Museos

El arte de fabricar 'souvenirs': la empresa de Barcelona que diseña recuerdos para museos de todo el mundo

Benjamín Villa, el propietario de Ming Productions
Benjamín Villa, el propietario de Ming Productions. Cedida
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BarcelonaLas tazas, libretas, lápices o camisetas en las tiendas de los museos se convierten en un recuerdo de viaje para los turistas de todo el mundo, que cuentan en sus hogares con souvenirs que han salido desde una empresa de Barcelona que diseña y fabrica merchandising cultural para más de 900 museos. Desde el MoMA en Nueva York (Estados Unidos) a la Tate Gallery en Londres (Reino Unido) o Louvre (Francia).

El artífice de Ming Productions es Benjamín Villa, quien empezó en 1994 creando camisetas, un "artículo poco común en un museo por aquel entonces", en el Museu Picasso y en la Fundació Joan Miró. "Conocía a la familia de Miró. Las tiendas de museos eran prácticamente desconocidas en Europa y empezamos a exportar a todo el mundo", explica a Informativos Telecinco el responsable de una empresa con nave en Barcelona, que se ha convertido en el museo de los museos del mundo gracias a sus 32 años de trabajo.

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"Es hacer trajes a medida para cada museo. Lo bueno es que una vez pones el producto, su rotación en los museos es muy lenta. Estamos haciendo productos para el Louvre y La Gioconda de Da Vinci siempre será La Gioconda y se quedará en las estanterías muchos años. Lo mismo con el Guernica de Picasso o El beso de Munch. El mercado es muy peculiar", añade Benjamín sobre un nicho que les ha llevado a crear todo tipo de productos en sus 32 años de vida y superar los tres millones de piezas al año según el tipo de objeto.

De Barcelona a talleres en Estados Unidos

Unos souvenirs que para las galerías o lugares donde se conservan y exponen colecciones son un motor esencial de su actividad: "Tampoco hay tantas empresas en el mundo que se dirijan a este tipo de mercado. Cuando se construye un museo, la parte de la tienda la piensan tanto como casi las salas. Es una gasolina que les da para tirar para adelante y a nosotros también, que somos los fabricantes".

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Un éxito que les ha llevado a fabricar gran parte del inventario en Europa, utilizando sus propios talleres de impresión, una fábrica de porcelana y de muñecos, y colaborando con socios externos especializados en textiles, juguetes y papelería, además de contar con una oficina en Nueva York, tener talleres en Dallas (Estados Unidos) y representación comercial en Tokio (Japón).

"Jugamos entre media artesanía y media industria. Las tiradas que hacemos siempre son muy cortas porque cada museo no nos pide como si fuera un gran consumidor, sino como un pequeño consumidor y con producto diseñado especialmente para ellos. Por eso tenemos que tener fábricas con una capacidad de producción relativamente pequeña", admite Benjamín.

"El que hacemos no tiene nada que ver con el que se puede ver en la calle"

Parte de su éxito es lograr que los objetos que diseñan para todos los museos del mundo tengan su propio sello personalizado, respetando las obras emblemáticas que han marcado la historia del arte y de la cultura: "Evitamos que un producto sea como el de enfrente. Por ejemplo, la Casa Batlló o la Pedrera. Intentamos que sean distintos. Una taza de porcelana será una taza de porcelana, pero la imagen es diferente".

Unos diseños que salen de Barcelona y están presente en todos los rincones del planeta. "La gente cuando viaja, le guste el arte o no, por donde pasean es por los museos y compran souvenirs. El que hacemos no tiene nada que ver con el que se puede ver en la calle, que la mayoría sale de fábricas chinas", afirma Benjamín sobre la adquisición de recuerdos en pleno viaje turístico que no tiene grandes diferencias de consumo entre los diferentes continentes.

"El mundo está muy globalizado. Puede haber algunas diferenciaciones por temas culturales. En los países del norte les gusta más el diseño muy recto sin grandes florituras, nada con tonos bajos. En cambio, los mediterráneos prefieren más color. Claro que hay tendencia, pero no es muy exagerada porque el turismo es el que se está moviendo. Las tiendas están ahí y el que se mueve no es la tienda", zanja.

"Hay obras que son muy delicadas"

Entre los productos estrella que más facturan, destacan las tazas y los lápices: "Hacemos un millón de piezas". Adaptar cada obra de arte al objeto se convierte en todo un desafío: "Ahora mismo hemos hecho cajas de lápices para el Louvre y hemos estado como dos meses para llegar a los colores. Es fundamental que se parezcan al original. Cuando estoy en Austria y veo los souvenirs por la calle de El Beso de Klimt me horrorizo".

El color no es la única línea roja que tienen en cuenta a la hora de crear los objetos que luego forman parte de todo tipo de museos. "Hay obras que son muy delicadas porque son reflexiones humanas que hay veces que no puedes tocar. Tienes que ver el respeto de la obra a qué formato lo haces y a qué soporte. Hemos hecho productos para Auschwitz o el 9/11 National Memorial de Nueva York y hay que tener respeto absoluto", culmina el artífice de un negocio que ha dejado su sello tanto en los museos como en infinidad de hogares de todo el mundo gracias a unos objetos que recuerdan un viaje único repleto de cultura.