Los grandes inversores de energías renovables ponen en jaque a la Toscana valenciana

Hace tres meses, un grupo de grandes inversores vio en este pequeño paraíso valenciano un buen lugar para instalar macroplantas fotovoltaicas
"Se está exprimiendo el concepto de energía renovable para hacer grandes instalaciones fotovoltaicas que no benefician al medio ambiente", explica Jorge Olcina, experto climático y catedrático de la Universidad de Alicante
Los viticultores, a favor de las energías renovables, piden prudencia a la hora de iniciar estos proyectos
ValenciaLa energía renovable es el futuro. El cambio climático acecha y la solución pasa por aprovechar los recursos solares. Grandes grupos inversores buscan zonas en nuestro país para instalar macroplantas fotovoltaicas. Estos proyectos, a priori, podrían solucionar el problema. Pero si las instalaciones se llevan a cabo en zonas paisajísticas, el remedio puede ser peor que la enfermedad.
Terres dels Alforins, una zona situada en el interior de la provincia de Valencia, es una de las víctimas de estos gigantes financieros. Se trata de un territorio formado por las poblaciones de la Font de la Figuera, Fontanars dels Alforins y Moixent.
Varios grupos inversores entraron hace tres meses en estas tierras conocidas por su buen vino y las grandes instantáneas que dejan sus cultivos de viñedos, olivos y cereales. Un paraje que recuerda a los campos italianos y que se ha ganado el nombre de Toscana valenciana. Durante los últimos treinta años sus viticultores y propietarios han luchado para poner esta zona en el mapa vinícola y turístico nacional e, incluso, internacional.
Ramón Mora, uno de los coordinadores del movimiento para frenar la entrada de los inversores, vive en un cortijo en Moixent. A su alrededor, tan solo hay campos de olivos y cereales. Ni rastro del barullo de la ciudad ni de torres de luz. Por ello, Ramón tiene unas pocas placas solares para tener electricidad en su casa.
A él, uno de los grupos inversores le ofreció hace unas semanas 1.500 euros al año por cada hectárea durante treinta y cinco años. Posee 50 hectáreas. En total, más de dos millones de euros. Ramón, al igual que casi todos sus vecinos, rechazó la propuesta. "Aunque es una oferta con la que me podría jubilar, creo que es una acción que no se debe realizar en este territorio", explica.

Uno de los vecinos de Ramón ha aceptado la propuesta del inversor. "Es muy difícil decir que no porque en su caso se trata de un agricultor de cereales, un sector donde se paga muy poco", argumenta. La situación precaria en el campo tampoco ayuda y provoca que los trabajadores agrícolas, por mucho que les duela, acepten una oferta que probablemente les asegure el futuro.
