Jubilación

La librería Abadía echa el cierre en Málaga tras tres décadas: “He puesto en manos de lectores casi 300.000 libros"

La librería Abadía cierra en Málaga tras más de tres décadas. Redacción Andalucía
  • Más de 20.000 ejemplares de todas las temáticas esperan encontrar un nuevo destino con un descuento del 75 por ciento

  • Su dueño se jubila con la misión cumplida de haber puesto en manos de los lectores 300.000 libros

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La librería Abadía, situada en pleno centro de Málaga, cerrará sus puertas después de más de tres décadas de historia. Un templo para los lectores que alberga más de 20.000 ejemplares de todas las temáticas, que ahora esperan encontrar un nuevo destino. 

Esta librería de segunda mano es un refugio de vidas pasadas. Un lugar donde las historias no solo se leen, sino que se heredan de otras manos. Entre sus estanterías, los libros guardan nombres olvidados en la primera página, esconden marcapáginas entre capítulos o mensajes dirigidos a otros lectores, y conservan la esencia de quienes los sostuvieron antes. 

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Es un territorio de tiempo detenido, donde cada ejemplar llega con cicatrices: esquinas dobladas, tinta corrida, olor a polvo y memoria. Y, sin embargo, lejos de perder valor, cada una de esas marcas los convierte en piezas únicas, cargadas de historia, esperando aún ser descubiertas por alguien más. 

Un cierre motivado por la jubilación 

El cierre responde a la jubilación de su propietario, Francisco Soler, quien ha decidido poner fin a una vida dedicada a los libros y a sus lectores. A pesar de todo, como cuenta Soler, el negocio sigue siendo factible, “porque internet te quita y te da. Abre un mercado global que ayuda”. 

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Recordando sus inicios, Soler asegura que “Yo soy de madrugar y muy trabajador, no le he tenido miedo al futuro”, tal vez por eso decidió montar este negocio, que define como “era como entrar en territorio comanche con un caballo y una cantimplora”.  

Su mayor satisfacción es que “he puesto en manos de lectores casi 300.000 libros, lo que me parece una especie de misión cumplida” añade Francisco. 

Una historia que comenzó en 1995 

La historia de Abadía se remonta a 1995, aunque no siempre ha ocupado el mismo espacio. Su origen está en la propia casa de Soler, donde acumulaba una extensa colección de libros que comenzó a vender por correo postal a coleccionistas conocidos. 

Aquel proyecto inicial creció hasta convertirse en una librería física en calle Comedias. “Teníamos muy pocos medios” pero a pesar de todo, el negocio fue muy bien. “Tenía tanta ilusión por abrir la librería que mis ganas que eran imparables”. Unas ganas que con el tiempo le han dado la razón de que no se equivocaba.  

Pero el camino no fue fácil. Tras 15 años tuvo que abandonar ese local tras no alcanzar un acuerdo económico con los propietarios. Años más tarde, en 2015, abrió la que sería su última ubicación en el número 9 de la calle Tejón y Rodríguez, donde ha permanecido hasta hoy cuando “La vela se va apagando, después de 11 años aquí”, como describe su propietario. 

Una ciudad en transformación 

Por las estanterías de Abadía han pasado varias generaciones de lectores. Durante años, fue punto de encuentro para habituales de la lectura en la ciudad, pero el perfil del público ha cambiado con el paso del tiempo.  

Como en muchos otros negocios del centro de Málaga, hoy predominan los turistas, atraídos también por la amplia oferta de libros en distintos idiomas. “Faltan malagueños” nos comenta Francisco. Un sentimiento que comparten otros negocios de la zona que sobreviven 

Un adiós entre libros y lectores 

Como gesto final hacia quienes la han sostenido durante años, la librería ha aplicado un descuento del 75% en sus ejemplares, con una compra mínima de 40 euros.  

Desde hace dos años, Abadía ya mantenía rebajas del 50% en sus libros, anticipando un cierre que ahora se materializa. Sin embargo, más allá de la liquidación, lo que queda es la huella de un espacio que ha sido mucho más que una tienda. 

Cuando sus puertas se cierren definitivamente, dentro de unos dos meses como calcula su dueño, gracias al buen ritmo de las ventas, no desaparecerá del todo. Sus libros, en otras manos, seguirán contando historias.