especial. Algunas cartas incluían reproducciones de obras del Museo del Prado junto a menús especialmente elaborados. “Había toda una serie de instrucciones de cómo servir el caviar, el hielo, el vodka”, señala Rueda.
Cuando Carolina Viñe y Marta Pedreny se incorporaron a Iberia en los años ochenta, la profesión ya había evolucionado hacia la figura actual de los tripulantes de cabina. Aun así, muchas cosas eran distintas. “Cuando yo entré se podía fumar en los aviones, incluso nosotras fumábamos en el avión”, recuerda Viñe.
