Día Mundial de la Patata Frita

Bravas, belgas, a lo pobre o suflé: ¿cuál es tu receta de patatas fritas favorita?

Patatas bravas
Patatas bravas. telecinco
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Aunque seguimos sin poder atribuir la invención de las patatas fritas a un país concreto -sentimos comunicarte que se mantiene la disputa histórica entre franceses y belgas-, en este Día Mundial de la Patata Frita queremos repasar aquellas recetas que más adeptos han ganado dentro y fuera de nuestro país. Obviamente, hay muchas más, desde las arrieras (con salsa alioli y gambas al ajillo) hasta las chulas (con ajo y perejil), pasando por las patatas al pelotón (con huevos y jamón ibérico) o las salteadas (fritas en aceite y mantequilla). Pero la idea es rendir un pequeño homenaje a esas creaciones tan humildes como irresistibles que cualquiera puede preparar en casa y de las que resulta literalmente imposible cansarse.

Al menos en nuestro país, donde existe una gran tradición patatera. Porque si los franceses fueron los primeros en documentarlas, los belgas la convirtieron en su plato más representativo (acompañándolas con mejillones) y los americanos fueron los encargados de popularizarlas bajo el nombre de “French fries”, hemos sido los españoles los que hemos sabido crear un sinfín de recetas que gustan a todo el mundo porque combinan sal, grasa, carbohidratos y una textura crujiente que es la encargada de estimular el cerebro. Una mezcla perfecta que activa los centros de placer y recompensa en tiempo récord.

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Patatas bravas

Las patatas bravas son uno de esos clásicos de nuestra cocina que todos los foráneos quieren probar cuando visitan los bares más castizos de Madrid. Su origen se sitúa a mediados del siglo XX y, aunque existen diferentes versiones sobre su creación, con el tiempo se han convertido en un plato muy extendido por toda España. Aunque, todo hay que decirlo, no siempre están preparadas con el suficiente cariño (y respeto). De hecho, cada vez cuesta más encontrar unas buenas bravas, incluso en la capital. Dicho esto, en la típica ración de patatas bravas encontrarás patatas cortadas en trozos irregulares que se fríen hasta quedar doradas y crujientes por fuera y tiernas por dentro. Se sirven acompañadas de salsa brava, elaborada habitualmente con aceite, pimentón y otros ingredientes -ninguno de ellos es el tomate- que aportan un sabor intenso y picante. En algunas zonas también se acompañan con alioli o mayonesa y reciben el nombre de patatas bravioli.

Frites con mayonesa
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Patatas belgas

Conocidas internacionalmente como frites, son uno de las recetas más representativas de la gastronomía de Bélgica, de ahí su nombre, y forman parte de su tradición culinaria desde hace tiempos inmemoriales. Desde entonces se viene desarrollando una importante cultura alrededor de esta preparación, que se consume tanto como plato como acompañamiento. Se trata de unas patatas cortadas en bastones gruesos que normalmente se fríen dos veces: primero, a una temperatura más baja para cocinar bien su interior, y después, a una temperatura más alta para conseguir una superficie dorada y crujiente. Se suelen servir con diferentes salsas, como la Andalouse o la Samuraï, que suelen compartir protagonismo con la clásica mayonesa.

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Patatas a lo pobre

Cómo nos gusta este plato tradicional de la cocina española históricamente relacionado con Andalucía y que nació como una preparación sencilla, a la par que económica, que permitía aprovechar ingredientes básicos disponibles en todos los hogares. Su nombre hace referencia precisamente a su origen humilde, pero no vayas a pensar que eso les resta un ápice de interés a nivel gastronómico. ¡Toma nota! La receta de patatas a lo pobre consiste en cocinar patatas cortadas en rodajas con cebolla y ajo, aunque también hay quien le añade pimientos, utilizando abundante aceite de oliva (lo de virgen extra o no lo dejamos a tu elección). Se deben preparar a fuego lento para que las patatas queden tiernas y ligeramente doradas, y es una guarnición muy habitual tanto para carnes como para pescados o huevos.

Patatas suflé

Vale, no son nada fáciles y damos por sentado que no te van a salir a la primera (tampoco a la segunda). Pero, haznos caso, merece la pena intentarlo una y otra vez hasta que consigas dominar la técnica que te permita bordar esta preparación de origen francés conocida por su aspecto ligero y crujiente. En este caso se trata de una doble fritura con dos temperaturas diferentes que permite que las patatas se hinchen y formen una especie de pequeño globo, resultando crujientes por fuera y huecas o muy ligeras en su interior. Para preparar estas patatas soufflé tendrás que cortarlas en láminas finas y uniformes para freírlas inicialmente a una temperatura moderada y, en una segunda fase, se introducen en un aceite más caliente, que es el que provocará que se inflen. Por su dificultad técnica y su presentación, te recomendamos que antes de ponerte manos a la obra te pases por Zalacaín y prestes mucha atención a cada detalle.