Cáncer

Anabé Tarrou convive con un cáncer en la cara desde los 26 años: "He aprendido a aceptar las secuelas"

Anabé Tarrou
Anabé Tarrou, en una foto cedida. Antonio Limones de Lemon Lab Studio
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La voz de Anabé Tarrou es una de esas voces suaves y dulces que te hacen que te encariñes con ella. Sin embargo, lejos de esa delicadeza que puede mostrar, es una mujer fuerte y sincera, sobre todo cuando habla de su enfermedad: el cáncer, la primera causa de muerte en España por segundo año consecutivo, según el INE.

Su vida a los 26 años dio un giro cuando fue diagnosticada de un cáncer raro y bastante agresivo: un osteosarcoma de tercer grado, localizado en el maxilar superior derecho. "Cuando fui al médico, fui porque no podía respirar bien. Como era la época del covid todavía había muchas restricciones. Tomé antibiótico pero no funcionaba, entonces, ya me inspeccionaron la nariz, la boca, las encías... Y se dieron cuenta que tenía una bola gigante. En un inicio pensaron que es una bola de pus y, cuando abren la encía, se dieron cuenta de que era un tumor".

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A partir de ese momento empezó un verdadero Viacrucis que duró dos años por el que fue ingresada cada 15 días en la quinta planta del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. En una primera operación consiguieron extraerlo, pero el cáncer se volvió más agresivo. "Los primeros meses la quimioterapia no da efecto, sigue creciendo el tumor y, entonces, aplicaron radiación. Después de eso, ya vuelve la quimioterapia. Y al final mi vida, mi quimio, se vuelve muy agresiva. Eran tres tipos de fármacos distintos, pasaba 15 días viviendo en el hospital y 15 días de descanso", explica a la web de Informativos Telecinco.

Los médicos le dijeron que lo intentarían todo, pero que en pacientes anteriores no funcionó, así que la vida de Anabé, con sus 26 años, su recién estrenada licenciatura de Filología Hispánica y todas sus ganas de vivir, de enamorarse, de escribir, de tener una vida, pasaron a un segundo plano. "Dios mío, me muero. Eso es lo que pensé un día mientras me duchaba. Pero recuerdo pensar en mi vida y hacerlo tranquila: 'Tengo gente a la que quiero muchísimo y me quieren, me he enamorado, he estudiado la carrera que he querido...' Lloré muchísimo, pero creo que actué desde esa paz, porque no había incertidumbre, no había más opciones para mí". Incluso hizo su últimas voluntades porque así se lo había recomendado su médico y organizó una boda consigo misma y sus seres queridos para agradecerles todo el amor que le habían dado.

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Para ella, los factores claves para su tranquilidad y sostén fueron hablarlo todo con sinceridad -tanto con médicos como con su familia y amigos-, como contar con una comunidad de personas. Tenía un grupo de WhatsApp con su familia y, además, contó con el apoyo de los médicos y enfermeras de su hospital y de los amigos que hizo en la quinta planta. Recuerda especialmente a Ismael y Marta, dos amigos que no consiguieron sobrevivir al cáncer, y a los que les ha dedicado su libro 'La última planta' (Plaza Janés, 2026), un relato literario de su experiencia oncológica.

"Yo le pedí a los médicos que me explicasen qué iba a sentir, cómo iba a ser el proceso... La sinceridad fue muy importante para poder entender qué estaba atravesando y para poder vivirlo todo sin miedo". Las enfermeras se convierten en sus grandes aliadas, le traían fruta fresca y libros, porque Anabé es una ávida lectora. "Tuve que pasar la Navidad allí con mi madre. Fue muy triste, estaba muy debilitada por la quimio, pero al mismo tiempo el equipo de la quinta planta hizo que ese fuera mi hogar", cuenta mientras se le quiebra la voz.

Un milagro: una recuperación no esperada

De forma progresiva la radio empezó a hacer efecto y el tumor no creció en los controles que le iban haciendo. Como no era operable, tuvo que vivir con él en su paladar. Ella se refiere a él como su Alien, con el que convive a diario. A sus 30 años, afirma orgullosa que ha podido sobrevivir al cáncer, pero que ahora su meta no es, tristemente, quitar el tumor, sino controlarlo para siempre. "Un 11 de diciembre, que justo es el cumpleaños de mi padre, en la última quimio me hicieron los controles para ver si podía irme a casa y vieron que sí, que podía irme porque era seguro. Para él fue el mejor regalo, porque estaba viva. Hicimos una pequeña fiesta en la habitación para celebrarlo". Después no ha podido volver a pisar muchos hospitales, porque le entra ansiedad, solo puede ir lo justo y necesario. "No he podido volver a la quinta planta...".

Anabé Tarrou y su padre el día que le dan el alta.

Tras esa experiencia tan cercana a la muerte, su vida cambió por completo. "El miedo se transforma un poco en rabia. Pensé que saldría del hospital y, como estaba curada, pues todo iría bien, pero entonces empecé a experimentar culpa por estar viva, ansiedad, ataques de pánico, tenía pesadillas... Voy a ser una paciente oncológica toda mi vida y he aprendido a aceptar las secuelas, el cansancio crónico, no respiro bien por la nariz, me siento muy vieja comparada con las personas de mi edad porque he vivido mucho. Entonces, me cuesta conectar con sus problemas".

Desde el hospital no ofrecen terapia psicológica, así que ha tenido que recurrir de forma privada porque lo ha considerado muy necesario para su recuperación. También le ha servido escribir su propio libro, que como dice no es de autoayuda, sino que está basado en su experiencia y es más un relato literario de su enfermedad. Se ha inspirado en muchos escritores y poetas como Lorca, Annie Ernaux o Mónica Ojeda. "Quería hablar de otras realidades y necesitaba un libro que hablase de gente joven como yo, que se enfrentaba a su día a día y que se sentía muy perdida en aspectos como el sexo, la identidad... Cómo atravesar eso sin perderte en el camino, pero tampoco idealizándolo", subraya.

Su nueva vida: una carrera literaria que acaba de empezar

En el libro Anabé habla mucho del amor, de hecho señala que es uno de los motores que le salvan la vida. "Si yo no hubiera tenido el amor de mis padres, el de mis sobrinos, el de mis primos, el de mis tíos...no sé qué hubiera pasado". Pero como joven que era cuando le diagnosticaron el cáncer, quería enamorarse, encontrar a la persona con la que tener una relación. Eso también lo consigue, porque, como nos explica, en 2025 termina casándose, esta vez no consigo misma, sino con su novio.

"Hay muchos tipos de amor en el libro, de hecho, yo celebro esa primera boda para demostrarle a la gente que está conmigo, que los quiero y que los acepto y que quiero que estén en el proceso. Pero también pienso que tengo 26 años y en el fondo quiero enamorarme, y quiero vivir eso. En un principio aparece un chico y me aferro mucho a él, me doy cuenta de que es un error querer desde la necesidad, de rellenar esos huecos. Mi vida era tan triste en ese momento, que me agarraba a un clavo ardiendo. Después hago esa reflexión y me doy cuenta de que eso no es amor y que si quiero amar tengo que hacerlo desde la libertad". Después de aquello, encuentra al que es ahora su marido y la historia cambia, claro.

Ahora, mientras vive la presentación del libro, espera que también que le reconozcan su discapacidad, porque no puede trabajar como lo hacía antes. Quiere escribir y, después de superar sus ataques de pánico, estudiar Psicología en la UNED para poder ayudar psicológicamente a personas que como ella están atravesando un cáncer o lo han padecido.