Estafa a la solidaridad: Los padres de Nadia, Paco Sanz y otros que vivieron a costa del engaño

telecinco.es 02/10/2018 13:52

Estos son los casos más sonados, pero hay muchos más en España y en el mundo que amplificados por las redes sociales se dedican profesionalmente, en cuerpo y alma, al oficio de engañar. Primero las fotos y vídeos que den pena, y que les permita atentar contra el buen corazón de millones de personas.

Los padres de Nadia eran expertos en el timo de la solidaridad: No tuvieron escrúpulos en usar a su hija pequeña y orquestar una presunta estafa que les permitió durante años una vida de comodidades sin trabajar.

Fernando Blanco, ahora acusado de estafa, llevó con la complicidad de su mujer, su técnica de engañar a altos niveles de perfección. Cuando la historia de su hija Nadia comenzó a debilitarse con el tiempo se inventó que él mismo sufría de cáncer. Para exprimir la buena fe del prójimo y hacer más verídico su 'cuento' se afeitaba el pelo y las cejas divulgando en redes su imagen deteriorada por el efecto de la radioterapia y contando con pesadumbre que dejaría huérfana a la niña enferma.

Paco Sanz, otro profesional de la estafa

Eso hizo Paco Sanz, cabeza rapada y mucha cara para engañar. Sus falsos 2.000 tumores y una estrategia a base de mentiras le funcionó: Primero se acercó a un conocido Youtuber y de ahí se vino arriba contactando con personalidades de la cultura que lo creyeron.

El actor Santi Rodríguez lo ayudó a organizar una gala en Valencia para recoger fondos, Pedro García Aguado, Risto Mejide, Jorge Javier Vázquez, cayeron en sus mentiras. Con una potente maquinaria en la redes formada por diferentes perfiles, todos controlados por Sanz, se sirvió para abofetear la buena fe de la gente.

Fingiendo estar al borde de la muerte a causa del Síndrome de Cowden, Paco Sanz estafó durante más de ocho años alrededor de 200.000 euros, que supuestamente necesitaba para viajar a Estados Unidos y salvar su vida con un costoso tratamiento.

No son los únicos casos, pero sí los más conocidos. También está la historia de Frank Serpa Jaramillo, un venezolano residente en Madrid, que engañó a miles de sus compatriotas para curarse un cáncer que no tenía. Sus imágenes conmovedoras lo ayudaron hasta que fue descubierto al ingresar en el hospital Ramón y Cajal por una neumonía.

Aunque lo creamos no se trata de un delito endémico, ni nuestra legislación lo favorece. En redes abundan los casos de falsos enfermos que cazan almas caritativas. Gente que se aprovecha de la buena voluntad para pagarse viajes y darse placeres. Gente sin escrúpulos como el de la australiana Hanna Dickinson que fingió sufrir cáncer para pedir ayuda que en realidad servía a financiar sus juergas o el de una madre estadounidense que usaba a su hija de cinco años para estafar.

La estafa, un delito que "tiene relación con la idiosincrasia de nuestro país"

El abogado penalista, Luis Chabaneix, del bufete del mismo nombre, no cree que nuestra legislación sea particularmente laxa con los casos de estafa, aunque "la mayoría de estos la gente no va a prisión preventiva y solo ocurre cuando se usan a menores o en estafas muy masivas".

"En este caso, al ser mediática se ha puesto a la luz él mismo, todo el mundo lo sabe, pero hay miles de estafas en los juzgados españoles. En su opinión personal, este delito tiene más relación con "la idiosincrasia de nuestro país ".

En el caso de los padres de Nadia, Chabaneix considera que la estafa es agravada por el uso de la enfermedad y de la niña que ha desfilado por todos los medios engañando a la gente." De hecho explica que "es frecuente que haya penas de cárcel para estafadores, pero depende del nivel de perjudicados y de la cuantía." Pueden librarse con multas y evitar la prisión "si pagan la responsabilidad civil".

¿Es fácil estafar en España, crear una organización y dedicarse a recoger dinero?

Este abogado penalista considera que "entre lo que se crea una asociación y lo que se descubre que es falso pasa un tiempo. Estas estafas que se hacen en plató tienen una apariencia de realidad. No hay una sospecha directa. Es decir, no se investiga a una persona 'per se'. Tiene que haber una denuncia de un donante, porque a la gente no se le investiga de oficio. Hay que tener indicios de que se está perpetuando un delito", subraya Chabaneix.