El último suspiro dulce de la calle Pelota de Cádiz: cierra la Confitería El Pópulo tras 178 años de historia
La desaparición de la confitería, fundada en 1846, supone la pérdida de uno de los obradores más antiguos de la ciudad y el fin de la fabricación artesanal en el corazón del Pópulo
El propietario del establecimiento advierte de que la "turistificación" está expulsando a los negocios de siempre, dejando a los residentes sin comercios tradicionales
CádizCádiz pierde hoy uno de sus aromas más antiguos. La Confitería El Pópulo, el establecimiento que desde 1846 ha servido de termómetro dulce para el barrio y para la emblemática calle Pelota, baja la persiana para siempre. No es un cierre por falta de clientela ni por falta de relevo motivacional; es, tal y como han denunciado sus responsables, el resultado directo de "la presión inmobiliaria y la turistificación" que está transformando el alma de la capital gaditana.
La finca que ha dado cobijo a este obrador durante casi dos siglos ha sido vendida para convertirse en un bloque de apartamentos turísticos. Una noticia ha caído como un jarro de agua fría entre los vecinos y los miles de gaditanos que, generación tras generación, han acudido a este mostrador para comprar su famoso turrón de Cádiz, sus palmeritas o sus tradicionales tartas de Santiago.
La despedida no es solo la de un local comercial, sino la de una forma de entender la vida de barrio que parece agonizar. "Los barrios que una vez latían con vida local están quedándose sin alma", lamentaban desde la confitería en un comunicado que ha encendido las redes sociales.
La dignidad de quien "está curado de espanto"
Al frente del mostrador, Manuel Rosas, propietario de la confitería durante los últimos 25 años, afronta el cierre con la mezcla de nostalgia y humor propia de esta tierra. A sus 63 años, Manuel no oculta la realidad de un sector herido: "Esto se sabía, es una batalla perdida desde hace años. Ya uno está curado de espanto y lo tengo más que asumido", confiesa mientras despacha los últimos dulces de una vitrina que mañana quedará vacía.
Porque, a pesar de la dureza de la situación, Rosas mantiene la entereza: "Esta es la etapa que nos ha tocado vivir, es una moda... pero por mucho que quieras, el turismo tiene un tope". Lo dice mientras reconoce que va a extrañar profundamente el contacto diario con los vecinos, subrayando que en este tipo de cierres, "los clientes también pagan el pato".
Para Manuel, se cierra una etapa de casi tres décadas de trabajo personal y casi dos siglos de historia compartida, dejando tras de sí un vacío que, asegura, difícilmente podrá llenar un alojamiento vacacional.
La rebelión de los clientes en las redes
La reacción de los gaditanos no se ha hecho esperar. Cientos de comentarios inundan las redes sociales lamentando que Cádiz se esté convirtiendo en un "parque temático" sin servicios para los residentes. "Vamos a llegar a un punto en el que estemos hasta la bola de turistas pero no haya ningún local donde puedan tomarse un café o un dulcecito", señala un usuario, resumiendo el sentir general de una población que ve cómo sus comercios históricos, aquellos que deberían estar "protegidos como los linces", desaparecen sin remedio.
En sus palabras, muchos recuerdan con especial cariño la tradición de comprar los dulces típicos para las celebraciones familiares, una costumbre que ahora se rompe de forma abrupta. Un sentimiento de impotencia que comparten otros autónomos de la zona que ven en el cierre de El Pópulo un espejo de su futuro: "Nos van a dejar sin nada si no hacen nada por los pequeños negocios", denuncian.
Un adiós a la identidad gaditana
La desaparición de la Confitería El Pópulo supone un golpe a la identidad del barrio que le da nombre. Desde que abriera sus puertas a mediados del siglo XIX, el local ha resistido guerras, crisis económicas y cambios sociales, pero no ha podido sobrevivir al avance de los pisos turísticos. La luz de la calle Pelota se apaga un poco más, dejando un poco más huérfana a su clientela. Con el cierre de este "pedacito de Cádiz", la ciudad pierde uno de sus referentes gastronómicos.