Fútbol

Antonio Molina, el 'fichaje' que gana la prórroga al cáncer por el Almería: "Mientras viva, no me pierdo un partido"

Antonio y su familia e una partido del Almería
Antonio y su familia en una partido del Almería. Redacción
  • Con un tumor cerebral y tras tres cirugías, Antonio recorre 50.000 kilómetros al año para cumplir la promesa de no faltar a ningún partido de su equipo

  • En la última revisión, le han dado cita para dentro de un año, por lo que celebra que va a poder acompañar a su equipo otra temporada

Compartir

AlmeríaAntonio Molina tiene 55 años y una voluntad de hierro que desafía a la medicina. Porque a este natural de Murcia, su vida le dio un vuelco drástico en 2018. Aquel año, lo que empezaron siendo pequeños olvidos y dificultades para escribir en la oficina, terminó con el devastador diagnóstico de un tumor cerebral cuya raíz, alojada en la yugular, impide que los cirujanos puedan extirparlo por completo.

Tras tres operaciones para "raspar" la masa y haber perdido parte de la visión, Antonio acaba de recibir la noticia que más esperaba. "He pasado la revisión y me han dado al menos otro año de vida", relata rompiéndose por la emoción. Para él, ese año extra no es una cifra; es el permiso para seguir cumpliendo la promesa que le hizo a la vida: no faltar jamás a una cita con su equipo, el Almería.

PUEDE INTERESARTE

Una promesa inquebrantable en cada kilómetro

Y es que la pasión de Antonio no entiende de fronteras ni de dolores. Tanto es así que un fin de semana sí y otro no, recorre los 500 kilómetros que separan su casa del Estadio de los Juegos Mediterráneos. Pero su compromiso no termina en ese rincón de Andalucía, porque la semana que su equipo juega fuera, él se desplaza a cualquier lugar de España.

Solo el año pasado devoró 44.000 kilómetros y esta temporada va por el mismo camino. De hecho, antes de hablar con la web de Informativos Telecinco, ha conseguido confirmar su entrada para acudir al próximo encuentro del club almeriense, nada ni nada menos que en Zaragoza.

PUEDE INTERESARTE

"Tengo mi familia, mis dos hijos y mi mujer, y el Almería. Son mis grandes motivaciones", explica. También tiene a sus amigos cerca. Muchos le ayudan a cumplir su reto, porque Antonio no en movilizar a quien haga falta. En una ocasión, por ejemplo, el partido era en Madrid y, ante la imposibilidad de conducir él mismo, invitó a un trabajador de su empresa a todo con tal de que le llevara al estadio.

Por eso, porque su motor es el fútbol, una medicina que le hace olvidar que lleva una "bomba" en la cabeza.

Antonio y su familia e una partido del Almería

El refugio donde el miedo se detiene

Vivir con un tumor inoperable es una batalla diaria contra el nerviosismo. Antonio reconoce que cualquier síntoma lo achaca a la enfermedad y que el miedo crece conforme se acerca la fecha de la resonancia. Sin embargo, todo eso desaparece cuando cruza el torno del estadio.

"Cuando estoy en el estadio todo lo demás me da igual, no cojo ni el teléfono. Me parece que estoy solo en el estadio", confiesa. Para él, el fútbol es la vía de escape ante unos problemas que ahora, debido a su estado, se le hacen "un mundo". "Busco la felicidad y eso me lo da el fútbol. Yo antes era capaz de todo, ahora no. Por eso intento aprovechar todo al máximo".

Uno entre 15.000

Su fidelidad es tan conocida que el club lo eligió entre 15.000 abonados para protagonizar una campaña publicitaria, aquello no lo olvidará nunca y es lo que le hizo prometer que acompañaría a sus colores allá donde fuera. Y hay más, su impacto llega incluso a los despachos, porque el anterior presidente, Alfonso García, llegó a visitarlo personalmente al hospital, un detalle que Antonio guarda con profundo agradecimiento.

Tiene un carácter indomable cuando del fútbol se trata. Algo que quedó demostrado durante una de primera intervención. Mientras estaba ingresado, el Almería jugaba contra el Zaragoza y Antonio le pidió al médico que le dejara bajar para ver el fútbol, pero la jefa de planta se negó rotundamente. "Le pedí el alta voluntaria solo para verlo. Al final me dejaron", recuerda.

Es justo esa determinación la que le hace viajar en avión o comprarse el coche más seguro del mercado para seguir haciendo vida normal a pesar del dolor y la movilidad reducida.

Un embajador en busca de la felicidad

Antonio no viaja solo para recibir el aliento de su equipo; él viaja para darlo. Como miembro de la peña 'El Tomate', se ha convertido en un embajador accidental de Almería por toda España. En su mochila nunca falta un arsenal de bufandas rojiblancas que reparte entre los niños que se cruza en Santander, Tenerife o Éibar, entre otras. Es su forma de sembrar una pasión que a él le ha salvado la vida.

Y ese cariño es de ida y vuelta: "Me tratan genial allá donde vamos. En Ferrol un aficionado me invitó a merendar y en Ceuta nos dieron dulces a los pocos que estábamos allí. Es algo que te hace alucinar", cuenta emocionado.

Pese a que el tumor le ha robado parte de la visión y le obliga a moverse con más lentitud, Antonio se resiste a tirar la toalla en el negocio familiar de exportación de fruta. Sigue al pie del cañón, aunque reconoce que su mente ya solo descansa cuando el balón echa a rodar. El año pasado, la única vez que el marcador de su asistencia se quedó a cero fue por el fallecimiento de su suegro; una ausencia justificada que, aun así, le dolió en el alma mientras seguía el partido por televisión.

"Quiero disfrutar mientras viva y hacerlo dentro de mis posibilidades", sentencia con la serenidad de quien ha reordenado sus prioridades. Para Antonio Molina, el pitido final todavía no ha sonado. Mientras el cuerpo aguante, seguirá recorriendo kilómetros, regalando bufandas y demostrando que, en esta prórroga que le ha ganado al destino, no hay tumor capaz de frenar el sentimiento por unos colores.