Aunque hayamos muerto, nuestro cuerpo sigue 'vivo' hasta 17 días después: ¿por qué ocurre?

Aunque hayamos muerto, nuestro cuerpo sigue 'vivo' hasta 17 días después
Analizamos qué pasa en el organismo humano en las horas posteriores a la muerte. Pexels
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El cuerpo humano puede seguir "vivo" hasta semanas después de que hayamos fallecido. Sin embargo, cuando el corazón ha dejado de latir o la respiración --e incluso, la actividad del cerebro ha finalizado--, son nuestras células las que se encargan de seguir un proceso ordenado que puede postergarse semanas. 

Tal es el caso, que algunas células madre musculares pueden seguir presentando actividad hasta pasados 17 días después de morir. Sin embargo, nada de todo esto se trata de "segunda vida"; todo nuestro sistema se prepara para la descomposición.

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¿Cómo se lleva a cabo el proceso? Este puede llegar a tardar 10 años y dependiendo de las condiciones ambientales el escenario final puede cambiar radicalmente.

Esto es lo que ocurre en las primeras dos horas

Cuando el cuerpo deja de recibir oxígeno del exterior, las células empiezan a fallar. Reducen su actividad --pero no mueren todavía--, las neuronas dejan de comunicarse y se corta la actividad del cerebro --después de un último pico de máxima intensidad--. 

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Esta falta de oxígeno provoca daños permanentes en todas las células de todos los órganos. Al cabo de media hora de haber fallecido, son los órganos los que empiezan el deterioro. El hígado, los riñones o el páncreas son los primeros. 

Posteriormente nuestra temperatura empieza a bajar a una escala de un grado celsius por hora, hasta que queda igualado con la del ambiente. A las dos horas empieza a aparecer el 'rigor mortis' producido por las retenciones de calcio en las células. Pero, sin embargo, aquí todavía el cuerpo humano sigue teniendo actividad. 

Nuestras células se van 'apagando' poco a poco

Al haber dejado de funcionar, las células dejan de expuslar esta sustancia de forma natural. ¿El resultado? Una rigidez muscular que acaba afectando de forma generalizada en un lapso de 12 horas, aproximadamente.

Es aquí donde la ciencia ha demostrado que algunas células siguen vivas. Algunos genes tienen su pico de actividad varias horas después de la propia muerte, y se producen proteínas relacionadas con la respuesta al estrés y con el transporte de oxígeno. Incluso, en el caso del sexo biológico masculino, los espermatozoides pueden llegar a ser aptos hasta pasadas 36 horas del fallecimiento.

Las bacterias de nuestro cuerpo cambian su 'modus operandi'

Además de las células, las bacterias que tenemos dentro --en el intestino, en especial-- son otra de las grandes protagonistas. Al morir, nuestro sistema inmunitario se apaga, y esto significa que estos microorganismos dejan de estar 'bajo raya'.

Las bacterias empiezan a invadir todos los órganos del cuerpo pasadas las 36 horas del fallecimiento. La primera zona que presenta esta actividad es el aparato digestivo. Después viene el hígado, el bazo y el corazón. La última parte de esta 'invasión': el cerebro. Así pues, este proceso puede llegar a tardar unas 58 horas en afectar a la totalidad del cuerpo. 

Los últimos resquicios de vida celular del cuerpo humano

Es en esta parte donde entran en juego las células madre musculares que mencionábamos al inicio. Un cierto grupo reducido de estas disminuye su metabolismo al mínimo. ¿El resultado? Pueden seguir vivas y presentar actividad hasta 17 días después de haber muerto.