Educación

Pep, el niño valenciano con síndrome de Dravet, que estaba sin colegio volverá a clase

Pep con su madre Gloria. Telecinco.es
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"Estamos contentos porque nos solucionan un gran problema", así se siente Gloria Doménech, a tras conocer que por fin su hijo Pep va a tener un colegio al que asistir después de dos meses sin asistir a clase.

El pequeño de seis años sufre el síndrome de Dravet, un tipo de epilepsia genética infantil rara que le provoca una grave discapacidad. A pesar de su enfermedad, Pep pudo hacer la educación infantil en un centro ordinario en su localidad, Carcaixent (Valencia), pero cuando tenía que pasar a Primaria, Educación le comunicó a los padres que tenía que asistir a un Colegio de Educación Especial (CEE). Un ofrecimiento al que los padres se opusieron y solicitaron una plaza en un aula UECO, un espacio inclusivo para niños con necesidades especiales en un colegio ordinario. Sin embargo, Pep nunca se llegó a integrar y a finales de noviembre decidieron sacarlo de clase. "Le generaba estrés porque el aula y el colegio no estaban adaptados para niños con necesidades especiales", explica Gloria.

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Tras agotar todas las instancias educativas y reunirse con responsables de su ayuntamiento, las nuevas opciones que les dieron eran esperar a septiembre para entrar en un colegio de educación especial o recibir educación domiciliaria. Unos ofrecimientos que rechazaron porque consideraban que no cubrían las necesidades de su hijo.

Solución a medias

Después de la incertidumbre, por fin ha llegado una solución. La Conselleria de Educación les ha comunicado que tienen una plaza para Pep en un Colegio de Educación Especial de Algemesí (Valencia), donde viven los abuelos del pequeño. "Era el centro que queríamos. Es un colegio nuevo que va a ser pionero en la Comunidad Valenciana", afirma Gloria, que todavía no conoce las condiciones exactas que se encontrará Pep. "En las clases creo que habrá unos cinco niños y otros tantos educadores, tiene aulas blancas para evitar que los niños autistas se hagan daño si sufren alguna crisis", explica.

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Un centro con clases divididas por edades, en los que la formación se ajustará en función de las capacidades de los alumnos. "Realizarán actividades psicomotoras, cognitivas y a aquellos que puedan les enseñarán a leer y escribir", cuenta.

A lo que se han visto obligados a renunciar por asistir a este colegio es al transporte escolar. "Nos han dicho que como no corresponde a nuestra zona tenemos que llevarlo y traerlo nosotros, pero nos merece la pena hacerlo".

Con esta alternativa, Pep tendrá un centro donde retomar las clases, aunque sus padres hubieran preferido que hubiera seguido su formación en un colegio ordinario adaptado. "Esto supone un fracaso a nivel institucional porque se demuestra que la educación inclusiva no existe".