Jóvenes extutelados 'peinan' vínculos en una peluquería comunitaria en Lleida: "Es romper estereotipos y prejuicios"

Aissatou y Walid, en la peluquería del Centro Abierto Arrels Sant Ignasi en Lleida
Aissatou y Walid, en la peluquería del Centro Abierto Arrels Sant Ignasi en Lleida. Cedida
  • El proyecto 'Peinando vínculos' ofrece un servicio de peluquería, que se paga con un intercambio

  • La cooperativa Suara y Arrels Sant Ignasi de Lleida impulsan esta peluquería comunitaria

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LleidaEn el primer piso del Centro Abierto de Arrels en Lleida acaba de abrir sus puertas algo más que un servicio de peluquería. Aquí se peinan también vínculos. Un lugar de encuentro entre jóvenes extutelados, personas sin hogar y la comunidad. "El objetivo más importante es tejer una red y crear vínculos sin estereotipos, sin prejuicios, sin estigmas, sencillamente, entre personas", destaca Laura Cortés, educadora social de Suara Lleida.

Un proyecto impulsado por esta cooperativa para dar respuesta a personas en situación de vulnerabilidad: "Tenemos pisos de inserción laboral donde ahora hay jóvenes extutelados, que son extranjeros no acompañados. Trabajamos ese paso a la vida adulta y autónoma. Les formamos y les buscamos trabajo para que tengan una vida digna".

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Una visita al centro de Arrels con su peluquería con voluntarios les inspiró. "Tenemos dos jóvenes de Marruecos con formación de barbería y otros, de Senegal y Gambia, que saben hacer trenzas africanas. Es una oportunidad para enlazarlo". Y así nació 'Peinando vínculos'. Una peluquería social abierta a todos. Un espacio de bienestar y cuidado. "Han venido solos y su tejido social es escaso. Se trata de que puedan conocer la comunidad que los acoge para que se puedan integrar, colaborar y participar. Y que la comunidad acogedora también comprenda que ellos tienen mucho que aportar", señala Cortés. "Es sensibilizar hacia el entorno porque vienen a Arrels, donde atendemos a personas sin hogar y, muchas veces, la sociedad tiene estigmas hacia ellas. Es una forma de compartir el espacio. Es una sala más del centro abierto. Los usuarios vienen y alguien de la comunidad se los pueden encontrar y compartir. Ven que son personas con nombre y apellidos", explica Ares Mateus, educadora social de Fundació Arrels Sant Ignasi de Lleida.

Laia y Aissatou, tras la sesión de peluquería
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Y en esa peluquería comunitaria ya se están tejiendo los primeros lazos, como entre Aissatou y Laia. "Llegué el 23 de octubre de 2023 en patera. Pasé ocho días en el mar entre Senegal y Canarias", recuerda Aissatou Diouf, de 19 años, que llegó sola a España. Ahora convive en Lleida con sus compañeros en un piso de Suara: "Estoy bien aquí. Mis tutoras me cuidan muy bien".

Ella es una de las participantes porque "me gusta ayudar a la gente". Con su habilidad aprendida de pequeña en Senegal, más una formación, Aissatou hace trenzas. Esta vez a Laia Lorente, que le ha pedido que le haga cinco en un lateral. "Hemos hablado de si ha estudiado, si está buscando trabajo, sobre su situación y su entorno", cuenta esta mediadora y educadora.

El precio: un intercambio

Es un servicio de peluquería o barbería a cambio de un intercambio. "Así se empodera a todos: a los jóvenes para que se formen a nivel profesional, adquieran experiencia y conozcan a otras personas. Para quien recibe el servicio, han de aportar cualquier cosa, como una conversación en catalán, una caja de fruta, una receta, un taller o una charla. Es aprender unos de otros", subraya Cortés.

Fruta a cambio de un corte de pelo de Walid

En este caso, Laia, por su peinado de trenzas, va a ofrecer "un taller para este colectivo de jóvenes que salen al mercado laboral: cómo se lee un contrato, una nómina, sus derechos y deberes, y también situarlos y orientarlos en el mercado laboral de Lleida. Creo en una economía del intercambio. Le doy valor a compartir lo que tenemos o sabemos. Con las prisas, el espacio de intercambio ha quedado anulado. Antes, ir a la peluquería era un punto de encuentro y se ha perdido. Una iniciativa que dé a conocer la realidad de las personas recién llegadas, ofrezca compartir y que ponga en valor que no todo se paga con dinero es una vía para seguir viviendo como humanidad. Se tendría que exportar a otras poblaciones".

Una fórmula que también pone en valor a las personas sin hogar que acuden. "A nuestros usuarios les baja la autoestima y dicen: 'no sé hacer nada y no soy nadie'. Y no, como persona tienes potencialidad y seguro que puedes ofrecer alguna cosa a cambio del servicio. Es empoderarlos", destaca Ares Mateus.

Seguirán peinando vínculos, de momento, hasta agosto y, tal vez, también abriendo puertas como, para Aissatou, que sueña con tener algún día su salón de peluquería.