La pareja que se suicidó tras matar a su hija con parálisis y el tratamiento que desoló a la familia italiana: "No podemos hacer esto solos"

"Solos no podemos", es el mensaje definitico en una veintena de cartas de despedida encontradas sobre la mesa del salón en las que reflejaban sus últimas voluntades.
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"¿Está segura de que quiere tenerla?". Luca y Valentina dijeron que sí. El 13 de noviembre de 2020 el mundo se enfrentaba a la epidemia del coronavirus y Luca y Valentina se preparan para vivir el que debería ser el día más feliz de sus vidas. Pero su hija, prematura, nacida a los siete meses de gestación tenía parálisis cerebral, retrasos motores y cognitivos y epilepsia además de problemas de visión. La niña debía someterse a tratamiento y hospitalización constantes. Cinco años después, Luca y Valentina no pudieron más, acabaron con su vida y con la de su hija discapacitada, relata el diario 'La República' sobre una noticia que ha conmocionado a Italia.
Bianca siempre fue una niña deseada, pero la realidad les superó. Son muchas las familias a las que este tipo de sucesos vitales les cambia la vida, pero logran ser felices, tal vez más. No fue el caso de Luca y Valentina. "Solos no podemos", es el mensaje definitico en una veintena de cartas de despedida encontradas sobre la mesa del salón en las que reflejaban sus últimas voluntades y el reparto de sus bienes.
El impacto de la realidad siempre fue mayor en Valentina, que perdió la sonrisa ante su nueva realidad. Ella no dejaba de preguntarse por qué, ya que no había habido ninguna señal de alarma durante el embarazo. Le costó asimiliar la condición de su hija. Pero no dejó de luchar, comentan hoy unos consternados vecinos. Para volcarse por completo en sus cuidados, la madre había dejado su trabajo y la familia recibía seguimiento por parte de los servicios sociales.
Su padre, Sandro, un ferroviario jubilado y exfutbolista del Ascoli, había hecho lo que cualquier padre haría por su única hija. Con los ahorros de toda su vida, compró una casa cerca de la suya y la reformó hasta convertirla en una pequeña villa. Sus seres queridos estaban a un paso. Para estar siempre ahí. Para ayudar a su hija. Para ser abuelo.
Bianca no puede hablar, ni caminar, ni alimentarse por sí misma. Está constantemente en riesgo de enfermar debido a su condición y a sus débiles defensas inmunológicas.
Pero la imagen del final de esta familia es desoladora. La pequeña Bianca, de cinco años, muerta en medio de sus padres con un impacto de bala en el pecho; Luca y Valentina con sendos disparos en la cabeza. Junto a ellos se encontraba también sin vida Teo, el perro de la familia, un braco abatido de otro tiro, informa 'El Corriere de la Sera'. El padre, que trabajaba como informático, contaba con licencia de armas y poseía una pistola con la que se habrían efectuado los disparos.
El tratamiento experimental de Bianca
Luca y Valentina tuvieron hasta el final todas sus esperanzas volcadas en México, en un centro especializado en el tratamiento de la parálisis cerebral infantil: el del doctor José Roberto Trujillo, al frente de la clínica NeuroCytonix, en Monterrey. La comunidad científica ha expresado reiteradamente sus dudas sobre el tratamiento, pero la sensación de angustia y los contactos con otras familias con menores con enfermedades incurables les animaron a probar.
Allí sometieron a su hija a un tratamiento experimental con un dispositivo llamado Cytotron, que utiliza ondas de radiofrecuencia y resonancia magnética rotacional para estimular los tejidos. Sin embargo, a pesar del enorme esfuerzo económico, los resultados en el caso de la pequeña Bianca tardaban en llegar. Valentina descubrió, en medio de la desolación, que no podría tener más hijos. Un nuevo fracaso y la falta de recursos sume a la pareja en la desesperación.
El entorno siempre ahí para echar una mano no está esta vez. El abuelo Sandro que siempre lo ha dado todo está en las montañas con su esposa. El padre de Luca no se encuentra bien desde la muerte de su esposa. Lo que sí hay es una pistola, mucha desesperación y decenas de cartas escritas cuando uno se sabe que ha llegado al final.
El caso ha provocado una profunda conmoción en Italia y ha vuelto a poner el foco en las dificultades que afrontan muchas familias con personas con discapacidad a su cargo. "Se te rompe el corazón. Hemos vivido en la casa de al lado durante cinco años y no termino de creerme lo que ha pasado", comentaba un vecino de este barrio de la periferia de la capital italiana. "Para ellos la niña era una joya. Les veías que salían a pasear todos juntos", contó otra vecina entrevistada por la Rai, la radiotelevisión pública italiana.
