De banquero a ganar el premio a las mejores patatas fritas del mundo: “Abrimos hasta que se terminan"

La historia de Javier San Pio, fundador de San Fries, las patatas fritas que se agotan a diario y por las que se hace cola en la calle Mayor de Madrid
Sabina Banzo nos cuenta su truco en la airfryer para que las patatas fritas queden blandas por dentro y crujientes por fuera
Después de más de 30 años como gestor en la banca privada, Javier San Pio Garrido decidió que tenía que dar un vuelco a su vida profesional. Buscaba una nueva ilusión y en ella entraba el emprendimiento, necesitaba una idea de negocio y acabó encontrándola en el lugar menos esperado: las patatas fritas. Un comentario de su hermano sobre unas patatas fritas que había probado durante una visita a Lisboa cambió para siempre su destino, despertó su curiosidad y el resto es historia. Acaba de coronarse como campeón del mundo de patatas fritas en el certamen celebrado el pasado 26 de septiembre en Arras (Francia) en la categoría Frite du monde. Un español llega y arrasa entre los expertos de los países históricamente vinculados al consumo y la cocina de las patatas fritas.
Viajes, principalmente a Bélgica y Holanda, y mucha observación llevaron a Javier al momento de la prueba y error con la materia prima, la técnica, las salsas, los toppings… Incluyendo en este proceso un puesto durante unos meses en el Mercado de las Maravillas que, según ha contado en diversas ocasiones, no funcionó demasiado bien, pero que le sirvió para saber la dirección que tomar con sus San Fries en cuanto a cómo servir, qué ofrecer, etc. Finalmente, llegó a su propia fórmula (que siempre está en evolución) y la que le ha llevado al éxito en menos de un año con su primer establecimiento.
San Fries está ubicado en la Calle Mayor nº 44 de Madrid. Pero este éxito no se traduce solo en este premio internacional que le sitúa en el mapa, sino por conseguir que cada día haya largas colas frente a su local para comprar sus patatas fritas. De hecho, su lema en cuanto al horario ya delata lo que ocurre allí cada jornada: “Abrimos hasta que se terminan las patatas". ¿Y cuándo sucede? Según han contado en diversas entrevistas, una media tonelada o 600 kilos después.
El secreto es la patata
Esto no va de coger cualquier patata y freírla. Hay mucha investigación detrás y Javier no se cansa de explicar qué hace que las San Fries tengan algo que las diferencia. Son patatas españolas y, según confiesa el fundador, tras muchas catas buscando la patata ideal, la mejor para freír, encontró que los mejores resultados los obtenía con la variedad agria. Dentro de ella hay muchos tipos y todo varía mucho, incluso por el terreno en el que se cultiva. Cambian de patata cada temporada porque apuestan por patata fresca, una etapa del año, trabajan con patata gallega y otras de valencianas, andaluzas, murcianas…
En este negocio familiar, en el que están involucrados también sus hijos, hay una máxima que parece ser la que hace que merezca la pena hacer la cola. Son crujientes por fuera y cremosas por dentro, estas patatas pasan por una doble fritura en aceite vegetal especial (que cambian cada tres días) para la fritura de patata que traen desde Holanda y que lo convierte en un producto apto para el consumo por parte de veganos.
Una primera a baja temperatura que la cocina por dentro, la pocha, pero no la fríe, y una segunda, ya cuando la pide el cliente, a temperatura mucho más alta y que consigue su característico efecto crujiente. En solo un par de minutos tienes el cono en la mano, calentito y listo para ser consumido y disfrutado.
Cuánto cuestan las San Fries
Cuando llegue tu turno en San Fries, tendrás que elegir un tamaño del cono de patatas fritas: pequeño 3.5 €, mediano 4.5 € o grande 5.5 €. Después, si quieres, toca elegir salsas (traídas en su mayoría desde Holanda) y entre las que hay hasta 16 sabores sin gluten y sin lactosa, desde los más clásicos como mayonesa, kétchup y mostaza, a otras más especiales como la trufada, la de queso, la de roquefort, brava, curry… Esto suma 70 céntimos a la cuenta.
Para terminar, por otros 90 céntimos puedes elegir un topping (todos sin gluten): cebolla crujiente, chorizo, bacon, parmesano, cheddar, jalapeños y jamón ibérico. Infinitas combinaciones son posibles entre salsas y toppings, pero lo más importante es la calidad, el sabor y el crujido de la patata frita cuando te la llevas a la boca, y las de San Fries ahora tienen el visto bueno de los que más saben de la materia.
