Accidente

El análisis de un maquinista de Córdoba sobre el accidente de Adamuz: "Es perfectamente posible que no supiera que otro tren le había impactado"

Accidente ferroviario en Adamuz, Córdoba
Accidente ferroviario en Adamuz, Córdoba. Europa Press
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CórdobaLa tragedia ferroviaria de Adamuz ha dejado un país entero conmocionado. Decenas de víctimas, centenares de heridos y una investigación en marcha para esclarecer qué ocurrió exactamente en uno de los tramos más modernos de la red de alta velocidad española.

Una de las piezas clave para reconstruir la secuencia de los hechos es la llamada que el maquinista del tren Iryo realizó al centro de control tras sufrir lo que describió como un "enganchón". Según publicó el diario Cordópolis, el conductor alertó al centro de mando de Atocha de una anomalía en la marcha del tren y comunicó que había sufrido un enganchón poco antes del descarrilamiento. La conversación, de carácter técnico, incluía instrucciones sobre la operación de los pantógrafos y la verificación de los vagones, pero en ningún momento el maquinista mencionó haber sufrido un impacto con otro tren.

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Para entender mejor lo que pudo ocurrir en esos segundos críticos, hablamos con José Manuel Domínguez, maquinista jubilado de Córdoba, con 43 años de experiencia en la conducción de trenes de mercancías y pasajeros, y que durante los últimos 15 años de su carrera condujo trenes AVE y Alvia. Para Domínguez, la tragedia es el resultado de una combinación de mala suerte y coincidencias: el descarrilamiento del Iryo, la proximidad del Alvia y la composición particular de los vagones hicieron que la fatalidad se materializara.

"Es triste, una fatalidad. Ha sido mala suerte", comenta Domínguez. "Si el tren Alvia no hubiera pasado en ese momento, no estaríamos hablando de esto. Es la coincidencia del impacto lo que ha provocado esta tragedia".

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"No se dio cuenta de que un tren había impactado con sus vagones"

El veterano maquinista asegura que, a pesar de lo que muchos podrían pensar, es perfectamente posible que el conductor del Iryo no se diera cuenta de que otro tren le había golpeado. "Tajantemente sí. El tren Alvia pesa poco comparado con un Iryo. El Iryo pesa muchísimo. Si el impacto es de refilón, si no le da lleno… perfectamente puede no notarlo como un choque", explica. Cuando un tren de alta velocidad descarrila, los sistemas de emergencia se activan automáticamente y entra el freno de emergencia. Para el maquinista, cualquier latigazo o vibración posterior puede confundirse con esa frenada automática, y no con un impacto externo.

Domínguez subraya que en la cabina, incluso al recibir un golpe de otro tren, la sensación sería de un frenazo violento y brusco, no de un choque. "Ahí no hay negligencia ni mala praxis. Es algo que puede pasar. Tú vas en la cabina, notas un movimiento, un frenazo tremendo y lo achacas a la frenada de emergencia, no a un choque. Todo sucede tan rápido que ni eres consciente de lo que acaba de ocurrir".

El análisis del maquinista jubilado también apunta a la lógica de la reacción inmediata tras el descarrilamiento; una vez detenido el tren, la atención se centra en los vagones, los pasajeros y la seguridad de la cabina. "Baja, ve su tren descarrilado, y se preocupa de sus vagones, de los viajeros, de si hay heridos, de si hay fuego. El otro convoy queda a muchos metros. Era de noche. Él se centraría en lo suyo y tardaría en ser consciente de que había otro tren implicado. Seguro pensó que ese tren con el que se cruzó estaría camino de Córdoba".

"O falló la vía, o falló el tren"

Domínguez también analiza las posibles causas del accidente: "Aquí solo hay dos opciones; o es la vía, o es el tren. No hay más. O hay un problema en la infraestructura, o hay un problema en la rodadura del tren". Según él, la investigación deberá determinar si existía una anomalía en la vía (desnivel, rotura o desplazamiento del carril) o si fue un componente del tren, como un eje o un bogie, lo que provocó el descarrilamiento.

Aun así, explica que la tragedia podría haber sido aún peor. El tren Alvia circulaba con la composición invertida ese día, es decir, los vagones preferentes, más ligeros, iban delante junto al maquinista, mientras que los vagones turista, más llenos, quedaban en la cola. "Aunque cueste trabajo asimilarlo, podía haber sido todavía peor. Lo normal siempre es que los vagones turista vayan mucho más llenos, y si hubieran ido delante, la tragedia sería mucho mayor", afirma.

Su testimonio aporta perspectiva a la llamada del maquinista publicada por Cordópolis, en la que tanto el conductor como el operador del centro de control mantienen una conversación técnica sin transmitir aún una percepción de catástrofe. La primera llamada refleja tranquilidad y normalidad relativa porque, en ese momento, nadie era consciente de la magnitud del impacto. "Por eso en la primera llamada están tan tranquilos. Si hubiera sabido que otro tren había impactado, no estaría hablando así", concluye.

La tragedia de Adamuz es, según Domínguez, el resultado de una concatenación de factores inesperados. Un descarrilamiento grave, un segundo tren que pasa en el momento exacto, un impacto de refilón que desencadena la catástrofe, y unos segundos decisivos en los que ningún conductor podía prever la magnitud del desastre.