Entrevistas

Edu Galán, escritor, sobre Isabel Pantoja: "Que una madre rompa el mito de la madre bondadosa resulta muy llamativo"

El escritor Edu Galán.. Leticia Día de la Morena
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La fama y los famosos nos atraen desde tiempos inmemoriales. La fama nos rodea, mucho más en tiempos de redes sociales donde se puede alcanzar de forma más o menos rápida. Tampoco entiende de clases sociales ni mucho menos de la cultura o la profesión. Hay famosos para todo tipo de públicos, aunque los hay que son globales y masivos, que poseen (y son capaces de mantener aún y muertos) un fama intachable. Muchos consiguen la fama de una forma fortuita sin buscarla, y otros la trabajan y la moldean a su antojo; también existen famosos villanos que hagan lo que hagan para lavar su imagen nunca lo consiguen, y, por el contrario, otros a los que siempre vamos a querer porque tienen carisma y son entrañables. Sin darnos cuenta, nuestras conversaciones diarias se nutren de famosos: deportistas, influencers, cantantes, políticos, actores... Pero, ¿por qué nos atrae tanto la fama y qué vemos en los famosos para seguir sus vidas con lupa? ¿Por qué seguimos sus amores, sus caídas, sus gestos y sus opiniones como si formaran parte de nuestra propia biografía? La fama parece un asunto ligero, pero quizá sea uno de los lenguajes con los que nuestra época expresa sus deseos, sus miedos y sus contradicciones.

Por esa razón, Edu Galán le ha dedicado un libro: 'Más famosos que Jesucristo' (Debate, 2026) analiza la celebridad como una gran tecnología cultural. Su ensayo recorre los procesos históricos, económicos, tecnológicos, sociológicos y psicológicos que han convertido a los personajes públicos en presencias íntimas y cotidianas. Desde la gloria antigua y las vidas de santos hasta Hollywood, la telerrealidad y las redes sociales, el autor muestra que cada sociedad fabrica a sus famosos de acuerdo con sus valores, sus medios y sus formas de consumo. Edu Galán conoce bien la fama, el escritor, psicólogo y crítico cultural, es pareja de Marta Flich, actriz y presentadora, además de colaborador de varios medios. Es cofundador de la revista satírica 'Mongolia' (2012), donde mensualmente trabaja como coeditor y autor y participa en sus libros. Produjo con David Trueba y Fran Nixon el documental 'Salir de casa' (2016), de David Trueba. Desde 2019 colabora con 'Más de uno' de Onda Cero, dirigido por Carlos Alsina. Charlamos con él sobre la fama y los famosos.

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Pregunta: ¿En qué tipo de fama pensabas cuando escribiste en el libro? ¿Hubo algún famoso que tenías en mente o qué tipo de fama o historia te llamaba la atención?

Respuesta: En lo primero que pensé fue en el cuerpo, sobre lo que significa la belleza, lo que significa la fealdad... Estaba pensando todo sobre eso y es un tema tan absolutamente amplio y con tantas implicaciones que creí que había que acotarlo un poco más. En ese momento mi mujer, Marta Flitz, empezaba a ser famosa. Yo aunque ya era conocido -digamos que era más un famoso de nicho por la revista 'Mongolia'- no entendía las molestias de la fama más masiva, la relación que tiene el famoso con el público. Aquello me llamó la atención y pensé que quizá debía acotar la idea del libro para hablar de la fama. Yo soy un consumidor de prensa rosa compulsivo, pero también hay famosos que no son del corazón, sino también músicos, políticos, influencers... Dedique tiempo serio a pensar por qué y qué papel juega la fama en nuestras vidas, en la sociedad de consumo.

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P: ¿Y qué papel crees que juega, según lo que investigaste? ¿Por qué es tan importante para el público?

R: Es muy importante porque la fama tiene muchas utilidades, pero para mi la principal de todas es que es una herramienta de la sociedad de hiperconsumo para estructurar el ocio consumista. El ocio es una parcela de la vida del ser humano en las sociedades occidentales centrales. Es un fenómeno muy reciente. Este ocio masivo comienza a finales del siglo XVIII y, desde entonces, ha mutado hacia un ocio instalado en el consumo. Tan solo hay que ver cómo los centros de las grandes ciudades se han convertido en lugares destinados al consumo. En este sentido, los famosos son productos y a la vez son escaparates de productos. En esa dinámica de consumo se insertan para animar a los ciudadanos, a los consumidores a ser instalados en ese tipo de consumo. El famoso es indivisible del consumo. Por lo tanto, si el famoso es indivisible del consumo y el consumo es omnipresente, el famoso tratará de ser omnipresente.

P: ¿Todos aspiramos a ser famosos? Es verdad que hay personas a las que no les interesa la fama, pero algo tiene que a todos nos atrae tanto, ¿no crees?

R: Lo primero que tiene es que las personas que son famosas y que desean ser famosas tienen una caracterización de la fama muy burda. No entienden bien qué significa, lo que son los debes de la fama, las contraindicaciones de la fama y lo que puede afectar a su cuerpo. Esta idea para mí es muy endeble de que el famoso no se lo curra, que hay famosos que son famosos porque sí. Yo intento desmontar ese tipo de fama en el libro, porque como dice Irene Cara, la fama cuesta y puede costar la salud mental.

P: ¿A qué te refieres exactamente?

R: Por ejemplo, estos famosos que están permanentemente en redes sociales construyen de sí mismos, ponen su intimidad en juego y no son conscientes de lo que pueden perder con ello. No es raro llegar a ver famosos con problemas de ansiedad o medicados, o con problemas de adicciones precisamente porque no saben por dónde andan.

P: Con las redes sociales se ha introducido un nuevo tipo de famoso que asociamos al lujo y al dinero. Si eres famoso, tienes que tener dinero. ¿Por qué se asocia la fama al dinero, a la capacidad económica? Porque no es real, ¿no? No todos los famosos tienen dinero.

R: No, ni mucho menos. Pero eso es lo que se conoce en los 'microfamosos', los famosos de Internet que dedican su tiempo a conectar con el público. Le dedican muchas horas, están a su disposición, practican una interacción total con él, le animan a que cliquen, a que le saluden, a que le manden un emoji... Eso no ocurre tanto con los presentadores de televisión, porque tienen una escaleta o porque tienen un tiempo, por ejemplo. Pero el problema de esos 'microfamosos' es que se mueven con una tecnología muy potente, que es la de las redes sociales, pero que, como todas las tecnologías, tiene una ideología detrás. Y en este caso, la ideología de las redes sociales es la ideología de sus dueños, porque están controladas por los algoritmos. Es una ideología donde lo que importa es el dinero; ganar dinero y mostrarlo. Es puramente el sueño americano, y es una ideología muy norteamericana, muy individualista, muy competitiva; es una ideología que, como estamos viendo en Estados Unidos, solo lleva, y no quiero ser catastrófico, pero lo soy, sólo lleva al derrumbe moral, a no preocuparse por los demás y a pisar a los demás.

Los chicos y chicas que se instalan en ese esquema de valores son esclavos.Pueden estar trabajando 15 horas delante de la pantalla, cosa que yo llamaría a la inspección de trabajo instantáneamente, no tienen sindicatos, ganan lo que les digan las empresas, es decir, las mismas redes sociales. Es un sistema esclavo, sin derechos de los trabajadores y en el que están inmersos e inconscientes del sistema donde se están moviendo.

P: En la fama existen también los personajes buenos y los villanos. Personajes que hagan lo que hagan no pueden lavar su imagen, me viene a la cabeza Isabel Pantoja. ¿Por qué crees que es tan odiada y a la vez genera tanta expectación?

R: Isabel Pantoja es un personaje narrativamente muy atractivo. Al igual que te dije, los famosos son herramientas de consumo, y como tal, necesitan, para que les prestemos atención, narrativas. En el libro explico diversos ejemplos. La narrativa del hundimiento, la narrativa del retorno, la narrativa del amor romántico, la narrativa de las turbulencias familiares, como sucede con otros famosos como Britney Spears, por ejemplo, o con Isabel Pantoja -que las cumple todas- son muy atractivas para el público. Se trata de un personaje muy fértil. En ella está la tragedia, con la muerte de Paquirri, está también la cárcel, están también todas las insinuaciones con Encarna Sánchez... Es un personaje que a veces controla su propia narrativa y otras no. Ella es fascinante porque sin ser un genio del mal, sabe hacer determinadas cosas que resultan muy malvadas, como, por ejemplo, dejar de hablar a sus hijos. Que una madre rompa el mito de la madre bondadosa resulta muy llamativo. De hecho, dentro de Isabel Pantoja hay muchas 'Isabel Pantojas', caben todas.

P: Y, además, tiene talento...

R: Sí, lo que no se puede negar es que tiene un talento como cantante y tiene también esta postura de diva -ahora enigmática- porque casi no aparece, que también eso resulta muy atractivo. De verdad, si fuese una droga, Isabel Pantoja sería la farlopa.

P: Quizá la fama nos resulta más atractiva cuando no conocemos realmente al personaje, cuando hay un halo de misterio.

R: En algunos casos genera más atractivo y en otros casos genera olvido. Hay personajes que dejan de hablar y desaparecen. Y hay otros que dejan de hablar, pero otros hablan por ellos. Por ejemplo, su familia. Hay una cosa que está muy estudiada en la percepción humana que es la de rellenar los huecos. Nosotros como espectadores completamos la información que no tenemos, nos la imaginamos. En personajes así de enigmáticos ponemos mucho de nuestra parte para completar lo que nos falta. Y asumimos, y damos por asumidas, cosas que igual no son verdad o que seguramente no son verdad. Luego cuando esos personajes se comportan como no esperamos, nos llevamos las manos a la cabeza. Por ejemplo, es lo que pasó con Errejón. En general, se pensaba que era una persona maravillosa, y cuando saltó todo por los aires, rápidamente se activó el interés para reconstruir a Errejón. Creemos que conocemos a los famosos, que son como de nuestra familia, pero eso no es verdad.

P: ¿Tú crees que la televisión sigue siendo la catapulta hacia la fama o que las redes sociales le están robando protagonismo?

R: Esto es muy interesante. Yo a la televisión no la doy por muerta, ni muchísimo menos. Solo hace falta ver la final de la Copa del Mundo o determinados eventos televisados que no solo crean famosos, sino que sostienen famosos, sostienen la fama de determinados famosos. Los monarcas, por ejemplo, mantienen su imagen gracias a medios como la televisión. Pero no podemos ser ajenos a la realidad, las redes sociales generan famosos con millones de seguidores y es una realidad que hay que entender.

P: Muchos famosos con millones de seguidores en redes quieren aparecer en programas de televisión...

R: Sí, existe esa doble cara, hay famosos que necesitan estar ahí porque sino no existen. Es posible que necesiten el dinero y la televisión les resulta menos costosa que estar haciendo seguidores en redes donde tienes que hacer vídeos, etc. Para mi, además, tiene una cosa estupenda -que tienen otros medios de comunicación- y es que están sujetos a unos editores, directores, leyes... En cambio, las redes sociales, y especialmente Twitter o X, son especialmente violentas, no hay mediadores y se pasan las leyes 'por el forro', con el excusa de la libertad de expresión. La televisión tiene unas restricciones alucinantes que a mí me parecen bien, como la protección del menor, que en las redes no funciona.

P: De hecho, dedicas un capitulo en 'Más famosos que Jesucristo' a hablar de los niños famosos.

R: Sí, así es. En la televisión hay una mínima protección, pero en redes sociales no. Hay determinados padres que no saben dónde se están metiendo. Y esto lo explico claramente en el libro. De cómo les están construyendo a los niños un lugar idílico, patrocinado por marcas, donde no hay límites, donde hay una masa que les aplaude, que les manda corazoncitos... Y permíteme la expresión, pero pueden acabar como las maracas de Machín porque los niños lo que necesitan son asideros. El trabajo de los padres sería ayudarles para que puedan tener un desarrollo emocional bueno y ponerlo en práctica. Un desarrollo emocional ajustado, que normalmente el desarrollo emocional ajustado de los niños viene dado porque vayan asimilando poco a poco la realidad, la independencia, etc.