Crimen

Crecer bajo las sombras de ser la hija del 'caníbal de Skara': "Estuve a punto de morir muchas veces"

Crecer bajo las sombras de ser la hija del 'asesino caníbal de Skara':
Jamie-Lee Arrow junto a su padre Isakin Drabbad. Foto cedida por Jamie-Lee Arrow
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Jamie-Lee Arrow está convencida de que "siempre estuvo destinada a una vida mejor". Pero para entenderla hay que remontarse a su infancia, una etapa que no vivió como cualquier otro niño. Con tan solo nueve años, su padre, Isakin Jonsson, ocupó todas las portadas de Suecia bajo un apodo aterrador: ‘el caníbal de Skara’.

El mundo de Jamie se vino abajo y asumió el papel que todos le habían dado, 'la hija del caníbal de Skara'. "Me convertí en una persona muy oscura”, confiesa a Informativos Telecinco. “Pasé de ser una chica excéntrica y feliz -a quien le encantaba bailar, cantar y hacer teatro- a ser una persona muy oscura, enfadada y deprimida que no tenía un futuro prometedor”, lamenta Arrow.

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La 'casa del terror': cuadros de demonios, películas de miedo y muñecas vudú

Jamie-Lee Arrow empezó a estrechar su relación con su padre con tres años, cuando Isakin Drabbad -el nombre que se puso después del crimen que en sueco significa "infectado"-, salió de la cárcel. “Creo que empezó a manipularme de muy pequeña. Quería que me volviera como él, que fuese malvada", asegura Arrow. Para ella, estar rodeada de oscuridad era lo habitual.

La casa de su padre estaba llena de pinturas de demonios, muñecas vudú y cuadros que evocaban el mal. “Para mí era normal, pero sabía que era diferente porque las casas de mis amigos no se veían así. Algunas pinturas y cuadros me daban miedo, pero creo que lo peor eran las películas de terror. Empecé a verlas desde muy pequeña y eso afectó a mi cerebro y a mi imaginación de forma muy negativa”, recuerda.

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Ella misma reconoce que su padre siempre ha sido un maestro de la manipulación: “Empezó a enseñarse a mentir y a manipular a la gente. Alentó cualquier mal comportamiento que tenía”. Hasta que apareció un poco de luz con su nueva pareja, Helle Christensen, "una mujer muy guapa que la hizo sentir muy especial, como si fuese su segunda madre". Arrow tenía seis o siete años por aquel entonces. Pero con su llegada aparecieron fuertes discusiones entre la pareja.

Jamie-Lee Arrow junto a su padre

El despiadado asesinato de Helle: la decapitó y cocinó partes de su cuerpo para comérselos

El comportamiento de ambos no era el típico de una pareja, sino que era “muy perturbador”. “Tenía miedo todo el tiempo de que la matara porque la amenazaba con hacerlo todos los días. Incluso ella misma me lo dijo, sabía que algún día sucedería”, lamenta. Pero, sin duda, el peor día para Arrow fue la última vez que la vio con vida: “Estaba segura de que alguno de nosotros saldríamos heridos. Pero ella no parecía asustada, solo muy fría. Más enfadada que asustada”.

A los pocos días, Isakin Drabbad le cortó el cuello a Helle y la decapitó. Después se llevó la cabeza a la cocina junto a unos trozos de su cuerpo que cortó para cocinarlos y comérselos. Arrow tenía solo nueve años, pero recuerda a la perfección cómo le contó la noticia su madre: “Lo único que le pregunté era si mi padre tenía algo que ver. Sabía que había sido él porque fue lo único que se me pasó por la cabeza. Fue como si todo cobrara sentido y supe que estaba muerta”. Y esto cambió toda su vida.

Los niños me preguntaban si era peligrosa como mi padre o si él iba a ir a matarlos

Su madre quería protegerla de todos los detalles del crimen y la aisló por completo: “No pude ver la televisión ni escuchar la radio. No iba a las tiendas ni a la escuela. Mi mundo se puso patas arriba”. Ir al colegio significaba escuchar crueles comentarios de sus compañeros. “Los niños me preguntaban si era peligrosa como mi padre o si él iba a ir a matarlos. Ya nadie se interesaba realmente por mí porque estaban interesados en mi padre”, reconoce.

"Asumí el papel de la hija del caníbal": la dura realidad que vino después del crimen

Esto supuso un ‘clic’ en su cabeza. “Fue devastador para mí porque sentía que ya no podía vivir mis sueños ni ser yo misma, como si no hubiese espacio para eso, así que asumí el papel de la hija del caníbal”. La percepción que tenía sobre ella misma cambió por completo: “Me sentía como la hija de un hombre horrible y que ya no pertenecía a ningún sitio porque nadie podía identificarse con lo que había pasado. Nadie intentaba comprenderme. Ni siquiera recibí el apoyo de ningún adulto a mi alrededor”.

Y esto tuvo graves consecuencias en su salud. Con 13 años se sumergió en el mundo de las drogas y el alcohol. “Me sentía como una marginada, no podía identificarme con nadie. Me metí en las drogas y el alcohol y entré en un círculo de amigos diferente. Sentía que no me juzgaban y que eran tan malos como yo”, resalta Arrow.

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Las drogas y el alcohol, la vía de escape para Jamie

Ser Jamie significaba ser la hija de un asesino y las drogas se convirtieron en un refugio para ella: “Podía escapar y dejar de ser Jamie. Sentí que toda la ansiedad se iba. Quería que eso se detuviera”. Su padre recibió una condena por el asesinato en 2011, un año después del crimen, y fue ingresado en un hospital psiquiátrico. “Al principio no quería volver a verlo. Llegué a escribirle una carta diciéndole que lo odiaba y que no quería volver a verle”, asegura.

En el hospital psiquiátrico, Isakin Drabbad estuvo en contacto con la abuela de Arrow, quien iba a visitarlo con frecuencia. “Me dijo que él se sentía muy triste, que lo sentía por él porque estaba solo y no tenía con quién hablar y me extrañaba muchísimo. Empecé a sentir pena por él”, destaca ella. Y entonces llegó la primera conversación que mantuvo con su padre después del asesinato.

Recurrí a mi padre porque era el único que no me juzgaba

“Mi abuela nos programó una llamada y hablé con él, pero ni siquiera mencionó el asesinato. Solo preguntó por el colegio y cosas normales, y sentí que podía recuperar a mi padre. Fue entonces cuando decidimos ir al hospital”, resalta. Su madre se negó por completo, pero el terapeuta le aconsejó que le dejase decidir a ella: “Decidí que quería verlo. En ese momento recurrí a mi padre porque era el único que no me juzgaba”.

Su mundo giraba en torno a las drogas y el alcohol, unas adicciones que su madre no aceptaba pero que su padre sí: “Me acerqué a él porque era muy comprensivo. Creo que lo aprovechó y lo vio como una oportunidad para acercarme aún más a él y volverme en contra de todos los demás. Quería que fuéramos él y yo contra el mundo”, relata.

Un ritual satánico, la solución de su padre a su desesperanza

Ser la hija de un asesino caníbal derivó también en acoso escolar, un problema que su padre “atajó” con una muñeca vudú: “Me la dio y me dijo qué era lo que tenía que hacer con ella. No me sorprendió porque no era la primera vez que me la daba. La única diferencia que había era que esta vez la había hecho él mismo”.

Su padre la arrastró tanto a la oscuridad que llegó a pensar que quería sentir lo que era matar a alguien antes de morir: “Me hizo sentir que no era un gran problema, tanto que me afectó al modo en el que pensaba, mis valores y mi moral. Todo en lo que creía estaba basado en lo que me enseñó”. Arrow sentía tanta tristeza y desesperanza que pensó en quitarse la vida: “Se lo conté a mi madre y a mis amigos. Me intentaron ingresar en un centro psiquiátrico pero me fui y recurrí a mi padre. Sentía que era el único que podía entenderme y ayudarme”.

Me dijo que los demonios caminaban a mi lado y empecé a verlos y escucharlos

Pero la solución de su padre pasaba por un ritual satánico en el mismo centro psiquiátrico. “Me dijo que la única forma de salir era venderme al demonio. Me contó que me sentiría muy feliz y que todos mis problemas se irían. Y en ese momento no tenía nada que perder. Era eso o la muerte, así que acepté”, sostiene ella. “Cuando lo estábamos haciendo me sentí muy enferma, me dolía el estómago y después parecía como si no pudiera morir”, añade.

“No quería morir porque entonces sabía que iría al infierno. Me dijo que los demonios caminaban a mi lado y empecé a verlos y escucharlos. Sentí que estaba perdiendo la cabeza”, reconoce. A partir de ahí, no habló con él durante meses. Hasta que lo llamó para decirle que “no quería que la involucrase en las cosas oscuras que estaba haciendo”. “Y me prometió que no hablaría más de eso. Lo seguí viendo porque era mi padre y un niño quiere creer a su padre y darle otra oportunidad”, confiesa.

Ella pensaba que era posible que cambiase, “pero no lo hizo”: “Un día me preguntó si quería saber los detalles del asesinato y tuve curiosidad porque nunca pude leer ni escuchar nada sobre el crimen. Se volvió todo muy real y pude ver cómo lo contaba con mucha pasión, como si estuviese hablando de una obra de arte. Estaba muy orgulloso y ahí cambió mi forma de verlo”.

Jamie-Lee Arrow junto a su padre

"Creo que me quiere a su manera enfermiza y retorcida", según Arrow

Isakin Drabbad fue diagnosticado con 10 tipos diferentes de problemas de salud mental, entre ellos psicopatía y desorden de la personalidad. En la actualidad, ya se encuentra fuera del psiquiátrico y solo tiene que acudir cada cierto tiempo. La última vez que Arrow vio a su padre fue en octubre de 2024, cuando tuvo un cara a cara con él, después de estar cuatro años sin verlo, para hacer un documental sobre su vida.

Isakin mantiene que cometió el crimen porque la misma Helle se lo pidió y que recurrió al canibalismo para no ir a la cárcel y poder estar más cerca de su hija. Una versión que ella no se cree. “Tristemente creo que todo era un juego. Creo que me quiere a su manera enfermiza y retorcida. Pienso que me ama porque soy parte de él y él se quiere mucho a sí mismo. Es muy difícil de saber porque es muy buen actor”, afirma.

Jamie-Lee Arrow junto a su padre

De la oscuridad a la luz: la nueva vida de Jamie-Lee Arrow

Ahora, Jamie tiene dos hijos y se dedica a viajar junto a su familia, con una vida completamente distinta: “Ser madre me ayudó a quererme porque me di cuenta de que no era culpa mía lo que ocurrió, sino de la vida. Fue muy sanador”. Ella utilizó todo ese dolor, ese mundo pintado en un lienzo negro para darle la vuelta y crear su propio camino. “Siempre he sabido que no estaba destinada a convertirme en una adicta y a terminar muerta en una zanja. Estaba destinada a algo más, a una buena vida”.

Estuve a punto de morir muchas veces y lo perdí todo: mis trabajos, mis amigos y mis oportunidades. Me di cuenta de que no había un futuro brillante para mí si seguía así”, describe. Comprender y aceptar su pasado fue el punto de inflexión para tener una nueva vida. Y hasta ahora, “ese es el impulso que le ha llevado a donde está”.

Jamie-Lee Arrow y su familia

Arrow no cree en un próximo reencuentro con su padre, pero no le ocultará su pasado a sus hijos: “Les contaré por qué, aunque no hable con él, sigue siendo una parte muy importante de mi vida, ya que lo utilizo para ayudar e inspirar a otros con mi historia”. Un comienzo que se consolidó tras perdonarle: “Se lo dije la última vez que hablamos. No le guardo ningún resentimiento”.

Ella no cambiaría nada de su vida porque sino, tal y como dice ella, “no estaría viviendo la vida que tiene”: “Aprendí que no importa de dónde venimos, ni el dinero que tenemos ni quienes sean nuestros padres o los eventos traumáticos que tengamos”. Y lanza un mensaje a todos los que están pasando por un mal momento: “El dolor, la familia y los padres no tienen por qué definir quiénes somos. Podemos ser nosotros mismos y crear nuestras propias vidas”.

Jamie-Lee Arrow aprendió que no importa si crecemos en medio de la oscuridad. Tan solo tenemos que ser capaces de crear nuestra propia luz.