Entrevistas

Rachel Anne, la estadounidense que se enamoró de España y valora lo que los españoles no 'vemos': “No todo en la vida es dinero"

Rachel Anne muestra en sus redes sociales los rincones de España que la enamoraron.. Cedida
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Rachel Anne llegó a España en 2017 para pasar un año universitario en Granada. Era su tercer año de carrera y no imaginaba que aquel viaje acabaría cambiando su vida. Bastó un paseo por el Albaicín, las calles del centro y una puesta de sol frente a la Alhambra para que se enamorara de un país que, hasta entonces, apenas conocía.

Su madre de acogida la llevó aquel primer día por el paseo de los Tristes y el Albaicín. El recorrido terminó en el mirador de San Nicolás, con la Alhambra frente a ellas. “Me sentía como si me hubiera transportado a otro universo. Fue la primera vez que vi calles tan vivas, llenas de gente, de ruido de platos y cubiertos, de risas, de alegría”, recuerda Anne en una entrevista con la web de 'Informativos Telecinco'.

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La escena contrastaba con el mundo en el que había crecido, en Texas, donde los desplazamientos cotidianos se hacen habitualmente en coche y la vida transcurre entre barrios residenciales, carreteras, autopistas y establecimientos de comida para llevar. “En el universo que yo conocía, eran barrios de muchas casas pero sin gente, porque se va a todos sitios en coche”, explica. Aquel primer contacto con Andalucía fue, dice, “uno de los mejores meses” de su vida.

Al terminar la universidad, Rachel regresó a Estados Unidos. Pero España seguía presente en sus planes. Decidió volver para trabajar como auxiliar de conversación de inglés en un colegio bilingüe, inicialmente con la idea de quedarse un solo año. No tenía previsto instalarse definitivamente, aunque pronto encontró motivos para prolongar la estancia. “Quería conocer mejor el país, aprender español y, además, empecé a enamorarme del sobrino de mi casero… un gallego muy guapo”, cuenta entre risas.

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Aun así, el momento en el que España comenzó a sentirse como su hogar llegó más tarde, durante los primeros meses de la pandemia. Rachel vivió entonces con la familia de su novio, una experiencia que terminó de afianzar su vínculo con el país. “Soy una persona muy familiar, entonces para mí, un lugar se siente como mi casa cuando estoy con familia”, explica. 

Aunque la decisión de quedarse tuvo un coste emocional: dejar atrás a los suyos. Rachel procede de una familia numerosa, con buena parte de sus parientes concentrados en la zona de Dallas. “Todos mis hermanos, primos, tíos y mi abuela viven allí. Soy la única rara que se fue”, dice. 

La distancia sigue siendo la parte más difícil de su vida en España, pero la compensa una forma de vivir que asegura no haber conocido antes. “Encontré aquí un estilo de vida que nunca había conocido que me hizo sentir mucho más feliz y sana”.

Con los años, también ha cambiado su manera de entender el éxito. Antes aspiraba a trabajar en una gran empresa y ganar mucho dinero. España le enseñó que la prosperidad no se mide únicamente en términos económicos. “No todo en la vida es dinero, hay otras cosas que valen más”, sostiene. 

Para ella, poder disfrutar de dos semanas de vacaciones en agosto —o incluso más— y pasar el verano con los seres queridos es un lujo. También lo es comer productos locales, sin aditivos ni conservantes, disfrutar de una comida casera y sabrosa sin que cueste una fortuna o visitar ciudades y pueblos llenos de historia, cultura, arte y arquitectura. Todo ello en un país donde, además, los paisajes cambian radicalmente en distancias relativamente cortas. “España es más pequeño que mi estado, Texas”, recuerda.

Hoy, con más de 200.000 suscriptores en YouTube y más de 100.000 en Instagram, utiliza sus redes sociales para mostrar a sus seguidores todo aquello que le fascina de España y que los propios españoles, acostumbrados a ello, muchas veces damos por hecho.

Pregunta: Tú ves España con unos ojos que nosotros no tenemos. Si tuvieras que hacer una lista de tres cosas que España tiene y que los españoles deberíamos valorar mucho más, ¿cuáles pondrías?

Respuesta: La calidad de los alimentos; la cultura tan rica y las tradiciones tan bonitas que existen en todas partes de España; y el transporte público. Es un lujo poder moverse por la ciudad y por todo el país sin necesidad de tener coche.

P.: ¿Cuál ha sido el descubrimiento que más te ha hecho pensar: “¿Cómo es posible que los españoles no os deis cuenta de que esto es increíble”?

R.: Poder llegar de Madrid a Barcelona, por ejemplo, en dos horas y media, cuando en coche son seis horas y media. Es una locura.

P.: ¿Te ha ocurrido alguna vez que un español te haya dicho: “Nunca había pensado en eso hasta que lo enseñaste tú”?

R.: ¡Muchísimas veces! Un ejemplo es el hábito de ir a tomar algo. En mi país no existe esa costumbre de la misma manera, porque una copa de vino puede costar unos 15 dólares. Después añades un 20% de propina, que no es opcional como en España, y los impuestos, y salir a tomar una copa puede costarte 30 dólares.

En Estados Unidos se gana más dinero, pero no tanto como para que resulte rentable salir a tomar una copa de vino o una cerveza varias veces a la semana. Por eso no tenemos esa cultura de "ir a tomar algo". Y no hablo sólo del vino o la cerveza: tampoco quedas con un amigo para tomar un refresco, como se hace aquí. Lo más parecido son las cafeterías, donde la gente queda para tomar un café.

P.: ¿Hay algún momento en el que hayas pensado: “Si esto existiera en Estados Unidos, la gente alucinaría”?

R.: Las calles de tapas o de pinchos. Una de mis cosas favoritas del mundo es ir, por ejemplo, a Logroño, León, Burgos o cualquier ciudad que tenga una calle así y recorrerla de bar en bar con amigos o con la familia de mi novio.

Creo que la gente de Estados Unidos alucinaría si tuviera una calle así en cada ciudad: un lugar por el que pasear, tomar una cerveza, un vino o un refresco, probar un montón de cosas diferentes y no pagar muchísimo dinero por ello.

P.: Si un estadounidense te dijera que está pensando en venir a vivir a España, ¿qué le dirías que no aparece en ninguna guía turística?

R.: Que no vaya sólo a Madrid y Barcelona, como hacen muchos turistas. Lo mejor está en los lugares que no aparecen en las guías turísticas. Y también le recomendaría que no organizara un itinerario con 50 actividades, visitas y excursiones. Hay que hacer como los españoles: ¡fluir!

P.: Hablas mucho de la comida, los paisajes y las tradiciones, pero, ¿qué crees que tenemos los españoles en nuestra forma de relacionarnos que desde fuera se aprecia especialmente?

R.: El ejemplo perfecto fue el día del apagón. Yo ya estaba entrando en pánico, en modo supervivencia, pensando en todo lo que tenía que hacer para sobrevivir al apocalipsis o a la guerra que se avecinaba. Pero entonces vi a la gente en la calle, riéndose, tomando helados, tocando la guitarra, bailando y jugando al fútbol. Nadie parecía tan nervioso como yo.

Ahí entendí que nuestros sistemas funcionan de manera diferente. El español sabe relajarse, disfrutar del momento y de la buena compañía, sin tantas preocupaciones ni prisas. A nosotros nos cuesta más hacer todo eso.

P.: ¿Crees que los españoles somos conscientes de la calidad de vida que tenemos o tendemos a fijarnos más en lo que nos falta?

R.: Creo que en España la gente se fija mucho más en lo que le falta. Pero me he relacionado con personas de muchos países europeos y también les pasa. Así que, más que algo español, diría que es una costumbre bastante europea fijarse en lo negativo (risas).

Aunque también creo que, en parte, por eso se vive tan bien aquí: porque la gente no se conforma con cualquier cosa. Exige calidad de vida, y eso está muy bien. Pero también es importante parar, mirar a nuestro alrededor y agradecer todo lo que tenemos.

Para mí, es un hábito muy importante detenerme y agradecer las cosas cotidianas, esos pequeños detalles que hacen que la vida sea tan bonita. Creo que se pueden hacer las dos cosas a la vez: intentar mejorar y agradecer lo que ya tenemos.

P.: ¿En qué momento entendiste que enseñar España en tus redes podría convertirse en tu trabajo y, además, en tu propósito?

R.: Cuando tenía unos 80.000 suscriptores, empecé a darme cuenta de que quizá algún día llegaría a los 100.000. Esa es la cifra a partir de la cual YouTube te entrega la famosa placa. Llegar a los 100.000 y tenerla es como convertirte oficialmente en youtuber.

Entonces empecé a comprender que, por alguna extraña razón, tenía una comunidad muy fiel a la que le gustaba mucho conocer mis percepciones sobre España.

P.: Después de todos estos años, ¿qué significa España para ti?

R.: España significa muchísimo para mí porque es el lugar donde me descubrí a mí misma y descubrí lo que realmente valoro en esta vida. Me enseñó que no existe una única forma de vivir.

Antes me daba muchísimo miedo salirme del camino que ya estaba trazado para mí en mi país, esa carretera asfaltada, por decirlo de alguna manera. Pero me mudé al otro lado del mundo, sola, sin conocer a nadie, y elegí ese camino sin asfaltar, sin señales. A veces es ahí donde encuentras los lugares más increíbles, los que no aparecen en Google Maps. Y eso es justo lo que me pasó a mí.

Después de ocho años, sigo creando mi propio camino en España. Aunque a veces aparecen obstáculos, continúo descubriendo cosas maravillosas cada día y disfrutando del recorrido. Estaré eternamente agradecida a este país y a su gente por enseñarme una forma de vivir tan diferente y tan bonita. Esa frase quizá suene como si me fuera de España, pero no me podéis echar tan rápido (risas).