'Patrullas ciudadanas' a la caza de menores inmigrantes en Madrid

  • Dos menores marroquíes fueron agredidos el 29 de septiembre en una parada de autobús de Madrid

  • Los autores llevaban caretas y remos en las manos y podrían ser jóvenes de extrema derecha

Dos adolescentes marroquíes están sentados en una parada de autobús cuando aparecen dos enmascarados. Uno por cada lado de la marquesina. Llevan caretas para cubrir sus rostros y unos remos de plástico en las manos. Una quinta persona graba la secuencia con su teléfono móvil unos metros más abajo. Los asaltantes lo saben. Se giran, miran a cámara y al dar la señal, entran en acción. Golpean una decena de veces a los dos chicos que, al ver lo que les cae encima, salen corriendo y huyen.

Ocurrió el 29 de septiembre, domingo, a las siete de la tarde, en la calle Alcaraz de Madrid. Justo enfrente de la UVA (Unidad Vecinal de Absorción) del distrito de Hortaleza, una barriada en la que residen familias de bajos recursos. El vídeo fue difundido minutos más tarde por la red de mensajería WhatsApp. La Red Española de Inmigración y Ayuda al Refugiado interpuso una denuncia cinco días después. Exige a la Fiscalía Especial de Delitos de Odio de Madrid que investigue lo ocurrido para dar con los autores.

Un vídeo que corrió como la pólvora entre las redes sociales

Rafael Escudero es el director general de esta entidad estatal que persigue delitos de odio de componente racial. Actúan de oficio. Asegura que esta agresión fue además discriminatoria. Las víctimas son inmigrantes marroquíes albergados temporalmente en uno de los Centros de Primera Acogida que hay en este barrio. Menores que podrían presentar lesiones, moratones o un colapso psicológico tras ser apaleados. Se sospecha que los agresores son veinteañeros organizados y vinculados a la extrema derecha. Fue un hecho premeditado, pero habrá que demostrarlo.

Ya se ha podido comprobar que la grabación se realizó en Madrid. Los metadatos confirman que el vídeo no ha sido manipulado y que fue difundido simultáneamente a más de tres de personas"

“Ya se ha podido comprobar que la grabación se realizó en Madrid. Los metadatos confirman que el vídeo no ha sido manipulado y que fue difundido simultáneamente a más de tres de personas. Escudero es contundente. “Es un documento audiovisual auténtico, en el que se recoge un hecho potencialmente delictivo. Por eso hemos solicitado todos los partes médicos de los niños de estos centros durante ese día y los posteriores, también las imágenes captadas por las cámaras de los autobuses, videovigilancia y otros elementos probatorios que puedan esclarecerlo".

El vídeo corrió como la pólvora entre las redes sociales. Algunos políticos lo condenaron de inmediato como Isabel Serra, diputada de Podemos, o representantes de Más Madrid y el PSOE a través de sus cuentas de Twitter.

También la asociación KifKif la principal organización de defensa y representación de las personas LGTBI migrantes y refugiadas en España. Hablamos con el presidente, Samir Bargache, un joven marroquí al que duele terriblemente ver este tipo de imágenes. Llevamos dos años viendo situaciones muy parecidas. En Madrid, Barcelona y Andalucía. Agresiones con tintes racistas que nos recuerdan a determinados episodios del pasado en los que se salía a la caza del inmigrante".

Centros para menores saturados

En el distrito de Hortaleza hay en la actualidad tres centros de acogida para menores inmigrantes. Niños de entre 12 y 18 años, la mayoría marroquíes y africanos; 8 de cada diez varones. Pequeños que llegan solos a España arriesgando sus frágiles vidas: en pateras, escondidos en los bajos de camiones, colándose en autobuses o en los maleteros de los coches…

No tienen dinero para pagar el billete, ni documentación, ni visados. Parten sin nada en las manos, pero con muchos sueños en sus ingenuas cabezas. Algunos tienen familiares en Europa. Intentan llegar hasta allí. Otros ven brillar el sol al otro lado del Estrecho, a 14 kilómetros de distancia. Sus padres les alientan aunque también hay quienes se escapan de sus casas.

Pero pisar la tierra deseada no conlleva su felicidad. Cuando son detectados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad son internados en centros de Primera Acogida. La ley prohíbe que pernocten y deambulen por las calles. Lo primero que hay que hacer es identificarles e intentar contactar con sus familias en sus países de origen. Deben, además, evaluar sus condiciones físicas y psicológicas, si están en situación de riesgo o desamparo y si necesitan ser tutelados por las administraciones.

En estos centros la ley establece que pueden pasar como máximo tres meses. Pero estos tiempos se prolongan demasiado, en muchas ocasiones hasta un año y medio. Están sobresaturados”

“En estos centros la ley establece que pueden pasar como máximo tres meses. Pero estos tiempos se prolongan demasiado, en muchas ocasiones hasta un año y medio: están sobresaturados", nos dice una educadora que prefiere mantener su anonimato (a la que llamaremos María). El Centro de Primera Acogida de Hortaleza tiene capacidad para 35 niños y ha llegado a tener hasta 150 niños hacinados, durmiendo en colchones en el suelo, sin apenas recursos y en condiciones infrahumanas.

Por eso se han ido habilitando otros espacios en el barrio: la Escuela Infantil Parque de Hortaleza y un centro de salud mental. “Aquí podemos darles alimentos, enseñarles a mantener la higiene y algunos servicios básicos, pero pasan muchas horas al día muertas, sin hacer nada, esperando a ser derivados a residencias adecuadas para sus necesidades”, dice esta trabajadora. La residencia de MENAS de primera acogida por excelencia en la Comunidad de Madrid es la de Manzanares, donde un profesor de la Consejería de Educación les imparte clases por las mañanas.

“En los centros de primera acogida sólo deberían pasar el tiempo necesario. Están saturados, el personal es insuficiente y hay muchos trabajadores de baja. Pasan muchas horas sin hacer nada, acompañados por educadores. Sólo aprenden determinados hábitos de higiene, normas de convivencia y hábitos de cultura”, nos explica María. El objetivo es que todos estos menores sean derivados cuanto antes a residencias adecuadas, que formen parte del sistema y se integren en un proyecto educativo. María critica la falta de interés político. ”Se podrían hacer muchas cosas pero a las administraciones no les importa y no quieren gastarse aquí sus recursos”. Mientras cientos de niños dejan correr el tiempo en estos centros, de carácter abierto, pueden entrar y salir las veces que quieran durante el día.

Recorremos el barrio y les encontramos. Sentados en bancos, en paradas de autobuses o por los parques…”Yo llegué en patera. Mis padres no lo sabían”, nos cuenta uno de ellos, que apenas habla castellano. “Yo en los bajos de un camión”, afirma Mohamed, de 17 años. “Mira, no tenemos nada. Nuestra vida es una miseria y fíjate en los chicos como nosotros en España: tienen ropa buena, zapatillas, Play Station… a ellos no les falta nada”.

Mira, no tenemos nada. Nuestra vida es una miseria y fíjate en los chicos como nosotros en España: tienen ropa buena, zapatillas, Play Station…a ellos no les falta nada”

Este contraste es evidente a primera vista. Un efecto llamada que cautiva a algunos menores y les lleva a cometer delitos. Son una minoría pero han desatado la ira de los vecinos, que critican que las calles se han vuelto inseguras.

Hortaleza: un conflicto vecinal

Nos ubicamos en el lugar exacto en el que se produjo esta agresión. Una parada de autobús a la puerta de una barriada. Bloques de dos pisos de 40 metros cuadrados, con rejas en las ventanas, actualmente muy deteriorados. En frente hay unos edificios blancos y negros en construcción, torres de diez pisos en las que las familias de estas infraviviendas serán realojadas tras cuatro décadas esperando. “Hasta hace unos años nosotros éramos los malos”, nos cuenta entre risas Antonio, un hombre alto de etnia gitana, que vive en estas casas.

“¿No has oído hablar de la UVA de Hortaleza?”. Aquí fueron reasentadas decenas de familias durante la dictadura de Franco. Vivían en asentamientos a extrarradios y sus terrenos fueron expropiados para construir la M-30. Algunos clanes se dedicaban a la venta de drogas y arrastraron a los toxicómanos. Entre los años 70 y 90 estas calles estaban consideradas muy peligrosas.

“¿No has oído hablar de la UVA de Hortaleza? Antes nosotros éramos los malos"”

Ahora parece que la tortilla se ha dado la vuelta y los residentes de la UVA acusan a los menores marroquíes de ser los causantes de la inseguridad en Hortaleza. “Estamos hartos de sus robos. A una mujer le arrancaron una cadena de oro el otro día y le dejaron la marca en el cuello. A otro hombre le quitaron el teléfono móvil de la oreja y les da igual si son ancianos o gente en silla de ruedas”. Antonio vigila las obras durante la noche. Pregunta irónicamente: “¿Sabes qué es lo que tienen que tener escondido en este barrio en los comercios? ¡El pegamento y el disolvente, porque si no se los llevan!”.

Los comerciantes lo corroboran. “Estos niños cometen pequeños hurtos pero no nos dan más problemas. Nos conocen y nos respetan, porque somos de toda la vida pero en las calles sí tenemos miedo. Este sábado por la tarde la estuvieron liando en la Plaza del Carmen. Insultando a la gente, dando patadas en el mobiliario urbano. Encima hay una asociación que les da clases de boxeo. Así que es normal que algunos vecinos acaben haciendo lo que no hace el sistema. Por unos pocos pagamos todos”.

Pero nadie se atreve a decir quién está detrás de esta agresión. A algunos no les extrañaría que fuesen los jóvenes de la UVA. “Son los únicos que pueden plantarle cara”. Lo dice Carlos, uno de los operarios de la construcción que observa estas calles a diario desde lo alto, mientras trabaja en las torres. “Aunque yo no soy de este barrio, soy de Vallecas, donde hay zonas parecidas”, añade.

“Yo no quiero decir que sean ellos, pero es verdad que les roban a menudo. Hay mujeres que siempre están enseñando el oro: pendientes, cadenas, pulseras... además de los teléfonos móviles” apunta desde lo lejos un hombre mayor que vive en una de estas infraviviendas. Yo les veo aquí presumiendo todos los días, así que estos ladrones también lo ven y acaban robándoles. Ellos no les tienen miedo”.

El tercer vértice de este conflicto vecinal lo ponen miles de vecinos que viven en pisos edificados hace tres décadas. Han visto como su barrio se ha ido degradando y sus inmuebles devaluándose. “Antes era por la UVA, pero ahora por estos menores. Algunos siempre están merodeando, se dedican a inhalar pegamento y robar a los viandantes y se ponen muy violentos”, critica Cristina. “Yo cuando les veo se que soy carne de cañón, con la muleta. Casi intento que no me vean”, dice otra mujer.

Según Almudena, conoce a cinco personas que han sido víctimas de estos asaltos. “Cuando no hay un robo, hay un tirón, les da igual a quien sea. Van en grupos, algunos llevan dos camisetas puestas para cambiarse si les pilla la Policía y no ser identificados…En el parque Clara Eugenia no puedes entrar porque están siempre con el pegamento o al lado del Carrefour, en la zona de mercancías. Se están haciendo con el barrio. Es una vergüenza”. Almudena nos enseña un spray de gas pimienta que lleva en su bolso. “Es homologado, lo compré por si acaso. Siempre tienes que ir mirando atrás, aunque sea de día. Ya no sabes qué puedes esperarte". El Complejo Policial de Canillas está a un kilómetro de distancia. Agentes patrullan la zona pero es insuficiente. “Yo no diré que les peguen porque creo que la solución no está en la violencia, pero esta masificación no lleva a nada bueno. Es imposible controlarles, que les trasladen a otro sitio, porque hay que ver cómo tenemos el barrio".

Estos comentarios hace que estos menores sean criminalizados. “No negamos que haya robos pero los autores son sólo una minoría. Se dan estas situaciones pero están pagando todos por unos pocos”, remarca Samir Bargache. Sus palabras son pausadas. “No se puede olvidar el contexto global en el que viven, su situación desesperada. La gente se está tomando la justicia por su mano y eso es una barbarie. Estos agresores se esconden bajo la apariencia de patrullas vecinales que van a limpiar el barrio pero no hay que olvidar que las víctimas son menores a quienes agreden, un delito aún más grave”.

‘Patrullas ciudadanas’ a la caza del inmigrante

Pero lo más preocupante es que los autores de esta agresión podrían ser jóvenes de extrema derecha. Grupos organizados que se mueven alentados por el auge de VOX. “Llevamos dos años tremendos con el tema de los menores”, lamenta Bargache. “Estos días ha habido otra agresión muy similar, que también ha sido denunciada.”

Son como el Klu Klus Klan, sus miembros se cubren para no ser identificados y atacan al diferente, van a la caza del inmigrante

“Hay que estudiar estos casos para poner freno con medidas adecuadas y solucionar este conflicto. Estos niños tampoco saben nunca lo que les espera en un futuro”, argumenta María. El presidente de Kifkif entiende que el problema es complejo pero pone el grito en el cielo al ver lo que está sucediendo. “Las patrullas ciudadanas están cobrando un gran soporte social, sobretodo en Cataluña y en muchos barrios concretos. Son como el Ku Klux Klan, sus miembros se cubren para no ser identificados y atacan al diferente, van a la caza del inmigrante. Es una cuestión que nos inquieta muchísimo”. La respuesta no es que veinteañeros de extrema derecha se organicen y se pongan a limpiar palizas, y un apunte más, no hay que olvidar nunca que atacan a niños”.

En estos dos últimos años hemos incrementado más de un 37% el número de este tipo de denuncias”, dice Rafael Escudero. “No vamos a permitir que hagan juicios de valor previo. Policía Nacional y Policía Municipal tendrán que investigar los hechos. Pero pedimos al Gobierno Regional que facilite la información que hemos solicitado por escrito y por teléfono y haga una condena explicita. Hay que buscar respuesta sin culpar del problema a unas minorías".

“No sólo contra los menores”, subraya Escudero. “Es especialmente contra los musulmanes. En los dos últimos años han llegado a producirse situaciones espeluznantes. Sólo en la comunidad de Madrid, en Fuenlabrada o en Getafe, llegaron a generarse bulos avisando de la construcción de una mezquita en determinados espacios y a los pocos días se han profanado. Han aparecido cabezas de cerdos, huesos y otros restos enterrados con esvásticas y elementos de identidad Nazi con el fin de impedir que en esos lugares se realizasen ese tipo de cultos".

Temas