Beatriz Acha, socióloga: “Saquemos el debate de los cordones sanitarios a la ultraderecha de las campañas”
Según la autora, Vox se enfrenta a las primeras elecciones en las que debe demostrar que tiene un clivaje nacional más allá de la cuestión indentitaria
La campaña electoral en Madrid ha girado en torno a hasta qué punto Díaz Ayuso podía arrastrar los votos de Vox
No hay evidencias de que los cordones sanitarios funcionen, sostiene la socióloga
Beatriz Acha (Getxo, Vizcaya, 1970) es profesora de Sociología y Trabajo Social en el la UPV. Acaba de publicar Analizar el auge de la ultraderecha (Gedisa, 160 pg) dentro de la colección lanzada por la editorial junto a la asociación Más Democracia. En el libro realiza una disección del movimiento de la ultraderecha en las democracias occidentales, desde lo que ha supuesto la presidencia de Donald Trump hasta la irrupción de Vox en el sistema de partidos español, sin olvidar las experiencias de otros países de nuestro entorno como la familia Le Pen en Francia o La Lega de Matteo Salvini en Italia.
Pregunta: Los partidos de ultraderecha, pese a su interés por mostrarse como antisistema, han caído rápidamente en el sistema de partidos y han vivido altibajos típicos de otros partidos. De hecho, comentas que en algunos casos han tenido que refundarse como ocurrió en Francia para poder seguir creciendo e incluso algunos se han moderado para poder entrar en el gobierno. ¿Estas reconversiones los convierten en partidos asimilados por el sistema que pasan por sus altibajos?
Respuesta: Es cierto que muchos nacieron como partidos antisistema que apostaban por impugnarlo todo porque consideraban el sistema fracasado y corrupto, pero a medida que han ido creciendo electoralmente y acercándose a posiciones de gobierno han ido modulando su mensajes en algunos casos. En otros como La Lega de Salvini no ha ocurrido así. También hemos visto durante la pandemia que algunos han sido capaces de manifestarse contra las políticas adoptadas por sus propios socios de gobiernos. Este tipo de partidos también cae en contradicciones.
P: La ultraderecha ya ha estado presente en el panorama europeo desde finales del siglo pasado, pero a España llega muy tarde. ¿Se debía a que Spain is different o a que estaba cobijada y normalizada en el PP?
R: Ambas cuestiones han operado. Por un lado, es cierto que había principios muy altos en la escala izquierda-derecha que se encontraban dentro de otras formaciones y que tenían un anquilosamiento ideológico muy arraigado en el franquismo. Por otro lado, también operaban ciertas dificultadas que impedían que aflorasen como la falta de recursos, que lastra por igual a cualquier partido de nuevo cuño, pero también tenían una multiplicidad organizativa que les impedía aflorar como siglas organizadas con perspectiva de éxito. Todas estas organizaciones surgieron con la caída del régimen y ninguna tenía capacidad para capitalizar el voto. De todas formas, sí hemos tenido partidos de ultraderecha como Plataforma per Catalunya, aunque es cierto que era una cuestión muy local y que había varios factores que le impedían crecer a escala nacional.
P: La peculiaridad de Vox en su crecimiento ha sido la cuestión catalana como elemento que más ha contribuido a su movilización, por encima de la agenda social, su política económica o sus principios antisistema/antiglobalización. ¿Eso le va a permitir seguir creciendo ahora que ese tema parece que va a salir de la agenda?
R: Estamos justos en el momento en que se va a demostrar el clivaje nacional del voto hacia Vox. Por primera vez, en la campaña electoral de Madrid Vox no está jugando esa baza y la propia dirección del partido no ha buscado este tema como argumento de campaña y han tenido que centrarse en otros temas como el enfrentamiento entre los dos grandes bloques de izquierda/derecha. Pero también es cierto que la propia campaña madrileña tiene una peculiaridad con la candidata del PP porque ha mostrado unos tintes muy diferentes a los del líder de su propio partido con lo que supone como dificultad