Crimen

El asesinato de Samuel Luiz que conmocionó a España: el motivo de la paliza que acabó con su vida, sus agresores y la sentencia

Samuel Luiz, el caso que sobrecogió a España. Informativos Telecinco
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El fin del confinamiento por la pandemia del coronavirus simbolizaba el regreso a la normalidad. Para Samuel Luiz, auxiliar de enfermería de 24 años y de origen brasileño, suponía también recuperar algo de vida social tras meses trabajando en primera línea en una residencia de mayores de A Coruña. La noche del 2 al 3 de julio de 2021 salió con su amiga Lina al pub Andén, en el paseo marítimo. Horas después, la ciudad despertaba conmocionada por una brutal agresión que acabaría con su vida.

El segundo capítulo del videopodcast 'Personas, bestias' reconstruye aquel asesinato, por el que hoy tres personas cumplen condena. Samuel pasó la noche con normalidad, sin imaginar que a pocos metros se encontraban quienes más tarde lo atacarían. Sobre las 02:05, según el comisario Pedro Agudo, el joven y Lina salieron del local y realizaron una videollamada a otra amiga en Pontevedra para enseñarle el ambiente. Ese gesto, el de girar el móvil hacia el paseo, fue interpretado por Diego Montaña, que estaba allí con su pareja, como si lo estuvieran grabando.

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Montaña se acercó y, según la periodista María Jesús Argibay, le espetó: "Deja de grabar, que te voy a matar, maricón". Samuel respondió sorprendido: "¿Maricón de qué?". La agresión comenzó de inmediato, un ataque “instantáneo”, en palabras de la criminóloga Tamara Coniglio. Para Carlos Segarra, policía y abogado, la reacción no puede considerarse "normal", aunque advierte de que en las reyertas nocturnas las causas pueden ser "las más absurdas del mundo": el alcohol, una discusión banal o una interpretación equivocada pueden actuar como desencadenante.

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El 'efecto llamada' en el caso de Samuel Luiz

La agresión escaló cuando los amigos de Diego Montaña se sumaron al ataque. El periodista Alfonso Núñez relata que Alejandro Freire, alias Yumba, bajó unas escaleras y practicó a Samuel un "mataleón" que lo llevó al suelo. En cuestión de segundos, lo que había comenzado como un enfrentamiento entre dos personas se convirtió en un todos contra uno: entre seis y ocho jóvenes lo golpeaban simultáneamente. María Jesús Argibay añade que Lina, amiga de la víctima, intentó mediar, pero Catherine Silva, conocida como Katy (novia de Montaña), la empujó y la apartó del lugar.

Carmen Corazzini enmarca esa escalada en lo que denomina "efecto llamada": cuando un líder idealizado inicia la violencia, el grupo responde por lealtad o identificación. Para explicar esa dinámica, cita la teoría de la desindividuación de Philip Zimbardo. Según esta perspectiva, al integrarse en un grupo las personas diluyen parte de su identidad individual, reducen sus frenos morales y tienden a adoptar la conducta dominante. En ese contexto, la agresividad puede contagiarse y normalizarse en cuestión de segundos.

Carlos Segarra, desde su experiencia policial y jurídica, complementa el análisis subrayando dos factores clave: el anonimato y la exaltación de la amistad. "El anonimato lo permite todo", sostiene. En determinadas situaciones, los amigos acuden en defensa de quien perciben como propio sin detenerse a valorar si existe realmente una ofensa previa. La lealtad inmediata sustituye al juicio individual. Y aquí la cuestión de fondo es inquietante: ¿puede una persona "normal" convertirse en violenta por la influencia del grupo? Segarra afirma que pueden confluir múltiples variables, como la juventud y, sobre todo, la fortaleza del inhibidor moral: "Si sabes lo que está bien y lo que está mal, puedes frenarte y decir ‘hasta aquí’. Pero si ese inhibidor es débil y te dejas llevar por el colectivo, sucede esto". En el caso de Samuel Luiz, la investigación situó a Montaña como iniciador de la agresión. A partir de ahí, la dinámica grupal hizo el resto.

El 'efecto espectador' y los 'héroes' senegaleses

Mientras Samuel yacía en el suelo, la escena se volvió multitudinaria. Tamara Coniglio habla de una agresión que no cesaba y que incluso se ampliaba con más personas alrededor. Sin embargo, solo dos hombres intervinieron para ayudarlo: dos inmigrantes senegaleses que intentaron apartar a los agresores y ponerlo en pie.

Ellos lograron que Samuel caminara unos metros. De hecho, el joven llegó a decirle a Lina que había perdido su móvil. Pero la turba lo persiguió hasta la esquina de la avenida de Buenos Aires. Allí recibió los golpes definitivos en la cabeza que lo dejaron inconsciente. El comisario Pedro Agudo califica ese momento como fatal.

Carlos Segarra define a los dos senegaleses como "verdaderos héroes" y recuerda que su actuación facilitó la regularización de su situación administrativa. Frente a ellos, se manifestó el 'efecto espectador': cuanta más gente presencia una agresión, menos personas intervienen o más tarde llega la ayuda, aunque parezca una paradoja. El miedo a sufrir daños propios es el principal freno, aunque el experto reconoce que también hay quien "disfruta con la violencia".

El testimonio de Pablo Barrón y la huida de los sospechosos

El testimonio de Pablo Barrón, un testigo que encontró a Samuel malherido en la calle, es estremecedor: "Le noté un hundimiento en la cabeza y sangraba por la nariz y las orejas", relata sobre el momento en el que atendió a la víctima con un amigo.

Mientras los servicios de emergencia acudían, los agresores se dispersaron en distintos grupos. Las cámaras de la zona, explica Alfonso Núñez, los situaron escapando por calles diferentes.

Pedro Agudo asegura que se reunieron en el parque Europa para "hacer los deberes", es decir, unificar versiones. Para Carlos Segarra, el hecho de que no se entregaran en los siete días siguientes evidencia que sabían que habían hecho "algo grave". Nadie acudió voluntariamente a la policía.

Las lesiones de Samuel y el debate del delito de odio

Samuel falleció en el Hospital Universitario de A Coruña (CHUAC). La autopsia reveló más de 30 golpes y una muerte causada por la "concatenación" de impactos, no por una herida aislada. Tamara Coniglio detalla múltiples erosiones y hemorragias internas. La imagen fue descrita por los sanitarios como "dantesca".

El componente homófobo marcó el debate público. Testigos escucharon insultos reiterados. La agravante por discriminación por orientación sexual se aplicó solo a Diego Montaña. Segarra precisó que el artículo 22.4 del Código Penal elevó su pena hasta los 24 años. La motivación, subraya, influye de forma determinante en la severidad del castigo.

El asesinato, ocurrido en medio de la Semana del Orgullo LGTB, provocó protestas que se extendieron por toda España, con concentraciones masivas que reflejaron la indignación social.

La identificación de los agresores

La investigación fue muy compleja, pero decisiva. Las cámaras de tráfico que captaron la agresión ofrecían una baja calidad, pero las del pub Andén resultaron cruciales. Alfonso Núñez explica que la identificación por la ropa y los registros de acceso (obligatorios por las medidas covid) permitieron poner nombre a los sospechosos.

El comisario Pedro Agudo destaca que las grabaciones ayudaron a asignar roles: Diego Montaña inició la agresión; Yumba inmovilizó; Katy apartó a la amiga; Kaio Amaral, que no llegó a entrar en el pub, fue señalado por una patada y por apropiarse del móvil; otras personas tuvieron un papel auxiliar, "como puede ser el de Alejandro Míguez"; y dos menores tuvieron un "rol principal violento".

Cabe señalar que los dos menores implicados fueron juzgados en jurisdicción distinta (condenados a tres años de internamiento), algo que Carlos Segarra critica por generar "dos realidades jurídicas" ante un mismo hecho, como pudo ocurrir con el Cuco en el caso de Marta del Castillo. "Esto, el legislador debe corregirlo. Porque lo que hace es confundir a la gente", precisa el experto.

Los errores que delataron a los acusados, sus redes y su arresto

Tras la agresión, los implicados mantuvieron entre 13 y 14 llamadas telefónicas, según María Jesús Argibay. Esas comunicaciones, realizadas en las horas posteriores a la paliza, permitieron a los investigadores reconstruir contactos y evidenciaron un intento de pactar una versión común. Lejos de pasar inadvertidas, esas llamadas quedaron registradas y reforzaron la hipótesis de actuación conjunta, un error del que los acusados no fueron conscientes.

A ello se sumó el hecho de borrar contenido de los teléfonos móviles. Algunos eliminaron mensajes y datos tras el crimen, una maniobra que, en lugar de beneficiarlos, evidenció conciencia de culpabilidad. Como subraya Carlos Segarra, el rastro digital es determinante: redes sociales y dispositivos permiten reconstruir relaciones, comunicaciones y comportamientos. Incluso las propias defensas reconocieron inconsistencias. Luis Salgado, abogado de Diego Montaña, admitió que el relato de su cliente "adolece de lagunas" y que solo recordaba haber golpeado al inicio de la agresión. Luciano Prado, defensor de Katy Silva, sostuvo que su representada apartó a la amiga de Samuel sin intención de facilitar la paliza, sino para sacar a su pareja de la escena.

Las detenciones se produjeron el 6 de julio, apenas unos días después del crimen. Diego Montaña, Alejandro Freire Yumba y Kaio Amaral fueron arrestados junto a Katy Silva. Según Pedro Agudo, en un primer momento algunos reconocieron su participación, aunque después optaron por no declarar y por evadir responsabilidades. Para Carlos Segarra, esa rapidez no fue consecuencia de la presión mediática, sino del peso acumulado de las pruebas: grabaciones, testimonios, registros telefónicos y contradicciones. La suma de esos indicios terminó de cerrar el cerco sobre los acusados.

El perfil de Diego Montaña

El perfil de Diego Montaña sorprendió por la ausencia de antecedentes violentos. "Solo se puede entender este irracional comportamiento desde un contexto de noche y alcohol”, sostiene Luis Salgado.

Sin embargo, Tamara Coniglio menciona imágenes en redes sociales donde aparecía con pasamontañas y armas blancas. Alfonso Núñez confirma que fue el único en proferir insultos homófobos.

Frente a esa imagen de Montaña, el recuerdo de Samuel Luiz es el de un joven "altruista, generoso", según Carlos Segarra. Un sanitario comprometido que "tenía toda la vida para explorar".

El juicio y las sentencias del caso

El juicio comenzó el 15 de octubre de 2024. Diego reconoció haber iniciado la pelea y pidió perdón: "Si no empezara por mi culpa, estaría vivo". Alegó lagunas de memoria y negó la motivación homófoba. Carlos Segarra califica el "no recuerdo" como una estrategia habitual de defensa. Durante el proceso, el alcohol no pudo ser considerado atenuante al no existir prueba toxicológica.

Yumba y Kaio negaron intención homicida. Kaio admitió haber cogido el móvil, pero no golpear a la víctima. Katy fue absuelta y Alejandro Míguez, inicialmente condenado como cómplice, fue absuelto por el Tribunal Superior de Justicia de Galicia.

El veredicto final condenó a Diego a 24 años de cárcel por asesinato con la agravante de discriminación por motivo de discriminación sexual; a Yumba a entorno a 20 años; y a Kaio a 20 años y medio, incluyendo el robo del teléfono. Los tres condenados tendrán además que indemnizar a familiares de la víctima en más de 300.000 euros. El Supremo ratificó las condenas en diciembre de 2025. ¿Se hizo justicia? Carlos Segarra distingue entre justicia material (penas individualizadas) y justicia moral. Esta última, concluye, solo puede responderla la familia de Samuel. El caso del joven enfermero dejó una herida profunda y un debate abierto sobre violencia grupal, odio y responsabilidad colectiva.