Entrevistas

La lección de vida de Rodri, un joven de 23 años que sobrevivió a un ictus: “Tuve que aprender a hablar, a masticar y a andar de nuevo”

Rodri Muñoz, tras sufrir un ictus con 23 años, disfruta del hecho de estar vivo
Rodri Muñoz, tras sufrir un ictus con 23 años, disfruta del hecho de estar vivo. Cedida
Compartir

Con 23 años, Rodri Muñoz llevaba la vida que había planeado. Trabajaba como Guardia Real y organizaba su futuro entre guardias nocturnas y entrenamiento personal. El deporte no era solo una afición: era su identidad. Gimnasio, boxeo, natación o esquí formaban parte de una rutina marcada por la disciplina.

Nada hacía presagiar que, en cuestión de horas, todo cambiaría. Hoy, tras sobrevivir a un ictus hemorrágico que lo dejó diez días en coma y más de tres meses hospitalizado, Rodri se ha convertido en un ejemplo de superación.

PUEDE INTERESARTE

Tras intentar durante dos años acceder a la Guardia Civil —aprobó los exámenes, pero no obtuvo plaza— decidió iniciar su carrera militar. Ingresó en la Infantería de Marina y fue destinado a la Guardia Real en enero de 2021. Allí reorganizó sus turnos para poder estudiar y seguir formándose como entrenador deportivo. 

Rodri durante uno de sus turnos en la Guardia Real
PUEDE INTERESARTE

El deporte era una de sus grandes pasiones. Se consideraba —y lo era— un joven sano, fuerte y acostumbrado al esfuerzo físico. “Estando en la guardia en el turno de noche me permitía estudiar cursos de nutrición, entrenador personal y monitor de gimnasio. Siempre he sido un chico muy deportista, tanto de gimnasio, boxeo, natación, esquí…”, cuenta el joven en una entrevista con Informativos Telecinco.

El síntoma que nadie espera a los 23 años

La mañana del ictus había terminado una guardia. Regresó a casa, desayunó, durmió unas horas y, al levantarse para ir al gimnasio, su cuerpo dejó de responder. “Me empecé a encontrar raro, a no sentir toda la parte derecha de mi cuerpo, a hablar mal, la baba se me caía y ya no me acuerdo de más”, relata.

Lo siguiente se lo contaron después: la ambulancia, la pérdida de conciencia, la decisión médica de inducirle el coma ante el riesgo de parada cardiaca. En el hospital, los cirujanos actuaron de urgencia para drenar una hemorragia masiva que había inundado más de la mitad de su cerebro

“Ahí vieron que lo que me había ocasionado el ictus hemorrágico era una malformación arteriovenosa de nacimiento que nunca había dado síntomas”, explica.

Rodri permaneció diez días en coma inducido y pasó más de tres meses ingresado, con varias intervenciones en el Hospital Universitario Puerta de Hierro de Madrid.

Rodri después de permanecer ingresado más de tres meses en el hospital

Despertar sin poder hablar

El despertar no fue inmediato ni sencillo. Durante los primeros días apenas era consciente de lo que ocurría. Cuando empezó a entender su situación, el miedo apareció de golpe. “Lo primero que pensé fue: ‘qué ha pasado, por qué estoy en una cama, por qué no siento nada de mi cuerpo y por qué no puedo hablar si sé cómo se hace’”.

¿Cómo detectar si está dando un ictus?
¿Cómo detectar si está dando un ictus?

Rodri no podía articular palabras con normalidad. La parte derecha de su cuerpo no respondía. Acciones básicas como sentarse o sostener un objeto eran imposibles. El alta hospitalaria, lejos de ser un alivio, fue uno de los momentos más duros. “El momento más duro vino cuando me dieron el alta y vi que no podía hacer cosas que antes sí hacía como: ducharme solo, comer solo, etc”.

Aquel joven independiente y físicamente fuerte se vio, de repente, completamente dependiente: “Fue lo más duro mentalmente y físicamente, me volví completamente dependiente de todo y mentalmente era un ‘niño de 12 años’”, dice.

El control de la frustración

La rehabilitación comenzó desde el primer día fuera del hospital. Durante meses, su jornada fue casi tan exigente como sus antiguas guardias: hasta cinco horas diarias de logopedia, fisioterapia, terapia ocupacional y neuropsicología. Hoy continúa con tres horas al día, tres veces por semana, además de seguimiento mensual.

Mensajes de apoyo que Rodri recibió en el hospital

La recuperación ha sido progresiva. Ha logrado volver a caminar con normalidad y recuperar casi por completo la movilidad del tren inferior. Sin embargo, su mano dominante sigue siendo un reto constante. Lo más difícil no es solo la limitación física, sino la batalla mental que la acompaña: “Lo más difícil fue y sigue siendo, el control de la frustración, porque tengo que pensar hasta como se pone la lengua para poder hablar”.

Cada palabra requiere concentración. Cada movimiento fino exige intención consciente. Algo que antes era automático ahora demanda esfuerzo.“Es muy muy frustrante y hay días que lo llevo mal y me enfado, pero es parte del proceso”.

Los pequeños logros

Si antes medía su progreso en marcas deportivas o metas profesionales, hoy lo hace en gestos cotidianos: cortar un filete sin ayuda, conducir de nuevo, viajar, entrenar. “Para mí estar vivo ya es un logro y por eso disfruto de todo lo que hago, y de estar con la gente que me quiere”, afirma.

Rodri celebra su cumpleaños en el hospital junto a sus padres

El apoyo de su entorno ha sido decisivo. “Sin duda, primero agradezco a toda gente que trabaja en el sector de la salud porque, sin ellos, no estaría yo aquí; y a mis padres y a mis hermanas, toda mi familia, mis amigos, la gente del trabajo, y las personas que he conocido nuevas este año y me aportan mucho”.

La red que le sostiene ha amortiguado los días malos, que los hay. Su novia, a la cual conoció después del ictus, es un pilar fundamental en su vida y en su recuperación. “Ella es enfermera y vio videos míos de Instagram y le llamé la atención por cómo era, lo valores que tenía... Y me escribió por redes”, cuenta.

Rodri junto a su novia, una enfermera a la cual conoció despues del ictus.

Rodri asegura haber cambiado profundamente. “He madurado muchísimo porque ahora doy importancia a las cosas que realmente importan, empezando con la salud, y terminando con toda la gente que quiero, es decir, para mí ahora las cosas materiales pasan a segundo plano. He aprendido que soy más fuerte mentalmente de lo que creía”.

“Vivir es un regalo”

Actualmente continúa de baja, pendiente de un nuevo tribunal médico que decidirá su futuro profesional dentro del ámbito militar. “Vieron que estaba mejorando cada día, así que me han dado una prórroga y tengo que volver a pasarlo. Lo llevo muy bien, sé que estoy dando todo por volver, y creo en mí”, exclama.

Cuando se le pregunta qué significa hoy vivir, su respuesta ya no tiene que ver con planes de carrera ni con rendimiento físico. “Vivir es un regalo”, dice. Y añade una reflexión que repite como lema: “la vida es una cuenta atrás, el día que naces, ya te queda menos. Por eso hay que disfrutar de la vida, luchar por los sueños, valorar, respetar, querer, y ser mejor persona cada día”.

Su mensaje final va dirigido especialmente a los jóvenes que creen que el ictus es cosa de mayores: “Les diría que están totalmente equivocados, un ictus es una lotería, le puede pasar tanto al más joven como al más viejo. Cada día se ve y se sabe que el ictus es la segunda causa de muerte y en mujeres aún más”, señala.

A los 23 años, Rodri Muñoz tuvo que aprender de nuevo a hablar, a masticar y a caminar. Pero en ese proceso también aprendió algo que no estaba en ningún manual de entrenamiento: que la fortaleza no siempre se mide en kilos levantados, sino en la capacidad de levantarse cuando todo se ha derrumbado.