Entrevistas

Álex Gómez, el científico del CSIC que tuvo una experiencia cercana a la muerte: "Vi a tres seres que me esperaban en la luz"

Álex Gómez Marín investiga la supervivencia de la consciencia humana. Instagram
Compartir

Aseverar categóricamente que existe la vida más allá de la muerte es, para muchos, una osadía tan descomunal como asegurar que no existe. Porque, dado que no se ha podido comprobar empíricamente - una teoría que se expondrá en este artículo - que nuestra conciencia sobrevive más allá de nuestro cuerpo, por pura lógica aristotélica, entonces, tampoco se ha podido constatar, con pruebas, que no lo hace.

Sobre todo ello hemos hablado con Álex Gómez Marín, un neurocientífico especializado, primero, en Física Teórica y, después, en neurobiología, que ha trabajado en los mejores centros del mundo, incluido el CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas).

PUEDE INTERESARTE

"Me saqué un doctorado en Física Teórica y durante muchos años, trabajé con ecuaciones y abstracciones matemáticas. Luego pasé a la neurobiología, un cambio un poco brusco porque pasé del papel al laboratorio y me dediqué a estudiar el cerebro la mosca. Más tarde, investigué aprendizaje, percepción y cognición en ratones y en gusanos. Y, cuando regresé a España, hace unos diez años, pasé a investigar problemas ortodoxos en humanos, como manejar brazos robóticos, que a todo el mundo le parecía muy bien que yo estudiara", ha dicho en una entrevista exclusiva con la web de 'Informativos Telecinco'.

PUEDE INTERESARTE

"Tuve una visión después de un sangrado de estómago"

Su "ortodoxia" y concordancia con lo que "se supone que debe hacerse dentro de un laboratorio" se acabaron el día en que, tras un peligroso sangrado de estómago, tuvo una experiencia cercana a la muerte, a la que él denomina en su libro como el "abrazo dorado". Después de varios días de pruebas, en los que los médicos no encontraban el origen de su hemorragia, experimentó algo más que un sueño. Una visión.

"Estaba en un pozo (un pozo muy parecido a uno que conozco bien). Miré hacia arriba. Vi a tres figuras que me esperaban amorosamente en la luz, que era amarilla. El contorno del rostro y cabello de cada una de esas figuras se delineaba a la perfección a contraluz. Sus cabezas configuraban un triángulo perfecto en el círculo de la apertura. Sabía quién era cada uno de ellos; no eran familiares difuntos, sino guías espirituales. No sentí miedo. Me ofrecían una especie de cañas para salir del pozo", describe con todo detalle en el libro 'La Ciencia del Último Umbral'.

Esta "visión" cambió de pleno la dirección de sus investigaciones, que ahora se centran en "intentar demostrar que la consciencia humana existe a pesar de la muerte", así como Internet - por buscar un símil más moderno que el del Poema de Parménides - "existe a pesar de que se nos rompa el teléfono móvil".

"No se puede decir que no existe el más allá"

En su nuevo camino, no solo se ha encontrado con la dificultad propia de su empresa - quizá, la madre de todas las investigaciones - sino con el estigma social que cargan todos aquellos que aseguran haber tenido una experiencia en el más allá. Para muchos de sus colegas, Álex ha pasado a ser un "pseudocientífico", al abordar un tema tan difícil de demostrar como la vida después de la muerte.

"Esto es algo que me enfada porque los científicos que no se dedican a este tema y que son, por ejemplo, expertos en el color de la luna, dicen, porque ellos lo saben, que la supervivencia de la consciencia humana es imposible. Hay mucha diferencia entre los que dicen que no saben sí es o no posible, los que decimos que estamos trabajando para poder comprobarlo y los que dicen que saben que no es así. El punto de partida de cualquier conversación sobre este tema nunca puede ser ése, que se sabe que no existe porque eso tampoco se ha demostrado", ha añadido en la entrevista.

Las experiencias cercanas a la muerte tienen patrones comunes

De hecho, durante nuestra conversación, Gómez ha ido desmintiendo los clásicos argumentos - o mitos - que los "escépticos" esgrimen cada vez que oyen hablar de la otra vida: "La explicación de la adrenalina que desprende el cerebro cuando estamos a punto de morir (y que genera esas visiones) es válida y yo la considero como científico, pero es perezosa. Muchos dicen que son alucinaciones, pero luego hablas con expertos en los patrones alucinatorios y resulta que no se cumplen. Otros dicen que solo las personas religiosas pueden tener una Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), pero hay muchos casos de no creyentes que también las han vivido. Otros lo achacan a la medicación, pero esto no son más que reflejos, muletillas propios de una sociedad escéptica", apunta.

Pensándolo bien, ¿por qué un investigador, con su prestigiosa trayectoria a la espalda, iba a querer, de motu propio, 'arruinar' su carrera- y renunciar a la financiación - abordando una hipótesis, para muchos, absurda? Porque para él, un hombre de ciencia, también fue toda una "revelación" su "contacto con el más allá" y no está pidiendo más que poder estudiarlo:

"Antes de la ECM yo no tenía ni idea de todo esto. Y, de repente, cuando me puse a leer y a investigar, me di cuenta de que hay muchas personas en el mundo que aseguran haber tenido una. Y que las ECM cumplen una serie de pautas comunes: un gran porcentaje de personas ven luz al final de un túnel; un gran porcentaje de personas ve a sus familiares, que vienen a buscarlos; un gran porcentaje se siente en paz y en armonía. Y el solo hecho de que existan estos patrones, da lugar y licitud a que se inicie una investigación científica", concluye, animando a los 'pseudocientíficos' a salir del armario, sin avergonzarse de sus teorías.