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Cierra Huerta San Vicente, uno de los últimos comercios tradicionales del centro de Valencia: "La ciudad está perdiendo su sello"

Después de 34 años de historia Huerta San Vicente bajará la persiana. Telecinco.es
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En la clásica cristalera de Huerta de San Vicente aparecen varios carteles que anuncian su triste final. Junto a los maniquís y las flores se puede leer "Liquidación por cierre". Después de 34 años vendiendo muebles y ropa en el número 31 de la céntrica calle San Vicente, su propietario, Javier Tamarit, se ve obligado a bajar la persiana de uno de los últimos pequeños comercios que quedan en el centro de Valencia. "Yo soy jubilado activo y me gustaría seguir, pero cuando el contrato de alquiler se termina y se incrementa a un precio que no puedes afrontar, te quedan pocas opciones", explica Javier.

Es la puntilla a la tienda, que ya empezó tras la pandemia a perder clientes con el auge del comercio online. "Las grandes marcas tras el covid se tomaron muy enserio la venta por internet y nos destrozaron porque nosotros no podemos enfrentarnos a eso".

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Un cierre que, además, supone la pérdida del puesto de trabajo de los empleados que han estado junto a Javier al frente del negocio. "Cuando desaparece una tienda como la mía, tienes que despedir a las personas que trabajan contigo. Empleadas como Toñi, que lleva 20 años en la tienda, que son la imagen del comercio y que ahora con 60 años no encuentra trabajo".

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Lucha por la supervivencia

Abierta en 1.992, la Huerta de San Vicente ha sobrevivido a momentos muy difíciles. La crisis de 2008 supuso la ruina de Javier. En aquel momento tenía una fábrica de muebles y tiendas por toda España. "Si no se vendían pisos tampoco se vendían muebles. Un día abrí la carpeta de pedidos y solo tenía uno, así que tuve que cerrar la fábrica con 50 empleados y todas las tiendas menos esta".

Después de años de duro trabajo, las deudas se acumulaban. "No podía ni comprarle una bicicleta en Navidad. Me tuve que inventar una carta de los Reyes Magos diciendo que por causas especiales no había podido llegar la bicicleta y que la traerían en primavera. Al final vendí y un reloj y se la pude comprar", recuerda.

A pesar de las dificultades, Javier consiguió salir adelante con mucho ingenio. "Una clienta me dijo ahora nadie compra muebles, ni una lamparita, con el gusto que tiene usted si pone ropa nosotras se lo compraremos porque queremos estar guapas en esta maldita crisis", explica.

Una petición que no cayó en saco roto. Javier empezó a comprar todas las revistas de moda que encontraba para conocer las tendencias e introdujo la ropa en la tienda. "También empecé a poner todo lo que me gusta a mí, como vinos, aromas, perfumes, macetas y la tienda se convirtió en algo muy bonito".

Abandonados por las instituciones

Durante toda su andadura, Javier ha visto en primera persona la transformación de los comercios del centro de Valencia. Un cambio que achaca a la falta de apoyo que los pequeños empresarios encuentran en el ayuntamiento. "Hay ciudades como París que protegen los comercios antiguos, pero aquí es al revés, pagar el IBI cada vez más caro, la dificultad de encontrar licencias y te dan ganas de irte".

Una ayuda que tampoco ha encontrado en otras instituciones. "Con la pandemia me dieron un crédito ICO al 3% que todavía estoy pagando. Si todo esto lo sumas no te queda otra que cerrar".

Un cierre que llegará a primeros de mayo. "Es una suma de sensaciones como frustración o nostalgia. Aquí he estado media vida y he disfrutado de cosas muy bonitas. Lo que me más me molesta es tener la obligación de cerrar por circunstancias que no merezco".

En su lugar, abrirá otro negocio de comida para llegar. "El centro está lleno de estos establecimientos. En esta calle se venden pizzas, empanadas argentinas y de todo. La ciudad está perdiendo su sello", lamenta.