Sergio Peris-Mencheta reinterpreta los ‘Tres cerditos’ para señalar la crisis de la vivienda: "Cuando viene el lobo hace falta que uno se ponga delante"
Peris-Mencheta denuncia los desahucios porque “hoy el cerdito es el obstáculo y la casa la recompensa”
Todo sobre la acampada en la Puerta de El Sol en Madrid por el problema de la vivienda en España
MadridLa acampada en la Puerta del Sol, Madrid, en demanda de un decreto que ponga las bases para solucionar el problema de la vivienda en España y en apoyo a Maricarmen, la anciana de 87 años desalojada de casa por la empresa inmobiliaria que se había hecho con la propiedad, ha contado con la participación del actor y director de cine Sergio Peris-Mencheta. Desde el estrado, Peris-Mencheta ha reinterpretado el cuento popular de ‘Los tres cerditos’ bajo el título ‘Los tres créditos’, una versión en la que, según afirmó, “hoy el cerdito es el obstáculo y la casa la recompensa”.
"Hasta que el lobo descubre que para llevarse una casa tiene que echarnos a todos”
Peris‑Mencheta comenzó reconociendo que de niño “lo entendí mal”, porque en su versión actual “hoy el cerdito es el obstáculo y la casa la recompensa”. Partiendo de eta base, el actor comenzó el cuento sobre los tres cerditos que construyen casas de paja, madera y ladrillo, y un lobo que las derriba. Pero el actor subrayó que los relatos también envejecen: “los cuentos se marchitan y envejecen porque los lobos aprenden”. Frente a ello, añadió, los cerditos también han aprendido que “una casa de paja puede resistir si alrededor hay suficientes manos” y que, "cuando llega el lobo, hace falta que uno se ponga delante de la puerta. Y después se ponga otro. Y otro. Y otra. Hasta que el lobo descubre que para llevarse una casa tiene que echarnos a todos”.
A partir de ahí, el actor enlazó tres historias reales que simbolizan cada una de esas casas. La primera, la de Adolfo, inmigrante peruano que vivía con su hija y un nieto con discapacidad. Su hogar, explicó, era de paja porque “bastó el impago de un crédito que ni siquiera era suyo para que apareciera el lobo. Con fecha, con hora y con un expediente”.
La segunda historia fue la de Marta, refugiada que escapó de una guerra y de la violencia machista. Cruzó fronteras con sus cuatro hijos y consiguió trabajo, confiando en que cumplir las reglas sería suficiente. Sin embargo, descubrió que “el crédito siempre te lo concede otro”.
La tercera casa, la de ladrillo, era la de Maricarmen, desalojada el miércoles 23 de septiembre. Peris‑Mencheta recordó que llevaba “87 primaveras, 70 y una de ellas viviendo en el mismo hogar”, al que llegó en 1956 con un contrato firmado por su padre porque “entonces las mujeres necesitaban a un hombre para firmar ciertas cosas”. Tras casi mil alquileres pagados, su vivienda estaba hecha de recuerdos: “del ruido del ascensor del vecino que ya no está, de la luz que entra por la cocina a la misma hora de cada tarde, de unas acuarelas compradas en París, una alfombra de Turquía de 70 años trayendo el mundo a casa”. A esa edad, dijo, “la memoria deja de vivir dentro de uno y resuena por las habitaciones”. Maricarmen pensaba que, después de 71 años, “la vida le debía ya algún crédito, por mínimo que fuera”.
El actor profundizó en su reflexión sobre el cuento original: “creí que el lobo le divertía derribar las casas. Pero no, la casa era el obstáculo, el cerdito era la recompensa”. En la actualidad, añadió, el lobo “ya no sopla, ahora llega con edictos, con una comisión judicial, con un cerrajero”, y de un soplido “te conviertes en un extraño delante de tu propia puerta”. Recordó que todos necesitan un refugio y que llega una edad en la que una casa “deja de ser el sitio donde vives y pasa a ser el único lugar que todavía sabe quién eres”. Cuando te sacan de ella, “pierdes el único rincón del mapa que todavía puede reconocerte”.
La lectura concluyó con una crítica directa al incumplimiento del derecho constitucional a la vivienda: “Y colorín colorados de vergüenza nos quedamos porque había una vez un artículo 47”.