Cristina Monge, socióloga y politóloga: "El descontento político ayuda a avanzar y, en sociedades democráticas, es imprescindible"

En 'Contra el descontento', Cristina Monge, socióloga, politóloga, profesora universitaria y una de las analistas más influyentes del panorama político español, ofrece una lectura crítica y esperanzadora de este malestar colectivo
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Que la palabra de 2024 escogida por la Real Academia Española fuera polarización no es casual, en España, como en Europa, vivimos un momento político y social donde hay mucho conflicto de ideas y, algunas de ellas, extremas. Según el Open Society Barometer de 2023, un 42 % de los jóvenes entre 18 y 35 años considera que un gobierno militar es una buena forma de gestionar un país. Si analizamos el Latinobarómetro del mismo año veremos que un 40% de los jóvenes menores de 25 años apoyan la democracia, que el 50% de ellos prefieren regímenes autoritarios o no se decantan por ningún tipo de gobierno, y que el 10% ni siquiera responden. En España, según el estudio realizado por el CIS en 2023, el apoyo a la democracia se ha reducido entre los menores de 34 años, mientras que sube el porcentaje de quienes piensan que a veces es “preferible” un gobierno autoritario.
Los malestares sociales que se han ido acumulando durante décadas están cristalizando hoy en un descontento profundo que pone en cuestión los propios fundamentos de la convivencia democrática, la confianza en las instituciones y la idea de futuro. En este contexto, la pregunta se impone: ¿qué podemos hacer? En 'Contra el descontento', Premio Paidós 2026, Cristina Monge, socióloga, politóloga, profesora universitaria y una de las analistas más influyentes del panorama político español, ofrece una lectura crítica y esperanzadora de este malestar colectivo.
En él, recorre los principales desafíos del siglo XXI: la precariedad, la soledad digital, la crisis ecológica y la desafección de la ciudadanía hacia las instituciones y sus representantes. A través de este recorrido, traza la radiografía de una sociedad cansada, atemorizada e incapaz de imaginar otros caminos. En la web de 'Informativos Telecinco', hablamos con Cristina Monge que, desde 2020 preside la asociación Más Democracia y es analista política habitual en medios como infoLibre, El País, la Cadena SER o RTVE. Es autora, entre otros, de '15M. Un movimiento político para democratizar la sociedad' (PUZ, 2017) y de 'La gran oportunidad. Cómo acelerar la transición ecológica y fortalecer la democracia' (Tirant lo Blanch, 2025), y fue coeditora de la colección 'Más Cultura Política, Más Democracia' (Gedisa). Además, fue galardonada con el 'Premio de la Asociación Pro Derechos Humanos 2025' en la categoría de Comunicación.
Pregunta: Tú que estás en contacto con los jóvenes en las aulas. ¿Están tan desconectados con la política como parece?
Respuesta: En absoluto están desconectados de la política. La política interesa mucho en general, y a los y las jóvenes también. Cuestión distinta es que se sientan identificados con los discursos o los partidos políticos, pero la política sigue interesando y mucho.
P: ¿Cuáles son las preocupaciones que tienen en política actualmente y de cara al futuro los jóvenes?
R: Sus preocupaciones son similares a las del conjunto de la sociedad, con la vivienda encabezando todos los rankings, pero también la precariedad, los bajos salarios o la crisis climática, por ejemplo. Lo que se percibe en la sociedad en general y en los jóvenes de forma más clara es una crisis de expectativas con un futuro apocalíptico de telón de fondo.
P: ¿El descontento es cosa del presente o si miramos históricamente siempre ha habido cierto descontento con la política y la gestión de los gobiernos? ¿Somos ahora más exigentes porque sabemos más?
R: En efecto, es posible que el mayor descontento actual tenga que ver con que también conocemos más. En cualquier caso, hay que tener presente que el descontento ayuda a avanzar, y en ciertas dosis, en sociedades democráticas es imprescindible. De hecho, buena parte de la función de la política, y en especial de los partidos políticos, tiene que ver con encauzar y dar respuesta a esos descontentos. Eso es, en buena media, lo que caracteriza al momento actual, que es muy difícil diagnosticar bien los descontentos y darles respuesta. Por un lado hay malestares, de base material, que tienen con ver con lo que decía (vivienda, salarios, precariedad…), y por otro un conjunto de descontentos más etéreos y difusos. La sociedad percibe que la política, tanto las instituciones como los actores de intermediación no son capaces de dar respuesta y eso mina la confianza, elemento clave de las sociedades democráticas.
P: Cuando vemos datos sobre que un 42% de los jóvenes creen que un gobierno militar sería una buena opción muchos nos echamos las manos a la cabeza. ¿Por qué esas cifras tan altas? ¿Qué información falta o cómo se están informando para llegar a tener esos pensamientos?
R: En cierta medida los jóvenes reaccionan ante lo establecido, y hoy la democracia forma parte de lo establecido. Por otro lado, muchos de esos jóvenes se han socializado en un contexto de sucesión de cisnes negros. Muchos empezaron a tener conciencia del mundo en plena resaca de la crisis de 2008; cuando llegaron a la adolescencia se encontraron con la pandemia y estuvieron encerrados meses; cuando se empezaban a recuperar estalló una guerra en la puerta de Europa, algo que no entraba en su imaginario… En este contexto, los que no somos tan jóvenes no hemos sido capaces de hacerles ver las ventajas de vivir en democracia, y miran al futuro espantados ante el cambio climático, la revolución digital y una serie de desafíos que les introducen en un mundo de incertidumbres ante las que ven a las instituciones y a la política incapaces de gestionar.
P: ¿Qué mensaje tiene la ultraderecha para calar entre los jóvenes?
R: Lo primero que me gustaría aclarar es que la ultraderecha no cala entre todos los jóvenes, aunque sí lo haga entre un 20-25% y de forma creciente, pero creo que es necesario contextualizar. Por otro lado, la ultraderecha les está ofreciendo un discurso de impugnación al sistema que crece, además, con viento de cola de todo Occidente. Es una imagen de outsider, de ser distintos, de ser una alternativa al resto, aunque luego nada de esto se demuestre. Digamos que se ha puesto de moda porque dice ser algo diferente, aunque luego veamos reproducir los mismos o incluso más errores que los partidos tradicionales, como se está viendo con los conflictos internos o los casos de corrupción.
P: ¿La polarización es un problema actual o siempre se ha dado en nuestro país? ¿Por qué y qué soluciones puede haber?
R: Desde mi punto de vista lo que tenemos en España, a diferencia de EE.UU., es un enorme problema de crispación en las élites. Élites políticas, mediáticas, culturales, económicas, irradian una beligerancia y una violencia discursiva muy importante, sobre todo desde dentro de la M-30. Cuando luego se baja a la política local o a la convivencia social del día a día, las cosas son distintas, pero esa crispación al alza es enormemente peligrosa.
P: Estamos viendo una falta de liderazgo y carisma cada vez más evidente en la clase política. ¿Qué está ocurriendo? ¿Qué ingredientes debe tener un buen político para aportar confianza? ¿Es tan complicado?
R: En realidad es tiempo de hiperliderazgos políticos, algo propio de lo que Manin explica en su 'teoría de la democracia de audiencia', donde los líderes importan más que el partido, y la imagen más que la propuesta. Estos hiperliderazgos funcionan bien a la hora de establecer referentes con la ciudadanía, pero acaban atrofiando a las organizaciones. Lo podemos ver en todos los países europeos, donde los líderes se convierten en referencias incuestionables para sus seguidores y en el blanco de todas las iras de sus detractores.
