EL MAKER DE LOS CHEFS

José Piñero, el artista de Alcoy que crea las vajillas de los grandes chefs: "Albert Adrià fue mi descubridor"

El chef Albert Adrià, del restaurante Enigma (2 estrellas Michelin), brindando con su maker de confianza, José Piñero
El chef Albert Adrià, del restaurante Enigma (2 estrellas Michelin), brindando con su maker de confianza, José Piñero. El Taller de Piñero
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Es probable que nunca le hayas visto y que nunca hayas oído su nombre. También que alguna vez hayas comido o bebido en una vajilla que haya sido creada en 'El Taller de Piñero', ya que José Piñero trabaja con algunos de los mejores restaurantes y coctelerías de nuestro país. Todo empezó el día que fue a entregarle uno de sus populares caracoles personalizados (tras leer la entrevista lo entenderás) al chef Albert Adrià, que rápidamente supo ver el talento del de Alcoy.

Pero el menor de los Adrià no solo fue su descubridor, también su mejor prescriptor. Porque, a partir de ese momento, fueron muchos los cocineros de primerísimo nivel que quisieron dejar en sus manos todo lo relativo a las vajillas de sus restaurantes. Desde Dabiz Muñoz a Quique Dacosta, pasando por Paco Roncero, Dani García, Ricard Camarena... Y un larguísimo etcétera que no viene al caso citar hoy porque lo importante es que hoy en día trabaja con todo tipo de proyectos hosteleros, no solo estrellas Michelin.

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Aunque lleva 35 años en el negocio de la decoración, su vinculación con el mundo de la alta cocina arrancó, por casualidad, hace 12 años. Desde entonces, él y su equipo -entre 60 y 70 personas- se han dedicado en cuerpo y alma a hacer realidad las ideas de los principales representantes de la gastronomía de este país. Y esto incluye a bartenders y profesionales de la coctelería del nivel de Simone Caporale o Diego Cabrera, entre otros.

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Como muestra el documental 'El maker de los chefs', todos los grandes de nuestra cocina quieren lucir en sus restaurantes esas "vajillas experimentales con historia" que no pudieron definir mejor los Adrià en su momento. Hablamos de todo ello con este profesional que tenía tanta hambre de empezar a trabajar, siendo aún muy joven, que ni siquiera se pudo permitir el lujo de terminar sus estudios en Bellas Artes.

¿Cómo empezaste en el mundo del arte y en qué momento decides especializarte en el mundo de la cocina y la coctelería?

Yo tengo desde hace 35 años un negocio de decoración de espacios, pero soy artista desde que nací. Empecé pintando murales, principalmente en garitos, y fui evolucionando hasta que me decidí a montar lo que es ahora El Taller de Piñero, un espacio con muchos oficios concentrados. Con el paso de los años se fueron incorporando muchos profesionales de diferentes gremios dentro de las mismas instalaciones y empezaron a llegarnos encargos que no eran solo de decoración, fue así como nos dimos cuenta de que éramos capaces de hacer muchas cosas. Había pasado de ser decorador de bares a fabricante de ideas.

Uno de sus llamativos vasos para Inclán Brutal Bar

¿Y lo de empezar a hacer vajillas para los mejores chefs del mundo ocurre un buen día por casualidad?

En realidad, todo empezó con un dibujo de un caracol. Que pasó de ser una cosa en plano a convertirse en escultura, que más tarde se hizo incluso una exposición con caracoles decorados, como la 'Cow Parade, que recorrió España... Y que terminó llegando a chefs como Alberto Chicote, Ramón Freixa o Pepe Rodríguez porque una empresa de Alcoy decidió regalar estos caracoles personalizados con la estética de cada restaurante a sus clientes, que eran chefs con estrellas Michelin. Cuando me enteré de quiénes iban a recibirlos, me entró mucha curiosidad por conocerlos, así que les propuse acompañarlos los días que fueran a entregarlos, pero sin pensar nunca en que ahí podía haber negocio.

Pero al final sí que lo hubo, ¿verdad?

Cuando llegó el día de la visita a Tickets, viajamos a Barcelona, se lo entregamos a Albert Adrià, le saludamos... Y después de decirnos que era muy chulo el caracol, nos preguntó quién lo había hecho. Y ahí fue cuando le empecé a contar a qué me dedicaba, le enseñé algunos trabajos que tenía en la tablet... Y me di cuenta de que, según avanzaba, se le iba iluminando la cara. Fue entonces cuando me dijo: "Tú eres la persona que yo llevo mucho tiempo buscando para hacer realidad unas piezas de vajilla que tengo en mente". Y a pesar de que me había sonado a chino lo de hacer una vajilla, como yo siempre he sido muy atrevido, le dije que me parecía perfecto (risas). Seguidamente, programamos una visita al taller y, a partir de ahí, fueron surgiendo otros proyectos como el de Heart Ibiza junto al Circo del Sol. así fue como empezamos a hacer nuestras primeras piezas de vajilla.

Entonces, podemos decir que Albert fue tu primer cliente.

Más que mi primer cliente, fue mi descubridor. Porque yo no me dedicaba a eso. Pero él supo ver en mí y en nuestra empresa el potencial necesario para poder llevar a cabo las historias que él tenía en mente. Digamos que yo tuve la suerte de empezar por la parte más alta de la pirámide, que son ellos. Y no lo digo solo por su cocina, sino porque son muy generosos. A ellos no les da miedo contar sus descubrimientos a los demás, tienen ideas de sobra. Otros lo hubiesen ocultado y posiblemente todo esto se hubiese quedado ahí. Pero ellos lo compartieron, por ejemplo, con Dani García, cuando fue a Heart Ibiza.

¿Y qué ventajas crees que tiene trabajar con este tipo de clientes? La mayoría irán bien de presupuesto...

Pues no es esa la mayor ventaja. Te diría que la primera es la reputación que te da trabajar con cocineros de este nivel. Mola mucho adentrarse en un sector así y empezar directamente con los más grandes, he trabajado prácticamente con todos (risas). Yo siempre digo que es un regalo del cielo poder trabajar junto a ellos. Porque compartir muchos momentos y al final terminamos teniendo una relación de amistad. Por otra parte, es evidente que a nivel creativo ellos son unas máquinas. Yo siempre he pensado que son personas que en algún momento de su vida decidieron ser cocineros, pero que si hubiesen decidido hacer otra cosa, también serían los mejores. Porque para hacer todo lo que hacen ellos tienes que ser bueno en muchas cosas.

A la hora de trabajar. ¿Suelen tener las cosas muy claras o te dan libertad?

Suele ser un trabajo en equipo. A veces hay quien te viene con la idea clarísima al cien por cien, pero también está el que llega y te dice: "Tengo que emplatar esto, a ver qué se te ocurre". Yo siempre recomiendo ir a conocer antes la propuesta del restaurante, algo que viene muy bien porque te pegas un buen homenaje, y que luego vengan ellos al taller. De esta manera pueden ver muchos ejemplos y es más fácil que estén enfocados en lo que tienen que estar centrados en ese momento. Pero, también te digo, hay veces que no ocurre ninguna de las dos cosas. Para mí lo ideal es que, si quieres hacer un buen trabajo, antes conozcas bien la sala y la propuesta en sí.

Me imagino que a ti te tocará llevarlos a comer cuando van de visita a Alcoy.

Así es, y los llevo siempre a Lolo (risas). Y todos alucinan, les encanta.

He visto que hablas en la web de "vajillas experimentales con historia". ¿Qué es lo más raro que has hecho?

En realidad ese término se le ocurrió a Albert y Ferrán, fue algo entre ellos dos. Al ser algo tan raro y que no existía... Pero es que, en realidad, todo lo que hacemos son cosas raras Por ejemplo, para los hermanos Roca hicimos una pieza que es el 'Nou Mon' y que venía a sustituir a una que ya tenían y que se llamaba 'Mon'. Básicamente, era un tronco con varillas que usaban para colocar snacks de diferentes partes del mundo. Y eso fue evolucionando, gracias a su gente de I+D, hasta llegar esa una bola del mundo que hemos fabricado nosotros y que se sostiene sobre un eje que está lleno de engranajes. Pues bien, de cada uno de esos engranajes sale una varilla, que es donde ahora se coloca cada snack, y después hay otra base de madera en la que se colocan cartelitos con el nombre de esos países. La idea es que el comensal juegue a acertar la procedencia de cada una de esas elaboraciones.

Una de sus creaciones más sorprendentes fue a parar a El Celler de Can Roca

También has desarrollado buena parte de tu trabajo en el mundo de la coctelería. Los bares te darán aún más libertad creativa...

Yo he hecho locuras he hecho en los dos ámbitos, la verdad (risas). En realidad, con el tema de la coctelería nos pasó algo muy parecido, también entramos por la puerta grande. Lo primero que hicimos fue para Dabiz Muñoz, que creo que fue uno de los pioneros en meter coctelería dentro de los restaurantes bueno. En este caso, hicimos un corazón y usamos las arterias para servir el cóctel. Pero el primer bartender con el que trabajamos fue el italiano Simone Caporale, que fue el mejor coctelero del mundo y ahora está en Sips (Barcelona), que también ha sido elegido mejor bar del mundo.

Desde fuera, puede parecer que solo trabajas con los grandes entre los grandes.

En realidad no es así. Porque, aunque yo empecé con los estrellas Michelin, poquito a poco me fueron contactando restaurantes más humildes que también tenían ganas de hacer las cosas muy bien. Y se dieron cuenta, por un lado, de que el precio no era prohibitivo, aunque, obviamente, siendo artesanía y con mano de obra española, los precios no van a ser como si lo estuvieran fabricando en China. El caso es que se terminó democratizando nuestro trabajo, ahora hay muchos restaurantes apostando por nuestras vajillas y dándole además muchísima visibilidad. Y esto también es muy interesante, porque ten en cuenta que cuando yo empecé con esto, hace 12 años, no existía Instagram, y el tema de las redes sociales no tenía nada que ver con lo de ahora. Te cuento esto porque creo que también han ayudado mucho a esa democratización.

Independientemente del tipo de restaurante, ¿qué papel juega una vajilla dentro de una experiencia gastronómica?

No te voy a decir un porcentaje como tal, porque eso depende de muchos factores, pero sí te diré que todo suma a esa experiencia. Creo que ir a comer a un buen sitio ya es de por sí toda una experiencia, pero una buena vajilla también te va a aportar en la parte visual. Creo que puede ayudar a que se comunique y se potencie el sentido del plato. Lo ideal es que haya una sinergia entre la comida y el recipiente donde va emplatada.

A veces te refieres al taller como 'el arca de Noé de los oficios'. ¿Cuántos estáis y cómo os organizáis?

Somos entre 60 y 70 personas, dependiendo del proyecto. Pero es importante matizar que la empresa está dividida en dos: 'El Taller de Piñero', que sería la que se dedica a la decoración, y 'Piñero Effect', que la creamos hace un par de años y se centra únicamente en el tema vajillas. En cuanto al proceso, lo normal es que, después de hablar con el cliente, yo haga un boceto y se lo pase a la escultora, en caso de que requiera esculpirse, es ella la que le da forma a todo esto que te estoy contando. Antes lo hacía yo todo, también lo esculpía... Y seguidamente se hace el molde, después las reproducciones, que se tienen que repasar, tapar poros, etc. Y luego ya iría la pintura, darle los tratamientos para el uso alimentario... Y de ahí a la mesa o a la barra, dependiendo del cliente.