16 pacientes coronan un pico de 3.000 metros en Lleida para visibilizar las enfermedades reumáticas: "He recuperado la montaña y la confianza en mí"

El proyecto Reuma3000 apuesta por el ejercicio, la naturaleza y el apoyo comunitario
Los participantes han subido a la Punta Alta de Comalesbienes de 3.014 metros
BarcelonaMichelle sigue sin creerse lo que ha conseguido. "Estoy procesando las emociones. Estoy con el corazón lleno. Tengo la certeza de que me ha cambiado por dentro. El cuerpo es tu debilidad y, con este proyecto, se convierte en el medio con el que puedes alcanzar un sueño que ni te habías planteado en la vida. Es muy poderoso sentirse poderosa. Entre la artritis y la fibromialgia no ha sido un camino fácil", afirma Michelle Falsone.
Acaba de hacer cumbre junto con quince pacientes afectados por patologías como artritis, lupus, osteoporosis o fibromialgia en la montaña Punta Alta de Comalesbienes de 3.014 metros, en el Parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Un reto del proyecto Reuma3000, impulsado por la Societat Catalana de Reumatologia y Reu+, para visibilizar las enfermedades reumáticas, que afectan a una de cada cuatro personas en España, y demostrar que el deporte, la comunidad y la naturaleza mejoran la calidad de vida. "En la cima que vi ojos llorando y abrazos fuertes entre todos. Fue muy hermoso. Y simbológicamente es nuestro día a día. Nuestras montañas no tan son tan visibles como un tres mil. Son otro tipo de montañas y tenemos que atravesarlas con el dolor", detalla.
Un dolor que Michelle siente desde 2014. Tras dos excursiones, las rodillas se le hincharon "como globos" y no podía doblarlas. "Empecé a caminar con un paraguas como si fuera un bastón. Los tobillos se me inflamaron tanto que tuve que comprarme zapatos de dos tallas más. También sentía dolor en los hombros y en las muñecas. Me podían extraer siete jeringuillas con líquido de la articulación de una sola rodilla", concreta.
Dos años después, llegó el diagnóstico: artritis indiferenciada, que dificulta la movilidad de las articulaciones, sobre todo, de las rodillas. Un tipo de artritis que "es más difícil de diagnosticar porque no hay señales en los exámenes que te indiquen el origen". Con la medicación biológica, ejercicio y dieta, Michelle mejoró hasta el postparto cuando "empecé a notar síntomas extraños que luego supimos que eran porque mi cuerpo estaba rechazando la medicación y salieron efectos secundarios como abundantes sangrados. Vivir con dolor es muy agotador. Y ahí descubrimos que había generado una fibromialgia". Y añade: "Ha sido un proceso muy duro, intenso e incapacitante. Verte tan limitada y con tanto dolor fue mermando mi autoestima y mi fuerza física. Se me nublaba la cabeza y el dolor no me dejaba completar frases".
Y un día, en la consulta, le propusieron sumarse al proyecto. "Me dio un ataque de risa ¿Viste que entré cojeando a la cita? Ni sabía lo que era el concepto de un 3.000. Solo sabía que no podía subir montañas", recuerda entre risas. Un reto que acabó aceptando no sólo por ella: "Era la forma de ayudar a mi yo del pasado y sentía una responsabilidad con las personas a las que les estuvieran diagnosticando esta enfermedad que necesitaran verse reflejadas y que vieran que la vida va más allá".
Preparación física y emocional
Durante siete meses, los participantes han seguido un programa individualizado físico y emocional. Han trabajado la fuerza muscular, la resistencia física, la movilidad articular y la confianza. Lo han hecho con ejercicios y salidas a la montaña. "En la primera excursión me dolía el cuerpo entero por la fibromialgia. Seguía los ejercicios que me indicaban y también en la escalera de mi edificio, me ponía las botas, la mochila cargada con leche y subía y bajaba los escalones de dos en dos. Lo hacía una vez a la semana durante 40 minutos", comenta Michelle sonriente.

Una preparación técnica dirigida por la alpinista Araceli Segarra, la primera mujer en España que coronó el Everest hace 30 años. "La idea era que fueran ganando resistencia física, aumentando progresivamente el desnivel y adaptando el cuerpo al esfuerzo", indica. No solo importaba la forma física. "Sabía que había una parte igual o más importante: la cohesión del grupo. Necesitaban sentirse acompañados, crear vínculo, confianza y apoyo entre ellos. Ese refuerzo emocional ha sido clave. Cuando uno se siente sostenido por el grupo, físicamente también responde mejor", resume Segarra.
Pacientes y profesionales sanitarios, en la cumbre
Y llegó el día de la ascensión, que arrancó a las cinco de la madrugada y acabó 16 horas después. "Lo viví como el día a día: concentrada en el siguiente paso. Con todos los dolores, se me hizo muy duro el camino de subida. Tuve que parar. Lloré y vomité, pero seguí adelante".

Y lograron el reto: "Me lancé a la nieve porque no podía más. No me lo creía. Muy orgullosa del amor con el que me recibieron. Lloré mucho porque han sido muchos años no creyendo ser capaz y, de repente, poder hacer tanto que te lleva tan al límite. Y además, pude hacer videollamada con mi marido y mi hija. Fue un regalo poder compartirlo con ellos", señala. Junto a ella, quince pacientes más y también profesionales sanitarios. Reumatólogos y enfermeras no solo han supervisado el proceso sino que también ascendido junto a ellos. "Verlos en movimiento más allá de la consulta, sentí una transformación. Es un esfuerzo comunitario. Somos un grupo de humanos tratando de honrar el dolor del otro y ayudar a visibilizar y vernos reflejados en las caras de los otros".

"Reuma3000 ha sido más que preparar una ascensión: ha sido un proceso de transformación real, en el que yo misma me incluyo. Llegar a la cima ha sido solo la parte visible; lo extraordinario ha sido ver cómo cada paciente recuperaba la confianza, la fuerza y una nueva mirada sobre sus posibilidades", explica Segarra. La alpinista destaca que "cuando el cuerpo parece poner límites, la mente puede abrir caminos inesperados y una prueba de que moverse también es una manera de volver a creer en uno mismo".
Según el equipo médico, han superado barreras más mentales que físicas: "El proyecto ha querido romper una percepción habitual tras el diagnóstico de una enfermedad reumática: la idea de que es necesario renunciar a la actividad física. La experiencia demuestra que, con el acompañamiento adecuado, es posible recuperar energía, fuerza, confianza y calidad de vida". Un proceso que han monitorizado, y los primeros resultados apuntan mejoras en indicadores de salud y bienestar.
Y Michelle es una prueba: "¡He subido un 3.000! He recuperado la montaña y la confianza en mí. Es bonito sentir que puedo volver a subir montañas y compartirlo con las personas que quiero".
