Noruega

La nueva vida de Marius Borg en prisión ante el inminente cierre del centro: piscina, comida tailandesa, yoga y más visitas

Marius Borg en una imagen de archivo. Cordon Press
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En apenas 15 días, Marius Borg, hijo de la princesa heredera Mette-Marit y protagonista del mayor escándalo judicial que ha salpicado a la familia real noruega en décadas, conocerá su sentencia.

Acusado de 40 cargos, entre los que se encuentran violaciones, agresiones sexuales y delitos relacionados con las drogas, el joven permanece en prisión preventiva desde el pasado mes de febrero en una de las cárceles más emblemáticas de Noruega: el centro penitenciario de Oslo. Sin embargo, antes de que termine el mes de junio, cerrará definitivamente sus puertas. Y la situación de Marius ha cambiado por completo.

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Mientras espera la sentencia, Borg vive sus últimos días en una prisión que está siendo vaciada antes de su demolición. El cierre del centro ha provocado una situación muy particular: menos presos, instalaciones cada vez más despejadas y una rutina penitenciaria totalmente diferente respecto a la que vivió a comienzos de año.

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El cierre de la prisión de Oslo y el destino de Marius Borg

La prisión de Oslo, inaugurada en la década de 1930, cerrará a finales de junio después de que las autoridades concluyeran que sus instalaciones ya no cumplen las condiciones básicas. El complejo será demolido dentro de un proyecto de renovación penitenciaria y será sustituido por una nueva cárcel de alta seguridad cuya apertura no está prevista hasta 2031.

Desde hace meses se está llevando a cabo el traslado de los reclusos. La población penitenciaria ha ido disminuyendo conforme los internos han sido derivados a otros centros del país, una circunstancia que ha modificado la vida diaria dentro de la prisión.

Precisamente por ello, una de las grandes incógnitas es qué ocurrirá con Marius Borg cuando llegue el cierre definitivo. Las autoridades todavía no han confirmado su destino, aunque los medios noruegos apuntan a tres posibles alternativas: su libertad, su traslado a la prisión de Romerike, situada a unos 40 kilómetros de Oslo, o al centro penitenciario de Ilseng, bastante más alejado de la capital. La cercanía de Romerike facilitaría las visitas de su entorno más cercano y por ello se considera la opción más probable.

Su nueva vida ante el inminente cierre de la prisión

El hijo de Mette-Marit permanece encarcelado desde el 1 de febrero, un día antes del inicio del juicio. Desde entonces se encuentra en prisión preventiva a la espera de conocer el veredicto, previsto para el 15 de junio.

Durante el proceso judicial, sus abogados han intentado en varias ocasiones conseguir que pudiera abandonar la cárcel o cumplir la medida cautelar en su domicilio con vigilancia electrónica. Todas las peticiones han sido rechazadas, incluso después de llegar al Tribunal Supremo noruego.

La situación del hijastro del príncipe Haakon dentro del centro ha sido especialmente delicada debido a la gravedad de los cargos que afronta. Según explicó él mismo ante el tribunal, ha permanecido en régimen de aislamiento y sin contacto con otros internos por motivos de seguridad. También aseguró haber sufrido problemas de sueño, pérdida de apetito, dificultades de memoria y un importante desgaste psicológico derivado del encierro.

Las autoridades penitenciarias han considerado que mantenerlo separado del resto de reclusos era la opción más segura debido al interés mediático del caso y a la naturaleza de las acusaciones que pesan sobre él.

Sin embargo, la prensa noruega ha revelado este mismo lunes, 1 de junio, que la actual vida de Borg en prisión ha cambiado y ahora está lejos de la imagen tradicional de una cárcel masificada.

En una carta dirigida a la Dirección Noruega de Servicios Penitenciarios, el director de la prisión ha descrito cómo están siendo estas últimas semanas. Tal y como recoge 'Se og Hor', tanto Marius como los reclusos restantes tienen más tiempo al aire libre, no están en aislamiento y gozan de mucha más libertad en su día a día de la que normalmente es posible en prisión.

El director de la prisión ha explicado que, entre otras cosas, disfrutan del doble de horas de visitas, el doble de horas para el toque de campanas, actividades de ocio al aire libre y yoga al aire libre. También habla de la posibilidad de cocinar por cuenta propia y de tener una cocina con barbacoa.

Además, el menú de los viernes también difiere del de un día normal en prisión: comida tailandesa para el almuerzo, pan casero escolar, tacos y helado de postre.

Aunque lo más llamativo es la piscina que han habilitado para el uso de los prisioneros.

El director de centro ha subrayado que esta no es la vida penitenciaria habitual, y ha dejado claro que la situación es "extraordinaria".

A la espera de una sentencia histórica

Mientras tanto, la incertidumbre sobre el futuro de Marius es total. La Fiscalía solicita una condena de siete años y siete meses de prisión tras acusarle de decenas de delitos, entre ellos agresiones, violencia en relaciones cercanas, quebrantamientos de órdenes de alejamiento y varios delitos sexuales. Borg niega las acusaciones más graves, aunque sí ha admitido algunos cargos relacionados con drogas y con el incumplimiento de medidas judiciales.

El juicio, que se prolongó durante siete semanas, ha sido uno de los procesos penales más seguidos de la historia de Noruega. El veredicto está previsto para el 15 de junio y podría marcar un antes y un después para la monarquía noruega.

Hasta entonces, Marius Borg seguirá viviendo una situación tan insólita como simbólica: encerrado en una cárcel que se prepara para desaparecer del mapa, mientras espera conocer si su futuro inmediato pasa por la libertad, por un traslado a otro centro penitenciario o por una larga condena en prisión.