Alberto Edjogo-Owono, exfutbolista:"Las faltas de respeto en el fútbol son algo cultural en España"
Alberto Edjogo-Owono, exfutbolista, se ha convertido en una de las voces contra el racismo en el terreno de juego. Hablamos con él sobre su primer libro donde aborda esta problemática
La FIFA abre expediente a España por los cánticos racistas de Cornellá
¿Es España un país racista? Pues según para quien suponemos. En datos, parece que sigue habiendo un problema de racismo estructural. Así lo asegura el informe Estudio de CEDRE sobre el impacto del racismo en España, que subrayó que había aumentado la discriminación por origen racial o étnico en 2024. Un 33% de los ciudadanos dijeron sentir discriminación por su origen racial o étnico y los principales motivos de discriminación señalados fueron el color de la piel o rasgos físicos (61%) y sus costumbres o prácticas culturales (36%). No hay que ir muy lejos en el calendario para encontrar un suceso racista en el deporte, uno de los ámbitos donde sigue estando muy presente. Fue este mes de abril en un campo de Cornellá. Por ese suceso la FIFA inició un procedimiento disciplinario contra la Federación Española de Fútbol por los incidentes ocurridos en el partido amistoso contra Egipto, que podrían suponer alguna sanción para la Selección Española en el Mundial de 2030. Según el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Rafael Louzán, es un hecho aislado. Pero, todos sabemos, que no son hechos aislados y que en los campos de fútbol de todas las categorías se producen hechos racistas. El caso de Vinicius es otro de los más sonados, pero, lamentablemente, sucede con más frecuencia de los que nos gustaría y hasta incluso en categorías donde son niños los que están en el terreno de juego.
Lo explica en su segundo libro 'Heridas en la piel' (geoPlaneta, 2026), el ex futbolista sabadellense Alberto Edjogo-Owono y ahora comentarista deportivo y analista en televisión. Internacional con Guinea Ecuatorial, desarrolló su carrera en el fútbol español antes de dar el salto a los medios, donde se ha consolidado como una de las voces más respetadas de la comunicación deportiva. Comentarista en DAZN y colaborador habitual en distintas cadenas, combina el análisis táctico con una mirada crítica sobre el papel del fútbol en la construcción de la identidad, la diversidad y la convivencia. Es autor también del libro 'Indomable: Cuadernos de fútbol africano' (Panenka, 2021). 'Heridas en la piel. Fútbol, racismo e identidad' es una crónica valiente sobre el racismo en el fútbol español y el poder de los nuevos referentes para cambiar el relato, pero también un libro donde muestra su propia herida tras recibir insultos racistas ya desde bien pequeño.
Desde Wilfred, en el Bernabéu, hasta la Ley contra la violencia, pasando por Vinícius, Eto’o, y la irrupción de jóvenes referentes afroespañoles, su obra denuncia, interpela y propone. Porque el fútbol sigue siendo un espejo de la sociedad, y si hoy hay ídolos negros en la selección, es porque muchos antes soportaron lo insoportable. Charlamos con él para adentrarnos en esta problemática tan cerca como real.
Pregunta: ¿Cómo has vivido el racismo en el campo? ¿Recuerdas cuándo fue la primera vez que te diste de frente con esta realidad?
Respuesta: Mi primer recuerdo de un incidente racista en un campo fue estando en la cantera del Español. Yo había jugado en el Sabadell, me ficharon desde allí. Cuando vas a una cantera así pues hay una competencia feroz porque están los elegidos, están los mejores del territorio.
Barça y Español siempre han aglomerado los jugadores más importantes de la provincia en esas edades, entonces en un entrenamiento hubo una situación de un pequeño conflicto, pues lo típico, un choque, un roce y tal, y se saldó con un tu “callate negro zumbón” por parte de un compañero. Una situación que yo con el tiempo pensando, yo creo que ese niño ni siquiera era consciente de lo que estaba diciendo, pero a mí me chocó mucho porque fue la primera vez que en un campo de fútbol noté que se estaban refiriendo a mí por el color de piel en un tono, digamos, agresivo, por llamarlo así. Y eso te abre muchas dudas en la cabeza…
P: ¿Cuáles te surgieron, entonces?
R: Piensas: ¿y por qué hay que hacer alusión a mi color de piel? ¿Por qué hay que hacer ese tipo de comentarios en un tono tan agresivo? ¿Esto va a ser así siempre? ¿Me va a pasar más veces? Y esa sensación de impotencia, de no poder expresarlo, porque en aquella época, te estoy hablando del año 95 o 96, pues no era muy normal que un niño pudiera de alguna manera libremente o abiertamente quejarse de algo o denunciar algo así, o por lo menos explicarlo. Así que esa fue seguramente mi primera situación en la que el racismo apareció en mi vida, estando en el terreno de juego. Es un lugar donde las revoluciones están muy elevadas, donde hay una sensación de impunidad, porque al abrigo de la multitud uno se siente más valiente para decir cualquier cosa, y entonces, las faltas de respeto en el fútbol son algo cultural en España. Dicho lo cual, hay comportamientos explícitos que ocurren en el estadio de fútbol que no ocurren en ningún otro lugar. En el mercado de tu barrio, en la cafetería al lado de casa o a las puertas de un supermercado, nadie se insulta. Pero en el campo de fútbol, en el estadio, parece como que todo está permitido.
P: En España hay un problema con el racismo que se ve reflejado directamente en la grada. ¿Representa eso lo que se vive también en la calle o se acerba más en el fútbol?
R: Yo te diría que es verdad que el fútbol es reflejo de la sociedad, pero me gusta decir que es un reflejo pasado por la centrifugadora, en la que las pulsaciones están muy elevadas, donde la presión y la pasión están por las nubes, y que, obviamente, eso hace que den comportamientos nocivos. Hay que decir que el fútbol es el deporte más popular, por lo tanto, cuantos más aficionados hay, más porcentaje de personas intolerantes puede haber. ¿Por qué ocurre el fútbol y en otros sitios no? Porque el fútbol al final ha sido, como decía antes, un espacio en el que culturalmente se ha permitido. Yo recuerdo de crío vivir peleas en los campos de fútbol de categorías bajas, y vivir peleas, insultos y de todo de una manera prácticamente natural. Yo diría que es algo que está intrínseco dentro de la cultura futbolística en España. Se dice siempre que lo que pasa en el campo se queda en el campo, que son cosas del fútbol.
P: ¿No crees que los clubes deberían ser más estrictos en este sentido? ¿Por qué este tipo de comentarios e insultos no se ven tanto en otras disciplinas y sí en el fútbol? Algo no se estará haciendo bien, ¿no crees?
R: Sí, por supuesto, falta contundencia por parte de los clubes. Los clubes dieron un paso importante en cuanto a los grupos ultra, los grupos más radicales que tenían una ideología más cercana a ese racismo explícito. Presidentes como Laporta o Florentino, en sus primeras etapas como presidentes del Barça y Madrid, cerraron esos grupos ultra y, de hecho, sufrieron amenazas y consignas incluso con pintadas en la puerta de su casa. Por lo tanto, también falta contundencia por parte de los clubes. Los clubes muchas veces tienen miedo de enfrentarse a sus aficionados, tienen miedo a ser contundentes con ellos, porque tienen la sensación de que siempre hay que estar defendiendo lo indefendible.
P: Por qué este tipo de comentarios e insultos no se ven tanto en otras disciplinas y sí en el fútbol? Algo no se estará haciendo bien, ¿no crees?
R: Históricamente el fútbol, como los toros, es un espacio donde los señores de casa iban después de comer el domingo para poder dar rienda suelta a toda esa toxicidad que llevas dentro. Creo que, por ello, también es un lugar para aportar frustraciones. La gente que no está cómoda en su casa, con su familia, en su trabajo, en su día a día, que cree que no está en el sitio que le corresponde, que merece algo más, pues también puede volcar todo eso en el fútbol, que siempre se ha entendido como un espacio impune donde se puede decir cualquier cosa. Entonces, en el fútbol se da más, primero porque hay más gente, hay más volumen y también porque culturalmente en España tú puedes llamar "hijo de puta" a un tío en un estadio de fútbol y nadie se escandaliza. Cuando realmente en la calle sí que te escandalizarías.
También es fruto de que el fútbol es el deporte más popular, es el deporte donde llegan todos los estratos de la sociedad, y donde hay una mala educación instaurada desde siempre. No es ninguna novedad, esto ha sido así desde siempre.
P: Como expresas en el libro, futbolistas de la categoría como Lamine están más protegido, pero ¿qué está ocurriendo en las categorías inferiores en este sentido? ¿Cuáles son las problemáticas que hay y cómo se están resolviendo?
R: Sí, claro, este tipo de jugadores son súper estrellas. Están protegidos, tienen un aval detrás. Pero, en otras categorías, como, por ejemplo las infantiles, están desprotegidos. Obviamente, hay un protocolo de actuación de odio que permite denunciar insultos y comportamientos racistas en cualquier ámbito de la vida y también en el fútbol, pero sí que es verdad que ahí sientes que no tienes protección. Además, especialmente en categorías infantiles, si son de otro origen y sus padres no están muy habituados a hablar el idioma, a hacer trámites administrativos, tampoco quieren tener conflictivos. Muchas veces ocurre que los niños hablan en casa de esta situación, pero frena la denuncia. Creo que debería haber tutores en los escenarios deportivos, al igual que hay un conserje, que haya alguien que tenga nociones de esto, que sea capaz de intervenir cuando detecte que hay algo de odio, que guíe a las familias a la hora de denunciarlo cuando sea preciso y que haya un tipo de tutor del recinto para que pueda intervenir. Me parece que es la solución más directa y la solución que protegería y ampararía a estas víctimas de racismo en los estadios.
P: Se habla poco de este tema más allá de los días que hay incidentes, ¿cómo está sentando tu libro?
R: Sí, es cierto que cuando ocurre un incidente así, entramos en la semana mágica, en la que todo el mundo abre titulares diciendo que es intolerable, pero no se debate sobre ello. Sobre cómo está sentando el libro, creo que bien. La gente me está escribiendo diciéndome que están aprendiendo mucho con él. Evidentemente, siempre hay quien se queja, quien dice que estamos rentabilizando el victimismo. Pero, este libro está dirigido a aquellos que tienen la mente abierta, que quieren reflexionar y aprender, no a los que están cerrados en banda.
P: ¿Cómo decides ponerte a escribirlo?
R: El libro realmente fue un encargo de geoPlaneta, al principio no me atrevía mucho a escribirlo, pero poco a poco fuimos perfilándolo. Yo no quería hacer una crónica de sucesos racistas, me parece que eso no tiene mucho sentido, yo lo que pretendía era darle contexto y ver cuál es el impacto que tiene en la sociedad y cómo lo he vivido yo, porque al final no deja de ser mi punto de vista. Quien lo haya sufrido se sentirá identificado y quien no lo haya sufrido, pero lo ha visto, se dará cuenta de lo nocivo que es. Racismo hay en todas partes, no es ninguna crítica ni ataque directo a España, pero sí quería hablar de lo que sucede en los recintos deportivos.
"Con el paso del tiempo pienso que me hubiera gustado poder expresar las emociones que sientes cuando te ocurre algo así, y tener herramientas para manejarlas"
P: ¿En qué es diferente o qué características has podido ver que presenta el racismo español con respecto a otros países?
R: El caso de Inglaterra es muy claro, allí hay un racismo estructural bastante claro y evidente, yo diría que incluso más que en España. Pero en un recinto deportivo no escucharás ni una palabra malsonante al respecto, ni un desprestigio con el color de piel, ni un abucheo, ni un grito de "mono", porque automáticamente te van a liquidar. En los escenarios públicos son mucho más contundentes, en España en eso estamos por detrás, también porque la inmigración ha llegado más tarde. Aunque la Liga está haciendo cosas al respecto, sí que me parece que van lentos, deberían poner más empeño para que no haya esa sensación de impunidad.
P: ¿De qué herramientas te has valido a título personal para superar los episodios de racismo que has vivido a lo largo de tu trayectoria profesional?
R: Yo nací en 1984 y, cuando he hablado del libro con gente de mi generación, con jugadores, hijos de inmigrantes y tal, todos coinciden en lo mismo. A nosotros nos educaron en la idea de que tenías que resistir todo lo que viniera y no había que quejarse. Así nos crearon nuestros padres, que llegaron a España siempre con la idea de prosperar y de ser ciudadanos ejemplares, ciudadanos que aportaran mucho valor y no querían meterse en problemas. Esa era una de las herramientas, además de la fortaleza y la resistencia. Con el paso del tiempo pienso que me hubiera gustado poder afrontar el asunto desde otro punto de vista, es decir, tener la capacidad para ser algo más vulnerable, de poder abrirme, de poder también expresar las emociones que sientes cuando te ocurre algo así, y tener herramientas para manejarlas.
Seguramente con el paso del tiempo y viéndolo con perspectiva creo que me ha ayudado, porque de alguna forma no me he dejado influenciar, ni me ha dejado intimidar, ni me ha afectado mucho, pero eso también a nivel emocional te genera un pequeño déficit, porque no he podido explorarme, no he podido sentir ese dolor. Las herramientas que teníamos entonces eran básicamente las de pasar de largo, dejarlo correr y no darle importancia.
P: ¿Por qué cuesta tanto ver a futbolistas africanos o de otras etnias culturales distintas y de otro color que no sea el blanco en el campo?
R: Básicamente el deporte es el ejercicio más democrático que hay. No importa dónde vengas, no importa tu estatus, no importa tu condición, no importa si tu familia tiene mucho o tiene poco, sino que a ti te sirve lo que tú haces en el campo y cómo rindes. Algunos tienen que hacer un esfuerzo extra, porque sus condiciones de inicio son peores, pero al final si tienes talento y te esfuerzas y tienes ese punto de suerte, puedes llegar. Pero, ¿cómo es posible que en esos escenarios haya tantísima diversidad y en otros escenarios, como pueden ser el Congreso de los Diputados, no? Porque yo no creo que no haya gente válida para eso...
A mí me ocurre muchas veces que cuando tengo que hablar de ese tema, lo normal es que me junte con tres o cuatro señores de edad media, entendiendo media como 40, 45, 50 años, que vienen a darme lecciones de si esto es racista o no es racista. Hay gente que sabe mucho, hay gente que lo ha preparado, que tiene una preparación espectacular y un punto de vista que me encanta, pero en ningún caso puede llegar a profundizar en el tema, porque es un tema que no le atraviesa directamente. Yo siempre hablo de la representatividad, de hecho en el libro hay un capítulo que está dedicado a esta representatividad, los medios de comunicación que se pueden extrapolar a cualquier lugar de decisión donde sinceramente en los terrenos de juego, en las pistas de atletismo, en las canchas de baloncesto, en los partidos de tenis hay una diversidad tremenda, pero luego en los puestos de decisión resulta que no la hay.
Y si no la hay, quiere decir que ese pensamiento, aunque sea de manera inconsciente, no va a ser un pensamiento abierto, no va a ser un pensamiento 360º y no va a tener en cuenta todos los puntos de vista, porque esos puntos de vista no están representados en esos centros de decisión.