Una reconciliación entre Carlos Lozano y Cristina Piaget que podría ser la última
A veces no es el enemigo quien te derrota, sino la incapacidad de caminar juntos cuando más falta hace. En Gran Hermano, las alianzas que no se cuidan pueden romperse justo antes de la meta.
Anoche cenaban juntos en la suite Carlos Lozano, Cristina Piaget y Belén Rodríguez. Si hubieran sido capaces de cenar los tres del mismo plato desde el principio las cosas les hubieran ido mejor. Ojalá haberles visto sabiendo combinar la experiencia de Carlos y el hipnótico imán de Cristina con el conocimiento sobre Gran Hermano que tiene Belén. La alianza de Belén con Carmen Borrego fue un error y esta terminó siendo su verdugo. Por su parte, al dúo de Carlos y Cristina les ha perjudicado ir constantemente de enfado a reconciliación, evitando dar la imagen de cohesión y confianza que sus seguidores esperaban de ellos.
Ayer Carlos y Cristina tuvieron la enésima reconciliación después del conflicto con la tortilla de la noche anterior. Ya sabemos que sufren ciertas privaciones con la comida, pero es triste que una tortilla enfrente a dos personas que se llevan bien y se necesitan mutuamente. Carlos celebró que Cristina pidiera perdón por primera vez, al menos a él. Y Cristina se emocionó con la generosidad de su compañero, cerrando el conflicto con un abrazo tendidos en la cama. Bonita estampa que ojalá no se hubiera tenido que producir. Tras haber luchado contra carros y carretas durante un mes que parecen miles, como dijo Jesucristo en el huerto de Getsemaní, no merecen ahora separarse quedando poco para la recta final del concurso.
La confianza es buena, pero cuando se convierte en soberbia, deja de ser una fortaleza
Es gracioso que Anita Williams se burle de Cristina porque tiene pocos seguidores en redes sociales en comparación con los suyos. Aparte de ignorar hasta qué punto eso es indiferente para hacer mejor o peor papel en este concurso, tampoco se está dando cuenta de que cada uno puede presumir de lo suyo, aunque es preferible no hacerlo públicamente. Cristina tiene una brillante carrera de modelo, musa de algunos de los más importantes modistos y un cerro de portadas en las principales revistas del mundo. Cuando Jorge Javier Vázquez hablaba el pasado jueves del respeto a la trayectoria de los concursantes más veteranos entiendo que se refería a esto. No quiere decir que merezcan menos respeto los jóvenes, pero les falta una trayectoria de la que poder presumir, como es lógico. A cambio, se contentan con las migajas, o sea, el número de seguidores en redes sociales.
Es ridículo que estén convencidos de su superioridad respecto a quienes tienen menos seguidores que ellos. Tanto que hasta da un poco de lástima. Es bueno tener confianza en uno mismo, pero la verdadera confianza va acompañada de humildad. Esto me hace recordar la historia del profesor y el barquero, donde el primero no valora lo que pueden atesorar los otros. El exceso de confianza a veces te hace caer de bruces ante la cruda realidad. Intentaré rescatar de mi memoria la historia. Cierto reconocido profesor iba cruzando un río en una pequeña barca y decidió entablar conversación con el barquero. Le pregunto entonces si había estudiado filosofía, y ante la negativa del barquero volvía a preguntar el profesor si estudió alguna vez matemáticas, para finalmente interesarse por si había estudiado ciencias.
Tras cada respuesta negativa del barquero hacía el profesor un comentario parecido a este: “Ha perdido usted gran parte de su vida”. El comentario fue más grave tras la última de las preguntas, momento en el que sentenciaba: “Sin estudios su vida está prácticamente desperdiciada”. Fue terminar de hacer este comentario y la barca se estrellaba contra una roca, comenzando a hundirse de manera dramática. El barquero miró al profesor y, con toda la calma, preguntó: “Señor, ¿sabe usted nadar?”. “No”, respondió alarmado el profesor, a lo que el barquero respondía: “Entonces, lo siento mucho, porque usted puede perder toda su vida”. La confianza en uno mismo es buena, pero cuando se convierte en soberbia, deja de ser una fortaleza.
Raquel Salazar no contempla la posibilidad que se pueda marchar hoy
Hablando de confianza, me sorprende que tenga tanta Raquel Salazar respecto a que será Carlos Lozano el expulsado. Lo da por supuesto y así se lo ha transmitido a los de su grupo, empezando por su compañero de dúo Antonio Canales. Este no podemos saber lo que opina porque a cada uno le dice una cosa diferente. A Cristina le dijo que se va a marchar Raquel, mientras que hablando con Belén había pronosticado que será Cristina la expulsada. Seguramente a alguien le habrá dicho que tiene la corazonada de que hoy es el último día en la casa de Carlos Lozano. Una vez más “Canales de día, Canales de noche”, como acuñó con gran acierto Belén Rodríguez.
El caso es que Raquel no contempla la posibilidad de que se pueda marchar hoy. Otro caso de gran confianza en sí misma, lo cual celebraría si no fuera por el daño que ha hecho a algunos de sus compañeros en un mes de encierro compartido. De cualquier modo, respeto su positivismo, lo que no consiento es esa afirmación sobre la segura expulsión de uno de los grandes protagonistas de este GH Dúo. No, no y no. Grandes protagonistas han sido Carlos y Cristina, de eso no cabe ninguna duda. Raquel ha jugado en otra liga. Sin aportar ninguna trama personal, se ha colgado del hostigamiento de la mayoría hacia Cristina para tener algo con lo que destacar. Y cuando han conseguido desestabilizar por completo a esa concursante empieza poner todo su empeño en lograr que se separe de Carlos. Lo de divide y vencerás es de uso general desde la Roma imperial.
Puede que Raquel tenga motivos para estar confiada. No ha sido pequeña mi sorpresa al saber, por la nota de prensa relativa a la gala de esta noche, que los porcentajes de voto de los tres nominados están muy igualados. Despedimos el Cuentas pendientes del domingo con Ion Aramendi comunicando que había un porcentaje destacado y, nada menos, que a 20 puntos del más bajo. Entre tres una diferencia de 20 puntos no es nada parecido a una igualdad. Por eso es algo inesperado para mí que se hayan acercado tanto los porcentajes como parece. Si fuera así, la realidad se aleja de lo que se puede observar en cualquier encuesta sobre esta decisiva expulsión, donde Raquel saldría por un porcentaje récord en esta edición, como pronostiqué en el escrito del pasado viernes. Pero esta incertidumbre es Gran Hermano en estado puro.
Moleskine del gato
Explicaba ayer Cristina Piaget el numerito de los huevos arrojados al exterior, que por lo visto se estrellaron contra un cristal, por lo que en ningún caso habrán podido ser encontrados en el suelo por los vecinos de Tres Cantos. Se justificaba así: “Cogí tres huevos limpiamente y los tiré contra la pared. Esto ya es sarna”. Y ya se sabe que sarna con gusto no pica. Y la saña tampoco.
Anita confirma que quiere ser niña en el bautizo, novia en la boda y muerta en el entierro ofreciéndose a oficiar la ceremonia de confesión de Cristina. Quería la modelo purgar sus culpas sobre su numerito de los huevos explicando que le pudo la ira y se enajenó. Diría que vive enajenada, en realidad. Anita le negó la beatificación para terminar absolviéndola.
Belén ha peleado todo lo que ha podido para que no se siguieran produciendo algunas injusticias detectadas. Mientras que a Cristina no la dejaron que pisara la cocina porque las reglas de la prueba no se lo permite a los “humanos”, el martes veíamos a Anita detrás de Juanpi dándole instrucciones sobre la forma de hacer una pasta a la carbonara. Y eso que ya había advertido Belén de que debía decírselo desde el otro lado del ojo de buey que separa la cocina del salón. Ayer quería Raquel indicarle a Canales cómo se deshuesa un pollo y volvía a intentar hacerlo desde dentro de la cocina, justo aquello que le habían prohibido a Cristina. “Si entras en la cocina, Cristina también puede hacerlo”, le dijo Belén. Esfuerzo inútil el suyo por poner cordura y justicia en una situación de por sí tan demente como injusta.
Esta noche tenemos una fiesta, que será la fiesta del amor. Con visitas y mensajes de personas importantes para los concursantes, que celebrarán un San Valentín adelantado dos días. También comenzará la nueva prueba semanal, donde prepararán un baile en honor del santo del amor. Es decir, la clásica prueba de baile que la mayoría de concursante están siempre esperando. Aunque lo más importante de la noche, por encima de lo dicho o de que comenzará la competición individual al romperse definitivamente los dúos o tríos, es que se dilucidará la expulsión más importante de toda la edición. Una expulsión en la que se dirime algo más que la salida de un nominado u otro. Se trata del triunfo de las víctimas o de sus verdugos. Así es, al menos, como lo ve este gato veterano.
