El juicio contra Sigfrido, un padre acusado de violar a su hija en Valencia, ha estado marcado por el testimonio de la víctima
Un menor de edad presenció una violación grupal hacia su novia en Valencia: tenía una deuda por cocaína con los agresores
La Audiencia de València juzga a un hombre acusado de someter durante meses a su hija, que entonces tenía entre 13 y 14 años, a reiteradas agresiones sexuales en el domicilio familiar. Se le identifica como Sigfredo D. O. La Fiscalía y la acusación particular solicitan para él una pena de 15 años de prisión por un delito continuado de agresión sexual a una menor, con los agravantes de parentesco y prevalimiento.
Durante la vista oral, la joven, que continúa en tratamiento psicológico, ha relatado el profundo impacto que aquellos hechos tuvieron en su vida y describió cómo, según su versión, comenzaron los abusos mientras su madrastra se encontraba de viaje en Colombia. El acusado negó los hechos y sostuvo que no pudo cometerlos. Así lo recoge 'Levante-EMV'.
La madre de la víctima y otros testigos respaldaron el deterioro emocional que sufrió la menor tras los hechos. La investigación se inició después de que el instituto alertara de la situación y la adolescente acudiera a denunciar acompañada por personal del centro.
El inicio de los abusos
Según el testimonio de la joven, todo comenzó durante las Navidades de 2021, cuando convivía con su padre y la esposa de este se encontraba fuera de España. La relación entre ambos, explicó, había sido hasta entonces la de "padre e hija", motivo por el que decidió irse a vivir con él tras la separación de sus progenitores.
Ante el tribunal relató que las primeras agresiones empezaron de forma aparentemente inocente. "Él comenzó como un juego, haciéndome cosquillas hasta que un día me tiró al suelo y me bajó los pantalones, introduciéndome sus dedos en mi vagina. Me hizo bastante daño y me fui llorando a la habitación, mientras él se quedó mirándome con una risa déspota, como burlándose".
La menor aseguró que, después de ese episodio, las agresiones se repitieron de forma constante. Explicó que el acusado mantenía una actitud de absoluta normalidad y que incluso la acosaba cuando regresaban juntos del instituto.
También describió cómo presuntamente la inmovilizaba sobre la cama para realizarle tocamientos y otras prácticas sexuales antes de marcharse a trabajar, sin que ella comprendiera inicialmente la dimensión de lo que estaba ocurriendo.
Las agresiones continuadas
Uno de los episodios que más impacto causó en la sala fue el relacionado con una excursión escolar. La víctima recordó que pidió a su padre 12 euros para poder participar en una actividad del instituto y que, según su relato, la respuesta fue una nueva agresión sexual.
"Recuerdo un día que yo volvía del instituto y le dije que necesitaba dinero para pagar una excursión escolar y le pedí, por favor, 12 euros. Me cogió del brazo, me tiró sobre la cama, me chupó y me tiró el dinero a la cara diciéndome ahí tienes tus 12 euros", ha indicado la víctima. La joven añadió que trató de defenderse mordiéndole en el pecho, una lesión que, según declaró, el acusado justificó después diciendo que se había golpeado con un palé.
Tras el regreso de la madrastra, la víctima afirmó que el procesado modificó la forma de actuar para evitar ser descubierto. Esperaba a que la mujer se acostara o acudía directamente a la habitación de la adolescente durante la noche.
Según declaró, el acusado llegó a mantener relaciones sexuales con penetración y, antes de hacerlo, comprobaba si tenía la menstruación: "Introducía su mano para asegurarse que no tenia la regla". La joven aseguró además que normalmente no utilizaba preservativo.
Las secuelas y el juicio
Durante su declaración, la menor explicó las graves consecuencias psicológicas que arrastra desde entonces. "Tenía asco de mi, quise quitarme la vida, y no me duchaba porque me daba asco tocar mi cuerpo". También relató que sufría ansiedad, pesadillas y que llegó a dejar de reconocerse a sí misma tras los abusos que, según denunció, padeció durante meses.
Su madre confirmó ante el tribunal el estado en el que encontró a su hija después de que el instituto activara el protocolo y la joven denunciara los hechos. Recordó que la adolescente "por las noches temblaba" y que "Le daba asco ducharse porque odiaba su cuerpo. No quería seguir viviendo, ni que nadie le pusiera la mano encima", unas secuelas por las que continúa recibiendo tratamiento psicológico.
La hija de la madrastra, que compartía habitación con la víctima, también declaró como testigo. Explicó que la menor terminó confesándole que "su papá la violaba, le tapaba la boca para que yo no me despertara" y que le suplicaba: "por favor, no me dejes sola". Según su relato, decidió guardar silencio porque la adolescente le pidió que no contara nada a nadie.
Por su parte, el acusado rechazó todas las acusaciones y aseguró ante la Audiencia que "yo no podía haberlo hecho en esas fechas", alegando que ese periodo coincidió con el fallecimiento de su madre. La Fiscalía y la acusación particular mantienen la petición de 15 años de prisión por un delito continuado de agresión sexual sobre una menor de edad, con los agravantes de parentesco y prevalimiento, además del pago de 30.000 euros de indemnización por los daños ocasionados a la víctima.

