Hospitales

Una tecnología con ultrasonidos para el párkinson cambia la vida a Inma, con la 'enfermedad del suicidio': "No he vivido un dolor semejante en la vida"

El tratamiento aplica ultrasonidos focalizados de alta intensidad (HIFU). Hospital Germans Trias
  • El Hospital Germans Trias trata a pacientes con dolor neuropático intenso en la cara sin cirugía

  • Inma Rodríguez tiene neuralgia del trigémino, que le provocaba descargas eléctricas

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BarcelonaSe acuerda, como si fuera hoy, del 12 de enero de 2019. Una fecha que recordará toda la vida. Fue el primer día que Inma Rodríguez, de 52 años, sintió una descarga eléctrica desde la mandíbula hasta la sien, en la parte derecha de su cara. Pensó que era por una caries, pero acabó en el hospital. "Tengo una neuralgia del trigémino que deriva de una esclerosis múltiple, que me ha quitado la mielina, que es como lo que recubre un cable, del nervio trigémino. Al quedar al descubierto el nervio, al moverse o alterarse, como al lavarte los dientes, sonreír, hablar o comer, ese nervio tiene movimiento y al tocar con las arterias es cuando provoca la descarga eléctrica. No he vivido un dolor semejante en la vida. Lo llaman 'la enfermedad del suicidio' porque dicen que es el dolor más grande que puede tener un ser humano en el cuerpo", cuenta Inma.

Pese a las pastillas, el dolor no desaparecía. Entraba y salía del hospital. "Me han hecho dos radiocirugías, dos radiofrecuencias y me trataban con lidocaína y cannabis medicinal. Solo me calmaba unos días", explica. Y así se "acostumbró a tener dolor" mientras tomaba "una medicación de un elefante".

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Era una pesadilla y se aisló. "Era una desesperación. Mi casa era mi zona de confort. Me dolía al hablar, al reír, al comer. Dejé mi vida social y de trabajar. Vivir con dolor no es vida. Dejé de tener ganas de vivir porque no quería sufrir más ni por mí ni por mi familia", confiesa Inma.

La primera en Cataluña

En una visita al Hospital Germans Trias de Badalona le propusieron un nuevo programa terapéutico: la ablación térmica de determinados puntos del cerebro mediante ultrasonidos focalizados de alta intensidad (HIFU, en inglés). Una técnica que fueron los primeros en aplicar en Cataluña para tratar el temblor esencial refractario y la enfermedad de Parkinson de predominio tremórico en febrero de 2022.

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Ahora, es el primer centro público en Cataluña que ha empezado a utilizar esta misma terapia, precisa, sin cirugía y no invasiva, en pacientes con dolores neuropáticos. Se produce por una lesión o disfunción del sistema nervioso. Puede ser secundario a una lesión del nervio periférico (por ejemplo, después de un herpes o por un problema radicular) o por una lesión del sistema nervioso central, tanto en el cerebro como en la médula espinal (por un ictus, una inflamación o una enfermedad desmielinizante, como la esclerosis múltiple). Afecta a entre el 7 y el 10% de la población. A menudo, se manifiesta como neuralgia en forma de dolor intenso, como descargas eléctricas.

Una propuesta que Inma aceptó sin dudar porque no veía salida: "Si no me provoca más dolor del que tengo, me lancé a la piscina. Me dijeron que o bien no me haría nada o bien me ayudaría. No lo sabían porque no había un caso anterior. Y les pregunté: ¿Me puede hacer más daño del que tengo? Y me dijeron que no tiene por qué. Pues, adelante. A por todas". Tras un estudio y la aprobación del Ministerio de Sanidad, Inma es la primera en Cataluña a la que se le aplica para el dolor neuropático. "Espero que, a partir de ahora, llegue a más personas", afirma.

Este nuevo abordaje supone "un nuevo recurso para pacientes que no ven ninguna solución al mal que sufren", afirma Lourdes Ispierto, neuróloga del Germans Trias, que añade que las evidencias actuales indican que, en los casos en que se ha probado, se han conseguido mejoras de hasta casi el 50% en la sensación del dolor. "Esto es un éxito en pacientes que están desesperados de sufrir tanto dolor, que nada les funciona, que les lleva a desarrollar enfermedades psiquiátricas, depresión e incluso intentos de suicidio", señala la neuróloga Laura Dorado.

Sin dolor en siete años

Otra fecha que Inma no olvidará es el 17 de febrero. "Tenía tantas ganas que fui muy tranquila a la intervención. Te van pasando los ultrasonidos. Son zonas milimétricas. Me sujetaron la cabeza porque no me podía mover nada", indica. A grandes rasgos, la técnica lesiona, en ambos lados del cerebro, uno de los núcleos del tálamo, que tienen neuronas con funciones diferentes de las que se lesionan para tratar los trastornos del movimiento. "Interrumpimos una de las vías relacionadas con el dolor y forzamos el cerebro a reestructurarse sin que pueda utilizar esta vía emocional asociada al dolor", resume el neurocirujano Manel Tardáguila.

En 24 horas, Inma se fue a casa, sin dolor y con menos medicación. "Desde el minuto uno, no lo tuve. Me preguntaron del 1 al 10 y les dije que un cero en siete años. Me emocioné en la consulta". Un tratamiento, no curativo, que le ha cambiado la vida: "Tengo ganas de vivir, de socializar, de irme de vacaciones, de volver al trabajo y de explicar lo feliz que estoy. Vuelvo a ser feliz y vuelvo a ser yo".