Madeleine, la profesora venezolana en duelo por la muerte de alumnos tras el terremoto: "Eran como mis hijos"
Madeleina representa como pocos el síndrome del superviviente tras la muerte de cientos de alumnos de los colegios donde daba clase.
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Madeleine Cova es profesora. Siempre está triste, atraviesa un duelo. Pocos la entienden. Tras los terremotos de Venezuela su familia logró sobrevivir, sus hijos también, pero no supera la muerte de 200 de sus alumnos en la tragedia. "Mucha gente no lo entiende, pero eran como mis hijos", confiesa ella en la BBC.
Madeleine, dicen los médicos, sufre un estado de tristeza profundo. Ha sentido como suyas todas esas pérdidas, y el peso la supera. Ella sabe que todo se debe a cómo ha ejercido siempre su trabajo de una forma, intensa, más allá de las aulas. "Me contaban sus problemas, sus metas, hablábamos muchísimo, salíamos a comer, yo iba a sus cumpleaños".
Madeleine habla con las madres que perdieron a sus hijos en los terremotos. Se consuelan mutuamente. Ella reconoce que no sabe cómo hacen ellas para levantarse a diario habiendo perdido a sus hijos. "Si yo me siento mal, ¿cómo te sentirás tú que eres la madre?'. Es un dolor que no puedo describir porque es inmenso y me afecta muchísimo todavía".
Ella tiene también ese síndrome del superviviente. Le cuesta divertirse, disfrutar, se siente mal de poder hacerlo. Tal vez de su propia suerte.
Cova nació en La Guaira, el estado más devastado por los terremotos que dejaron más de 6.500 muertos. La profesora Cova trabajaba en el colegio privado Alejandro Otero, en La Guaira, donde impartía Castellano y Literatura a los cursos que iban de primer a quinto año de secundaria. Edades en las que la maestra es mucho más que eso. También era coordinadora del segundo año de secundaria en el liceo público Juan José Mendoza. "En el Liceo Público, tengo más de 230 niños fallecidos y más de 200 desaparecidos". Es el el centro educativo con más niños fallecidos confirmados tras la tragedia.
La pasión de Cova por enseñar le viene desde niña. Nació para ser profesora. Ella misma lo cuenta. "Viví con mi familia en casa de mi abuela. En su patio había una pared enorme y un jardín con muchas flores. Yo les daba clases a esas flores. Ellas eran mis alumnos y en la pared rayaba las tareas. Siempre quise ser docente, desde niña". Su lema siempre fue que cada miembro de su clase se sintiera visto, escuchado, querido porque "a nuestros adolescentes les hace falta eso".
Por ahora, no tiene previsto volver al colegio privado en el que enseñaba Castellano. "Tuve que retirarme de allí, el duelo no me permite regresar. Intenté entrar, pero me afectó demasiado, muchos recuerdos de mis 16 muchachos. Siento como que me quitaron una parte del cuerpo, como si me faltara un brazo, no sé definirlo, solo sé que es muy desolador". Sigue trabajando, con esfuerzo, como docente del Liceo Público Juan José Mendoza y no se planeta, por ahora, dejar La Guaira. Tampoco lo descarta del todo porque el día a día sigue recordando una devastación que ya no copa los informativos de medio mundo.
Cova no es la única maestra o maestro que se encuentra atravesando un duelo. Y lo sabe. Por eso hace un llamamiento para que se ayude a los docentes de La Guaira y de cualquier lugar que se sientan afectados por los terremotos. Porque no solo lloran y sufren los que perdieron a algún familiar, los daños colaterales de las tragedias como la vivida por Venezuela impactan más allá. Dejan un poso de tristeza que conviene superar para avanzar. Y ayudar y enseñar a los que quedaron. Sin sentirse culpable de sobrevivir.