Alba Mangado, madre y piloto de avión que desafía un cielo aún dominado por hombres: “Si yo me equivoco, parece que es por ser mujer”

Con solo 9 años, Alba ya tenía claro que su sueño era ser piloto de avión, una profesión mayoritariamente masculina. Charlamos con ella para conocer su historia
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A los 9 años, cuando la mayoría de niños aún no sabe qué quiere ser de mayor, Alba Mangado ya lo tenía claro. Creció en Barcelona, en un entorno completamente ajeno a la aviación, sin referentes ni información, con el sueño de perseguir un sueño, el de ser piloto de avión, en un sector mayoritariamente masculino. Solo el 4,5% de pilotos en España son mujeres.
“Siempre lo tuve muy claro. A los 9 años ya le dije a mis padres que quería ser piloto. Y ellos pensaron que se me pasaría esa idea, pero no se me pasó”, recuerda Alba, sonriente, en una entrevista con la web de 'Informativos Telecinco'.
Ni siquiera había subido nunca a un avión. Tampoco tenía familiares dedicados al mundo de la aviación. Pero lejos de ser un obstáculo, aquello fue el detonante de su vocación. “Me llamaba la atención lo misterioso que era ese mundo, y lo difícil que era llegar a dedicarte a ello. Lo veía como un reto”, explica.

Ese reto, sin embargo, no tardó en mostrar su cara más exigente. Sin apenas información sobre cómo acceder a la profesión, Alba tuvo que investigar por su cuenta hasta dar con una escuela de pilotaje. Decidió combinar esa formación con una carrera universitaria en gestión de empresas aeronáuticas. “Era importante tener un plan B”, afirma.
Su promoción reflejaba bien la desigualdad de género en el sector: solo cuatro mujeres entre todos los alumnos. Y de esas cuatro, solo ella logró terminar. “Conseguir ser piloto es muy complicado”, dice. A la dureza de la formación se sumó el contexto: era 2011, en plena crisis económica. “Hay que hacer mucha formación adicional para conseguir entrar en el mundo laboral, a pesar de tener la licencia de piloto. Por eso mucha gente abandona”, señala.
Para ella, la clave fue la perseverancia: “Es algo que tienes que llevar dentro y te tiene que apasionar para llegar hasta el objetivo final. Hay que ser muy tenaz y constante porque hay muchos momentos en los que se pierde la esperanza”.
Los inicios como tripulante de cabina
Durante cuatro años, se formó volando aviones pequeños, primero con instructor y después en aeronaves bimotor. Pero al terminar, la realidad fue muy distinta a la que había imaginado. El mercado laboral estaba prácticamente cerrado para pilotos sin experiencia. “Era imposible”, resume. La oportunidad llegó por otro camino: trabajar como tripulante de cabina. Y la llevó lejos, muy lejos: Qatar.

Lejos de verlo como un fracaso, lo convirtió en aprendizaje. “No pensé que con lo preparada que estaba tenía que ser tripulante, algo menor para lo que me había dejado la vida, sino que lo vi como una oportunidad”, dice.
Así, durante casi ocho años trabajó en aerolíneas internacionales, recorriendo el mundo y absorbiendo experiencia. “Aprendí muchísimo. Conocí gente de todas partes del mundo, aprendí muchas culturas y, sobre todo, aprendí sobre la operativa de cabina”. Hoy lo tiene claro: “Soy mejor piloto porque tenía esta experiencia como tripulante”.
Pero el sueño de pilotar seguía intacto.
Apostarlo todo para despegar
Tras años sin pilotar y desempeñando su labor de tripulante, Alba tomó la decisión arriesgada de dejar su trabajo para pagarse una formación que la habilitara para pilotar un Boeing 737. Era la inversión necesaria para volver a acercarse a su objetivo.

Poco después, en 2018, llegó la oportunidad. “Apliqué para una aerolínea y en cuestión de meses me cogieron”.
El proceso no fue sencillo. Incluía entrevistas, exámenes técnicos y psicológicos y pruebas en simulador. “Te plantean diferentes problemas que se pueden dar durante un vuelo, como aterrizajes en aeropuertos complicados o fallos de motor, para ver cómo reaccionas”.
Porque, como explica, en la aviación todo se basa en la preparación: “Cuando hay algún problema, sabemos cómo actuar siempre para solucionarlo. No entramos en pánico, entramos en modo procedimiento. Por eso es tan improbable que ocurra un accidente. Estamos muy preparados”, apunta.
Entre la tensión y la belleza del cielo
Hoy, como piloto de largo radio, su rutina comienza de madrugada. “Nos levantamos a las 4 de la mañana, revisamos meteorología, plan de vuelo, combustible…”. Después llega el briefing con la tripulación y, finalmente, el despegue.
Aunque el imaginario colectivo asocia la profesión con glamour, la realidad es más compleja. “Es un trabajo sacrificado”, asegura. Especialmente en vuelos de corta distancia, donde la carga de trabajo es constante. “Sueles hacer cuatro trayectos cortos al día. Y el despegue y el aterrizaje son los momentos de más tensión”, explica.
Ahora, Alba trabaja para Iberojet, donde solo realiza trayectos de largo radio. “Es mucho más relajado”, señala. “Sobre todo vuelo a sudamérica, y tenemos muchas horas para descansar durante el vuelo. Hay mucha menos tensión”, añade.
El entrenamiento como arma para combatir el miedo
También ha vivido situaciones exigentes, como una aproximación fallida en Punta Cana por una tormenta. “No se veía la pista… tuvimos que desviarnos a otro aeropuerto”. Pero incluso en esos momentos, la formación y experiencia se impone al miedo. “Son situaciones para las que estás entrenada, tu cabeza cambia el chip y no sientes miedo”.
En este sentido, la piloto explica que la situación más crítica que podría vivir durante un vuelo, y que jamás espera que ocurra, es “un fuego dentro de la cabina de piloto, ya que te impediría manejar”.
Más allá de esos momentos de tensión, hay instantes de belleza que compensan todo. Como el día que voló sobre el círculo polar ártico: “Ver las auroras boreales… es como entrar en otra dimensión, en otro mundo. Nunca dejará de sorprenderme”.

El precio de volar tan alto
Sin embargo, vestir el uniforme de piloto conlleva renuncias importantes, sobre todo en lo personal. “Lo peor es estar lejos de tu familia, aunque estés en hoteles de cinco estrellas. Te pierdes navidades, cumpleaños…”. Por eso insiste en que es una profesión que exige vocación real: “Tienes que tener muy claro el amor a la aviación, porque si no no compensa”.
Hoy, con un hijo pequeño, ha logrado cierto equilibrio gracias a la flexibilidad laboral. “Estoy reducida al cincuenta por ciento e intento solo pasar cuatro días fuera de casa”, cuenta. Pero no siempre fue así. “Hubiera sido muy difícil conciliar al principio ser madre y piloto al mismo tiempo”, expresa.
Romper el techo de cristal… a 10.000 metros
Pese a los avances, el mundo de la aviación sigue siendo un entorno mayoritariamente masculino. Actualmente, el Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (Sepla) cuenta con cerca de 500 mujeres piloto afiliadas, lo que representa aproximadamente el 4,5% de su colectivo.
Abrirse camino como mujer no fue fácil para Alba. “Cuando vas a una entrevista y ves que eres la única chica sientes mayor presión”. Una presión añadida por los prejuicios: “Si yo me equivoco va a ser porque soy mujer, no porque soy una persona que se equivoca como todo el mundo”.
También ha vivido situaciones incómodas, tanto en el trabajo como fuera de él. “Me ha pasado de ir con el uniforme y que alguien me dé la basura pensando que soy tripulante. O comentarios como ‘menos mal que el comandante es un hombre’”, cuenta.
Incluso entre compañeros, reconoce, había condescendencia. “Era en plan ‘la niña que está intentando cumplir su sueño’, y no me valoraban como podían valorar a un compañero que estaba empezando”.

Sin embargo, el cambio ya está en marcha. El número de mujeres piloto en España se ha triplicado en la última década, según SEPLA. Referentes como Alba contribuyen a normalizarlo. “Por suerte, ha cambiado mucho desde que yo empecé y el hecho de que haya una mujer piloto se ha ido normalizando”, señala.
Inspirar a la próxima generación
Con cerca de 90.000 seguidores en su perfil de Instagram, Alba ha convertido su experiencia en una herramienta de divulgación. En ella cuenta detalles de cómo es el día a día de un piloto, lo que le ha costado llegar a serlo, o cómo ha conseguido tener una entrevista con una aerolínea. “Empecé en redes porque era lo que me hubiera gustado ver a mí cuando empecé”.
Ahora, además, prepara un programa de mentoría para jóvenes que sueñan con volar pero no saben por dónde empezar. Su objetivo es que nadie tenga que recorrer el camino a ciegas como ella lo hizo. “Quiero guiar a estos jóvenes a alcanzar su sueño de acabar trabajando como pilotos de avión”, dice.
Para terminar, le preguntamos por el mensaje que le daría a una niña que hoy sueña con ser piloto. Algo que Alba resuelve con rotundidad: "Que no se deje llevar por las críticas ni por los obstáculos. Si algo he aprendido es que los obstáculos te sirven para impulsarte más… Y si los hombres lo hacen, ¿por qué no lo vamos a hacer nosotras?".
Para Alba, los sueños, incluso los que parecen más lejanos y elevados, también se pueden pilotar.
