La extraña desaparición de Antonio Ruiz López en Granada: de su nueva vida en Baza a los problemas de salud y la denuncia en Huétor Tájar

La desaparición de Antonio Ruiz López continúa sin resolverse ocho años después y las alertas de búsqueda siguen vigentes
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Ocho años después de su desaparición, el paradero de Antonio Ruiz López sigue siendo un misterio. Este granadino, nacido el 8 de abril de 1961 y prejubilado tras un accidente laboral, tenía 57 años cuando desapareció. La alerta oficial del Centro Nacional de Desaparecidos (CNDES) sitúa la desaparición en Huétor Tájar con fecha 16 de julio de 2018, aunque la investigación del caso apuntó a que las últimas noticias sobre Antonio se remontaban a los meses en los que residía junto a su pareja en Baza, en una zona cercana. Desde entonces, no ha vuelto a saberse nada de él.
Coincidiendo con este 16 de julio, Antonio continúa figurando oficialmente como desaparecido. SOS Desaparecidos y el Centro Nacional de Desaparecidos (CNDES) mantienen activa la alerta de búsqueda de un caso que sigue sin resolverse.
La familia nunca ha dejado de reclamar que se reactive la investigación. En numerosas ocasiones ha manifestado que existen diligencias que no se llegaron a realizar y que las incógnitas que rodean la desaparición justifican seguir investigando. Sin embargo, el caso permanece archivado judicialmente, a pesar de que continúa abierto como desaparición sin resolver.
Una cronología marcada por el silencio
La principal dificultad del caso radica en que no se conoce con certeza cuándo desapareció Antonio Ruiz. Aunque la denuncia se formalizó el 16 de julio de 2018, habían transcurrido ya cerca de dos años desde las últimas noticias conocidas sobre él. El distanciamiento con su entorno familiar dificultó precisar la fecha exacta de su desaparición, como informo 'La Razón'.
Durante sus últimos años vivía en Baza, donde se había instalado tras iniciar una nueva relación sentimental. Según relataron sus familiares, el contacto con ellos se fue reduciendo progresivamente hasta hacerse prácticamente inexistente, circunstancia que retrasó la percepción de que podía haber ocurrido algo anómalo.
La última constancia documentada de Antonio corresponde al 1 de julio de 2016, cuando acudió a un centro sanitario. Además, los historiales médicos incorporados a la investigación reflejan numerosas consultas durante el año anterior.
Cuando finalmente se denunció la desaparición comenzaron las comprobaciones habituales para determinar si podía tratarse de una marcha voluntaria. Sin embargo, distintos indicios llevaron a los investigadores a cuestionar esa posibilidad.
Las investigaciones y las incógnitas que siguen abiertas
Uno de los primeros aspectos que llamó la atención fue que en la vivienda permanecían documentos personales como el DNI, el pasaporte y la tarjeta sanitaria de Antonio, circunstancias poco compatibles con un desplazamiento voluntario al extranjero.
Durante la investigación también se analizaron distintas explicaciones sobre su supuesto paradero. Las versiones ofrecidas por su pareja cambiaron en varias ocasiones, extremo que quedó reflejado en las diligencias practicadas por la Guardia Civil y que motivó diversas comprobaciones policiales relacionadas con la mujer, como recoge 'Granada Digital'.
Los agentes registraron la vivienda, realizaron búsquedas con perros especializados y emplearon incluso un georradar, aunque sin resultados concluyentes. En el inmueble aparecieron restos óseos que posteriormente no pudieron atribuirse de forma concluyente a origen humano.
La investigación judicial terminó archivándose al no encontrarse pruebas suficientes para sostener una acusación. No existe ninguna pista concluyente sobre dónde puede estar Antonio.

La familia reclama nuevas diligencias
Lejos de resignarse, los familiares han mantenido durante todos estos años una intensa labor para evitar que el caso caiga en el olvido. Con el apoyo de especialistas externos elaboraron un informe criminológico que fue remitido al juzgado con la intención de solicitar la práctica de nuevas diligencias.
Entre las cuestiones que han considerado pendientes figuran la revisión de determinadas líneas de investigación, el análisis de algunos elementos ya incorporados a la causa y la toma de nuevas declaraciones. Su objetivo es que el procedimiento vuelva a impulsarse después de años sin avances.
En torno al caso también trascendieron distintos testimonios incorporados a la investigación. Según publicó 'La Provincia', citando el sumario, una expareja de la mujer con la que convivía Antonio declaró ante la Guardia Civil que años antes ella habría intentado envenenarlo. El mismo medio también recogió el testimonio del propietario de una finca en la que ambos trabajaron, quien sostuvo que la mujer había provocado la muerte de un poni mediante envenenamiento. No obstante, ninguna de estas manifestaciones ha derivado en una resolución judicial ni ha permitido esclarecer la desaparición de Antonio Ruiz.
Ocho años después, el nombre del vecino de Granada sigue formando parte del listado de personas desaparecidas. Todo lo demás continúa siendo una incógnita a nivel judicial. Las alertas de búsqueda permanecen activas.
