De los castigos físicos a las nuevas formas de violencia en las aulas: el maltrato que todavía denuncian las familias
Los métodos disciplinarios en las aulas han cambiado en las últimas décadas
Sin embargo, determinadas formas de violencia contra los menores pueden persistir, aunque sean menos visibles
Los métodos disciplinarios en las aulas han cambiado radicalmente en las últimas décadas. Castigos físicos como permanecer de rodillas, mirar durante horas a la pared, recibir tirones de orejas o golpes con una regla, habituales en otras épocas, han dejado de tener cabida en el sistema educativo actual.
Durante años, la expresión 'la letra con sangre entra' resumió una concepción de la enseñanza basada en la autoridad y el castigo. Hoy, aquellas prácticas serían consideradas formas de maltrato y podrían ser objeto de denuncia. Sin embargo, las familias que han acudido ahora a los tribunales, como en el caso del colegio de Majadahonda, sostienen que determinadas formas de violencia contra los menores pueden persistir, aunque sean menos visibles y no impliquen necesariamente agresiones físicas.
Las denuncias de un colegio de Majadahonda
Una antigua alumna de este mismo centro ha contado también su experiencia y ha relatado haber sufrido descalificaciones e insultos durante su etapa escolar.
Entre los casos que se investigan se encuentra el de un menor de 14 años que se quitó la vida este año y cuya familia reclama que se determine si su experiencia en el centro pudo tener alguna relación con el suicidio.
Las denuncias no se limitan a un único alumno. Varias familias se han incorporado a la investigación y describen situaciones que, según sus testimonios, habrían convertido el colegio en un lugar de miedo y sufrimiento para algunos menores. Entre los estudiantes afectados habría también alumnos con necesidades especiales.
Las familias denuncian que algunos alumnos habrían sido sometidos a un señalamiento reiterado y a comportamientos que consideran humillantes o desproporcionados.
Los mecanismos de los padres para actuar
El caso plantea además otra cuestión: qué mecanismos tienen los padres para actuar cuando consideran que un menor está sufriendo una situación de este tipo en el centro educativo. Algunas familias aseguran que, ante determinadas situaciones, no encuentran un interlocutor al que acudir o una respuesta suficientemente eficaz para proteger al alumno.
La investigación deberá determinar ahora qué ocurrió en cada uno de los casos denunciados y, especialmente, si existe alguna relación entre las circunstancias vividas por el menor de 14 años y su posterior suicidio. La familia reclama que se esclarezcan todas las circunstancias antes de establecer cualquier conclusión.
Frente a los modelos disciplinarios basados en el castigo, los expertos en pedagogía defienden alternativas como la denominada disciplina positiva, que busca corregir las conductas sin recurrir a la humillación o a la violencia.
La propuesta pasa por sustituir los castigos tradicionales por medidas que permitan al alumno comprender las consecuencias de sus actos y reparar el daño de forma colaborativa, integrando la corrección de la conducta dentro del propio proceso educativo.