Hermanos Pires Orrit, 21 años desaparecidos
Los hermanos Pires Orrit desaparecieron de una habitación del hospital de Manresa la noche del 5 de septiembre de 1988. Unas mudas de ropa y unas gafas son el único rastro que dejaron. Dos días antes, el pequeño Isidro, de 5 años, había ingresado en el centro y esa noche su hermana, Dolores, de 17 años se había quedado para cuidar de él. La última persona que les vio fue un tío que acompañó a la joven al hospital. Después de eso, silencio. Hace 21 años que la madre, María Orrit, no sabe nada de sus hijos aunque está convencida que "se los llevó alguien cercano".
Como si se los hubiese tragado la tierra
A sus 17 años, Dolors era la mayor de 14 hermanos. Cuando desapareció con Isidro, hacía 2 meses que había fallecido su padre. La madre, María, intentaba salir adelante sin ayuda familiar y con su numerosa prole.
Vivían en un humilde piso en las afueras de Manresa. Allí fue a buscarla la policía la mañana de la desaparición. "Me preguntaron si estaba en casa el niño al que había que operar. Voy al hospital y no están. Ni el médico ni las enfermeras sabían nada".
La policía empezó la búsqueda. Rastrearon todo el recinto del hospital y las calles colindantes. Interrogaron a los médicos y enfermeras, pero ninguno de ellos los había visto salir. Para los investigadores era extraño que la joven de 17 años se hubiera marchado por iniciativa propia dejándose las gafas, sin las cuales prácticamente no veía y llevándose con ella a un niño de 5 años. Por la disposición de la habitación parecía como si se hubieran marchado precipitadamente.
Durante años la guardia civil, la policía nacional y la policía local se volcaron en la búsqueda de los dos hermanos. Se especuló con la posibilidad de que Dolors hubiera planificado una fuga con su novio, aunque enseguida se descartó. Según el fiscal Martínez Madero que instruyó el caso "también se pensó que pudiera tratarse de un caso de tráfico de órganos". Se barajó la posibilidad del secuestro y se interrogó el entorno de los niños. A medida que se conocía la historia familiar, la hipótesis que iba cobrando más fuerza era que algunos parientes se los hubieran llevado para ofrecerles una vida mejor, unas condiciones más favorables que las que tenían en el seno de una familia numerosa, sin recursos y sin padre. En su entorno había gente adinerada y algunos indicios conducen a los investigadores hasta Portugal. En el país vecino se vuelve a perder el rastro y el caso se archiva.
"Tiempo que pasa, verdad que huye"
El caso continuó archivado hasta que en 1992, David Martínez Madero llega como fiscal a Manresa, lo reabre y encarga la investigación a la Guardia Civil. Lo primero que encuentra extraño en el caso es que el niño "ingrese en el hospital por unas llagas en la boca". Se volvieron a investigar horarios y turnos del hospital, pero en el año 88 no había control de entradas y salidas ni tampoco cámaras de seguridad que pudieran captar a los desaparecidos. De nuevo la investigación lleva al entorno familiar: "vimos que era una familia posiblemente desestructurada". Tampoco en esta ocasión se dio con su paradero y se volvió a archivar. Para Martínez Madero, actualmente fiscal de la oficina antifraude de Cataluña "es uno de los dos casos que más me han marcado en mi vida profesional".
Una madre viuda y sin recursos
Tres años después de la desaparición, María Orrit, desesperada, se puso en contacto con el detective privado Josep María Oliver que se ofrece a llevar el caso gratuitamente. El investigador realizó una "autopsia psicológica", una técnica que se creó en Estados Unidos y que consiste en reconstruir el escenario de los hechos.