Caminar para perder el peso que ganó en el confinamiento: el último plan de Rosalía Cáceres antes su desaparición hace seis años
Rosalía Cáceres desapareció el 25 de mayo de 2020 tras salir a su caminata diaria: el recorrido de aquel día fue más largo de lo habitual
La familia de Rosalía Cáceres cuestiona la hipótesis del accidente tras una nueva búsqueda fallida casi seis años después
10 días después de la última gran batida desplegada por la Guardia Civil en Bohonal de Ibor (Cáceres), el paradero de Rosalía Cáceres continúa siendo un misterio cuando están a punto de cumplirse seis años de su desaparición. El operativo realizado el pasado 8 de mayo movilizó a un centenar de personas entre agentes especializados y voluntarios para rastrear de nuevo el paraje de El Pibor y el entorno de la carretera CC-411, sin obtener resultados.
Tras aquella búsqueda fallida, la familia ha endurecido públicamente su discurso y sostiene que la investigación se encuentra estancada desde hace años. Los allegados insisten además en que durante las primeras fases del caso se tomó declaración a cuatro o cinco personas cuyas coartadas, a su juicio, nunca fueron debidamente contrastadas, motivo por el que reclaman un cambio radical en el enfoque policial y la reapertura de nuevas líneas de investigación.
Rosalía hizo un recorrido más largo de lo habitual tras el confinamiento del covid
Según los nuevos detalles publicados por 'El Mundo', el perfil de Rosalía Cáceres aleja todavía más la hipótesis de una desorientación accidental, según apunta la familia. La mujer, que tenía 74 años cuando desapareció, residía habitualmente en Madrid y había quedado confinada en Bohonal de Ibor -localidad natal de su difunto marido- durante el estado de alarma decretado por la pandemia de coronavirus, después de que sus hijos consideraran que el entorno rural sería más llevadero que permanecer encerrada en la capital.
Descrita como una persona de gran vitalidad, acostumbrada a caminar sola y perfecta conocedora del terreno, Rosalía medía 1,55 metros y pesaba unos 50 kilos. Aquella mañana del 25 de mayo de 2020 comentó a varios de sus hijos que haría un recorrido más largo de lo habitual porque su intención era perder el sobrepeso acumulado durante las semanas del encierro sanitario.
El trayecto de esa jornada comenzó temprano, sobre las 8:00 horas, cuando Rosalía salió de su vivienda situada cerca de la calle San Bartolo, cruzó el Camino de los Huertos y continuó por la carretera CC-411 en dirección al embalse de Valdecañas, donde acostumbraba a refrescarse los pies. Durante todo el recorrido mantuvo contacto telefónico constante con sus familiares, hasta que se registró la última llamada a las 13:55 horas con su hijo Enrique. En esa comunicación, la mujer respondió de forma algo molesta o "quejosa" por la insistencia de los suyos para que regresara ya a comer, asegurando de manera tajante que se encontraba descansando, pero que ya estaba subiendo la cuesta de vuelta al municipio. Sin embargo, nunca se supo más de ella.
Los hijos de Rosalía reclaman a la UCO y dudan de la tesis del accidente
La investigación oficial sostiene la tesis de que Rosalía sufrió un accidente fortuito tras desorientarse y adentrarse en una zona abrupta de unos cuatro kilómetros, llena de rocas, caminos empinados e incluso dólmenes históricos pertenecientes a la comarca del Campo Arañuelo, apunta la fuente citada. Sin embargo, el sumario judicial se encuentra actualmente sobreseído provisionalmente debido a que la Guardia Civil no observó "indicios de criminalidad" iniciales, manteniendo el caso en un doloroso punto muerto que la familia rechaza de plano. Para sus allegados, resulta inverosímil que una caminante experimentada, que gozaba de una excelente salud, no padecía desorientación y conocía a la perfección las tres cancelas de la zona vallada, pudiera desvanecerse por completo en un margen de tiempo tan corto, lo que se ha convertido en su principal argumento técnico para sospechar de una intervención criminal.
El malestar de los allegados radica en la alarmante ausencia de pruebas físicas tras seis años de rastreos intermitentes en un monte perimetrado y bajo explotación ganadera diaria, donde el terreno se ha inspeccionado en profundidad. Incluso se ha revisado el pantano sin resultados. En ninguna de las batidas oficiales se ha logrado recuperar un solo objeto de su inventario, como ya recordamos en este medio. Por ello, la familia confiesa sentir una dolorosa impotencia y sensación de abandono y, aunque aclaran que no critican la labor de los agentes de la comandancia local, lanzan un duro reproche institucional al asegurar que se sienten indefensos. No entienden "que puedan existir casos de primera y de segunda".
Ante este callejón sin salida y con la vía terrestre definitivamente agotada, los vecinos preparan una movilización social el próximo sábado 23 de mayo en la plaza de Bohonal de Ibor, una concentración anual que este año cobra un tinte de especial exigencia hacia las autoridades bajo el lema de que "solo piden una oportunidad para saber lo que pasó". Los hijos de Rosalía reclaman formalmente un cambio radical en el enfoque policial y exigen que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil asuma el control técnico de las pesquisas. Esta reclamación se ampara de forma directa en el espejo de lo sucedido en Extremadura con los mediáticos crímenes de Manuela Chavero y Francisca Cadenas.