Cómo las mujeres de la Policía lograron sentar en el banquillo al mayor violador de España
En 2016 y 2017 violó a dos mujeres y lo intentó con otras dos en el entorno del hospital de la Paz
Las agentes tuvieron que investigar 75.000 vehículos del mismo modelo y color
Pedro Gallego Fernández ha sido condenado a 25 años de cárcel, más 10 de libertad vigilada, y la prohibición de entrar en Madrid durante 35 años
MadridLara (nombre ficticio) tenía 17 años el 16 de diciembre de 2016. Estuvo estudiando en la biblioteca hasta las once y media de la noche. Luego se puso el abrigo y salió a la calle. Un hombre la abordó repentinamente y la intimidó con una pistola. Llevaba la cabeza cubierta con gorra y pasamontañas y, extrañamente, usaba gafas de sol. Ella le ofreció aterrada su cartera y su teléfono móvil. Pero no era eso lo que él deseaba. Quería que se montase en un coche y ella se resistió. El atacante la arrastró hacia el interior del turismo, al tiempo que decía que iba a llevarla "a un lugar cerrado y seguro". Afortunadamente otros viandantes fueron testigos y ayudaron a la víctima. El hombre se dio a la fuga.
Lara acudió a una comisaría del Cuerpo Nacional de Policía para interponer una denuncia. Un encapuchado armado había intentado raptarla. Las investigadoras de la UFAM (Unidad de Atención a la Mujer, compuesta sobre todo por mujeres del Cuerpo Nacional de Policía) abrieron una investigación para localizar al agresor.
La historia se repite
Dos meses después la historia se repetía. La medianoche del 19 de febrero de 2017 Carla (nombre también ficticio) era asaltada por un hombre armado con una pistola. Según relató ella a la policía "le tapó los ojos, le ató las manos por la espalda con unas bridas y la obligó a tumbarse en el suelo de los asientos traseros del coche". Pasó más de una hora hasta que llegaron a su destino.
Carla no sabía dónde estaba. Pensaba que en la sierra de Madrid, aunque en realidad era Segovia. Con los ojos vendados bajó del turismo y pudo intuir que ella y su agresor se encontraban en el interior de un garaje comunitario. Subieron dos tramos de escaleras y llegaron al primer piso. El captor abrió una puerta y entraron en un domicilio. Maniatada, sin poder ver, Carla fue violada en cinco ocasiones durante esa madrugada. Al día siguiente, el agresor la obligó a lavarse para no dejar vestigios, a vestirse y a montar de nuevo en el coche para llevarla a Madrid.
Le tapó los ojos, le ató las manos por la espalda con unas bridas y la obligó a tumbarse en el suelo de los asientos traseros del coche
El violador paró el coche en una calle. Pidió a Carla que abriese la puerta trasera y se fuera. Después dio marcha atrás con su vehículo y se marchó en sentido contrario. Una cámara de seguridad captó esta secuencia, pero él no se dio cuenta.
Carla estaba aturdida, con algunas lesiones. El violador le había arrebatado su teléfono móvil. También sus auriculares y cincuenta euros que llevaba en el bolso. Acudió a la Policía y de ahí al hospital de La Paz, muy cerca del lugar donde su agresor la abordó. Tomaron muestras y activaron el protocolo para agresiones sexuales. Agentes de científica también recogieron la ropa que llevaba puesta para analizarla. La joven sufrió hematomas en la columna, en la rodilla, escoriaciones en las muñecas, en las inglés, en los genitales y un eritema orbicular, además de estrés postraumático.
El origen de 'el violador de La Paz'
La Policía intentaba buscar la relación entre estos dos casos: un encapuchado armado que actuaba en la zona norte de Madrid, introducía a sus víctimas en un coche y las trasladaba a una vivienda para agredirlas sexualmente. Comenzaron a llamarle 'el violador de La Paz'.