El grito de auxilio de seis médicas españolas atrapadas por la guerra en Qatar: "Están bombardeando otra vez"

Araceli Caso, una joven estudiante de MIR sevillana, y sus amigas de facultad volaban de Bali a Madrid cuando el ataque masivo cerró el cielo de Qatar
Las seis jóvenes, que celebraban el fin del MIR, permanecen refugiadas cerca de una base militar a la espera de una vía de salida
SevillaPara Araceli Caso y sus seis compañeras de la Facultad de Medicina de Ciudad Real, este viaje a Bali debía ser el bálsamo tras los meses más intensos de sus vidas. Después de años de carrera y el encierro más absoluto preparando el examen MIR, las siete amigas —procedentes de Sevilla, Córdoba, Almería, Madrid, Toledo y Ciudad Real— volaron al sudeste asiático para celebrar su libertad. Sin embargo, el sueño se ha transformado en una pesadilla geopolítica. Seis de ellas permanecen hoy atrapadas en un hotel de Doha (Qatar), viendo cómo el conflicto bélico estalla literalmente sobre sus cabezas.
La odisea comenzó el pasado domingo 1 de marzo. Tras disfrutar de sus vacaciones, iniciaron el regreso con escala en Qatar. "Su avión hacia Madrid llegó a despegar, pero a las dos horas tuvo que dar la vuelta porque el cielo estaba cerrado", relata Araceli Haya, madre de la joven sevillana, quien desde Sevilla sigue minuto a minuto la situación de su hija.
Lo que en un principio creyeron que era una fuerte tormenta resultó ser el inicio de un ataque masivo. Al aterrizar de nuevo en Doha, los móviles de las jóvenes empezaron a recibir alertas de emergencia en árabe y el sonido de las explosiones sustituyó al silencio del desierto.
Una primera noche de desalojos y miedo
La incertidumbre se apoderó del grupo desde el primer instante. Aquella madrugada, mientras intentaban descansar en la propia terminal, fueron desalojadas ante el riesgo de ataque. "Nos mandaron mensajes diciendo que nos mantuviéramos a salvo", explican las chicas en un vídeo grabado desde su confinamiento para visibilizar su situación. Aunque la aerolínea Qatar Airways les ofreció hotel desde el principio, el pánico las mantuvo pegadas al suelo del aeropuerto la primera noche. Solo cuando supieron que el de Dubái había sido atacado, decidieron que era más seguro resguardarse en un hotel.

Desde entonces, la rutina de estas futuras médicas se ha convertido en una tensa espera frente al ventanal. "Están bombardeando otra vez", era el mensaje que Araceli mandaba a su madre esta misma mañana. El hotel se encuentra, al parecer, cerca de una base militar estadounidense, lo que convierte el cielo en un espectáculo aterrador de interceptaciones y estruendos diarios. "Desde la ventana ven los misiles y oyen las explosiones; es todo muy inquietante", confiesa su madre con voz entrecortada.
El silencio de la Embajada y el agotamiento psicológico
A pesar de estar registradas en la Embajada de España, la única respuesta que reciben hasta ahora es una invitación a "mantener la calma". Una calma que, tras cinco días de encierro y noticias confusas, empieza a flaquear. La aerolínea les ha comunicado que hasta este viernes no habrá nueva información sobre la posible reapertura del espacio aéreo, lo que las mantiene en un limbo burocrático y emocional.
"Entre ellas se apoyan y se animan, pero cuando nos llaman se desahogan y lloran", cuenta Araceli Haya. Las jóvenes, acostumbradas a la disciplina y el control que exige la medicina, se enfrentan ahora a una situación donde nada depende de ellas. Observan con impotencia cómo otros viajeros logran salir mientras ellas reciben la callada por respuesta. "Solicitamos una alternativa para volver a casa", claman en su vídeo, pidiendo que no se las olvide en mitad del desierto.

Un regreso que no llega
Mientras en España sus familias agotan las baterías de sus teléfonos esperando una señal, en Doha las seis médicas intentan distraerse con el móvil, el mismo dispositivo que hace unos días solo guardaba fotos de playas paradisíacas y que ahora es su única conexión con la seguridad de sus hogares.
Tras años cuidando de los libros para poder cuidar algún día de los demás, ahora solo esperan que alguien cuide de ellas y las traiga de vuelta a una España que, hoy más que nunca, sienten demasiado lejos.
