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Andrea D. Morales, experta en Edad Media, sobre la virginidad de las mujeres: "Se remendaban hímenes para salvaguardarla"

Andrea D. Morales, experta medievalista. An Martos
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¿Existía el amor en la Edad Media tal y como acostumbramos a ver en series y películas? ¿Cómo era la vida de las mujeres realmente en la corte y en las aldeas? ¿Había tan poca higiene como pensamos? ¿Tanta brutalidad? Podemos resolver algunas de estas cuestiones gracias a la novela de la medievalista Andrea D.Morales, 'La duquesa bastarda' (Ediciones B, 2026) que nos sitúa en la España medieval bajo el reinado de Alfonso X, un periodo muy concreto de nuestra historia que entrelaza con personajes ficticios y reales, pero que está basada en sus investigaciones como experta en Historia de género en Al-Ándalus (periodo comprendido entre 711 y 1492).

La sevillana es una de las pocas expertas conocidas en la materia. Y, aunque no es su primera novela porque ya tiene otras obras publicadas como 'Bajo la luz del faro', 'Divinas', 'La dama de la judería' y 'La biblioteca de Córdoba', con la que se consagró, en esta última es la única donde aborda un tema muy común en la Edad Media como lo fue la bastardía. La protagonista, Mathilde, hija bastarda de un conde francés, contrae matrimonio con don Pedro de Lara, un poderoso duque de Castilla. Al abandonar su tierra natal y la refinada corte francesa, la joven debe adaptarse al frío castillo de su esposo, en un reino asediado por una crisis de sucesión y una guerra a la que su marido ha de marchar. Sin apenas hablar una palabra de castellano, Mathilde se quedará sola en las inmensas estancias de piedra que ahora son su hogar, rondada por la anciana duquesa viuda y sus turbias sirvientas. Pronto empezará a sentir que la sombra de la anterior esposa de don Pedro, muerta en extrañas circunstancias, se cierne sobre ella…

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Hablamos con ella sobre cómo era la vida real en la España medieval y la de las damas medievales que gobernaban sobre sus tierras y vasallos mientras los hombres luchaban en la guerra.

Pregunta: La novela que acabas de publicar nos sirve para hablar de todo el universo femenino de la Edad Media, supongo que era un objetivo que tenías marcado.

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Respuesta: En principio, sí. Mi idea era hablar de la Edad Media desde un punto de vista más realista, porque es un periodo que está muy denostado, se nos olvida que son 1.000 años, y que en esos 1.000 años suceden muchas cosas. Tienen cabida la pobreza, pero también la riqueza, la bonanza...y quería hablar de todo esto y, sobre todo, del papel de las mujeres, que es esa mitad de la población a la que tampoco se les rinde mucho tributo, tampoco llena los libros de historia.

P: Tiene sentido siendo especialista en Historia de género en Al-Ándalus...

R: Sí, efectivamente, son temas que no se han podido explicar bien sobre el Al-Ándalus, como por ejemplo es el tema de la bastardía, aunque en Al-Ándalus no existe el concepto de bastardo como tal. Entonces para algo tan sonado y algo tan interesante en general para el público necesitaba ubicarme en otro espacio, como los reinos cristianos, y poder mirar también a las mujeres desde otro punto de vista, porque tampoco es igual la visión que hay en Al-Ándalus que hay en los reinos cristianos.

P: ¿En qué momento histórico la sitúas? Es un momento histórico real, tal y como explicas...

R: Sí, así es. La novela empieza en 1274, pero el grueso como tal se produce en 1275, que es justamente el gobierno de Alfonso X el Sabio, que todo el mundo conoce. Y es un momento muy concreto porque justamente Alfonso está muy interesado en que lo nombren emperador. Y claro, tiene aspiraciones imperiales; ha abandonado la Península Ibérica para ir a reunirse con el Papa, para poder parlamentar con él sobre este asunto. Es entonces cuando el reino se queda en manos de su hijo. Justamente hay una guerra con la llegada de los benimerines, se alza el sultán de Granada, y bueno, tenemos una lucha brutal en esta zona de la frontera. Pero el heredero al trono, el infante Fernando de la Cerda, fallece, iniciándose un periodo de crisis sucesoria que yo recojo y me permite ambientar la novela. Voy desde un caso ficticio (porque tanto la protagonista como su futuro marido son ficticios) para poder tratar algo verídico.

P: ¿Por qué decides especializarte en Historia de género en Al-Ándalus? ¿Qué te atraía de este periodo?

R: Creo que es una pregunta muy complicada, porque yo llegué a la carrera de Historia sabiendo que me gustaba muchísimo esta asignatura y luego simplemente poco a poco fui perfilándolo. A mí la Edad Media ya me gustaba, pero di con mi tutora, que es una persona maravillosa y como profesional es increíble, y al final me decanté por esta especialidad. También me parece que la Edad Media es un periodo tan lejano que nos permite tener una mirada un poco más objetiva. No es un periodo cercano que influya en muchos aspectos políticos, sentimentales, que pueda enturbiar la visión a la hora de realizar un objeto de estudio. Esa lejanía te da mucha claridad. Entonces, tanto por placer como por claridad científica, al final acabé en la Edad Media.

P: Dices lejana pero la tenemos constantemente muy presente en series de televisión, películas, libros... Es un periodo histórico que nos llama mucho la atención.

R: Sí, la verdad es que sí. Yo consumo muchísimas novelas y muchísimas producciones audiovisuales inspiradas en la Edad Media y tengo que decir que es algo que gusta muchísimo al público. Desde 'El nombre de la rosa', de Humberto Eco, hasta cualquier cosa que haya hecho España en series, encanta. Y la verdad es que me gusta mucho que la Edad Media se acerque tanto al espectador, aunque es verdad que siempre pecamos de ese oscurantismo que creemos que es la Edad Media.

P: ¿Existió realmente? Obviamente, no estuviste allí, pero lo has estudiado en profundidad.

R: Y no habría querido estar allí... Tenemos que tener en cuenta que la Edad Media son mil años, y en mil años da tiempo a que pasen muchas cosas y a que haya habido todo tipo de sucesos. Evidentemente hay hambrunas, hay momentos de malas cosechas, hay momentos de inclemencias meteorológicas, que dan al traste con todo; hay guerras, hay impuestos que son abusivos, hay enfrentamientos nobiliarios que acaban arrastrando a la población. Todo eso es cierto, pero también hay muchísimo brillo. Es una época en la que también hay muchos avances científicos, avances médicos, agrícolas... Me refiero a la Península Ibérica, en este caso. Aquí, por ejemplo, en el Califato de Córdoba, tuvimos una de las grandes bibliotecas del Occidente, que era la Biblioteca de Córdoba, cuya cantidad de libros que había era muy similar a los de la Biblioteca de Alejandría. Hemos tenido grandísimos médicos como Abulcasis, y grandísimas poetas. Lo que pasa es que nos fijamos en la oscuridad y en los malos momentos, y también la Edad Media juega con una cosa en contra, que es que ha tenido muy mala publicidad. El Renacimiento, por ejemplo, tuvo muy buena propaganda, siempre lo hemos asociado al periodo de la luz.

P: ¿Qué significaba ser mujer en esta época? ¿Cómo era la vida de una mujer?

R: Esto depende de muchas cosas, porque como hemos dicho son mil años de historia que dan para mucho. Pero, si hablamos de la percepción de la mujer, vemos a una mujer que se la concibe como compañera del hombre. Anteriormente, a lo mejor en el siglo V, y ya en el siglo XIII empezamos a verla no como la compañera de vida, sino la servidora del hombre, como un ser que está en una condición de inferioridad. Pero dependerá del estamento social al que pertenece. No es igual ni en los reinos cristianos, ni en Al-Ándalus pertenecer al vulgo, al pueblo llano, que pertenecer a un estamento privilegiado, y sobre todo me refiero a nobleza y a realeza. No tenían las mismas libertades ni comodidades.

Luego es cierto que hay muchísimas transgresiones y que la idea de la mujer recluida exclusivamente en el hogar, dedicada a la crianza y dedicada a la enseñanza de la progenie, es algo que está muy lejos de la realidad, porque la mujer trabaja en todos los ámbitos y prácticamente ocupaba todos los espacios.

P: ¿Y el hombre siempre estaba vinculado a la guerra o es una idea que tenemos fruto de las películas y las series?

R: Esta idea de belicosidad viene porque en la Edad Media se suele hablar del auxilium y el concilium. El concilium es dar consejo al rey y el auxilium es auxiliar al rey mediante las armas. Entonces, quizás por eso tenemos esa visión tan belicosa del hombre en la Edad Media, porque en estos momentos donde sí que es cierto que hay una lucha campal bastante recurrente, es muy común verlos convocar a las mesnadas (grupos de hombres armados, soldados o mercenarios, que en la Edad Media servían bajo el mando de un rey, noble o señor feudal), tomar las armas e ir en ayuda del rey, en defensa del reino, que es un poco también lo que pasa en la novela, que tenemos a los grandes señores y a los grandes caballeros en la batalla contra los benimerines en la zona de la frontera. 

"Los matrimonios por motivos románticos no suelen imperar en la Edad Media".

P: Y ser bastarda, ¿qué implicaba? ¿Por qué te llama la atención y le dedicas una novela a esta condición?

R: En primer lugar porque el concepto de bastardía era algo que no había podido tocar hasta ahora, como ya te digo, porque no existe en Al-Ándalus , ya que todo el mundo es legítimo. Pero en los reinos cristianos no, en la sociedad cristiana occidental sí que existe la bastardía, y además, la vemos mucho en novelas, la vemos mucho en series de televisión, voy a hacer la mención recurrente a 'Juego de Tronos' donde Jon Snow se hizo tan popular siendo un bastardo. En este caso, quería tratar la condición femenina ligada a la bastardía, que no es una cosa que nos quede muy lejana, porque los reyes en general tenían muchísimos hijos y muchos de ellos son bastardos y bastardas, aunque luego, evidentemente, al ser hijos o hijas de reyes tenían una condición privilegiada y muy diferente. Precisamente, el rey Alfonso tuvo hijos extramatrimoniales y una de ellas, Beatriz, fue su hija favorita. Ella era bastarda y acabó casándose con el rey de Portugal, para después ser reina de Portugal.

P: Es decir, que una bastarda tenía posibilidades de ascender socialmente.

R: Sí, la verdad que sí, estas cosas siempre dependen un poco del seno en el que se nazca, pero igualmente no estaba bien visto ser hijo o hija ilegítimo.

P: Sorprende que estuviera mal visto cuando era algo muy frecuente que se tuvieran hijos e hijas fuera del matrimonio.

R: Sí, efectivamente. Al final muchas de las cosas no dependen tanto de la sociedad, sino del núcleo en el que tú te crías o en el que tú naces. Es muy normal que cuando pensamos en la Edad Media pensemos en padres agresivos, imponentes, que casan a la hija con hombres muy mayores, siendo muy niñas; que pegan a sus mujeres, a sus hijas... Pero no siempre fue así, dependía la bondad de la persona, y como se ve en la novela con el padre de Mathilde, que nunca la repudia y busca el mejor marido para ella. También esta etapa había padres amorosos muy preocupados por sus hijas, tanto por las legítimas como por los hijos ilegítimos que intentan darles un trato equiparable, salvando las distancias, a absolutamente todos.

P: También en este sentido, el matrimonio es el eje principal de la novela. ¿Cómo era de importante casarse en la Edad Media?

R: Los matrimonios por motivos románticos no suelen imperar en la Edad Media, tanto en los estamentos sociales más altos como en el pueblo llano. Suelen ser matrimonios que se realizan por motivos políticos y por motivos económicos. Y no se suelen observar como la unión entre dos personas, sino como la unión de familias. Por eso es tan importante que haya un examen previo, es decir, que se valore previamente con quién se va a matrimoniar; si el matrimonio es coherente y si beneficia a ambas familias. Si es así, se inicia todo el proceso que supondría, que serían estos pasos que vamos viendo en la novela: se firma un contrato matrimonial con una serie de cláusulas donde vemos si la muchacha es virgen o no, cuánto se va a dar de dote, cuánto va a dar el marido de arras, si compensa o si no, si se tiene que negociar algo...

P: ¿Cuánto podría durar un proceso matrimonial?

R: Pues esto depende muchísimo porque, claro, no es igual, por ejemplo, este tipo de procesos matrimoniales si se dan entre reyes, donde se suelen contraer nupcias con otros reinos, a veces lejanos, que en los que no. Depende también de si se tienen que pedir dispensas papales, porque haya cierto grado de consanguinidad, que esto era muy común todo el tiempo en la Edad Media y el pontificio estaba muchas veces con una pila enorme de gente que se quería casar y que era primo segundo, primo tercero, primo hermano, tía con sobrino, etc. El matrimonio podía demorarse en muchos casos años. Pero, también es verdad, que muchas personas se saltaban los procedimientos.

P: Una de las hermanas de Mathilde si logra casarse por amor, pero no era lo habitual, como bien dices.

R: Es verdad que el amor es un sentimiento universal que, evidentemente, también estaba presente en la Edad Media y todo el mundo lo sentía, desde las clases privilegiadas hasta el campesino más triste y humilde. Lo que pasa es que nosotros ahora mismo tenemos una visión del amor medieval que viene muy sesgado por el amor romántico y el amor cortés, que tiene un boom en los siglos XII-XIII, cuando aparece esto del amor cortés e impregna las sociedades de la época. Pero este se da en entornos cortesanos. Por ejemplo, historias de dos amantes que no pueden estar juntos, que se ven arrastrados por las imposibilidades del destino, pero que se aman en secreto, un poco como 'Romeo y Julieta'. Son historias a las que las damas de esa época aspiran, pero que en la realidad no ocurrían. La realidad era que te ibas a casar, probablemente, con alguien con quien no quieras porque el amor no era tan importante.

P: ¿Cómo se controlaba que una mujer llegara virgen al matrimonio? Era una época muy promiscua; ¿verdad?

R: En la Edad Media, ya en estos últimos años (siglos XII, XIII, XIV y XV) empieza a ser muy importante, ya lo era antes, el tema de la castidad, el tema de la puridad, de la virginidad de la mujer. En estos momentos hay un fervor por mantener a las doncellas vírgenes, había que salvaguardar la virginidad de la mujer. Entonces, la salvaguarda del padre y la madre se vuelve importantísima, y se intenta por todos los medios que las chicas lleguen vírgenes al matrimonio para, evidentemente, que se vea que hay como una honra en la familia, que se ha respetado a los padres, que se ha respetado al futuro marido. Eso queda visible en "el supuesto" sangrado que da en la noche de bodas. Pero luego había mucha gente que, evidentemente, no llegaba virgen al matrimonio.

"La Edad Media no era tan insalubre como imaginamos"

P: Pero también sabemos que la mujer no tiene por qué sangrar en su primer encuentro sexual... ¿Qué pasaba si no había sangrado?

R: Claro, y si eso no pasaba, se ocultaba. Había mil formas de hacerlo. Incluso si habías perdido la virginidad, podías aparentar que eras pura. Había mujeres que se dedicaban a remendar los hímenes, por así decirlo. Existía la posibilidad de que esa mujer, aún siendo virgen, no sangrase. Siempre apunto a que las mujeres han sido muy inteligentes a lo largo de todas las épocas y que normalmente se las sabían todas porque a alguien ya le había pasado. Se ayudaban entre ellas...

P: ¿La higiene, en este sentido, era más importante de lo que creemos? Hay mucho mito de que la Edad Media fue un periodo sucio e insalubre, ¿no?

R: Tenemos esa idea, pero eran limpios. Había baños públicos y la gente tenía olfato, eran conscientes de que olían mal. De hecho, hay muchos tratados y manuales de cosméticos. Se utilizaban pastillas para tener buen aliento, se lavaban los dientes con hierbas, existían dentífricos y desodorantes; o sea, nunca fueron tan insalubres como nos imaginamos.

P: En España tenemos un gran patrimonio medieval, de los mejores de Europa. ¿Cuáles son tus lugares favoritos para buscar inspiración o viajar a la Edad Media?

R: Es difícil escoger, pero en la novela aparece uno de mis favoritos que es el Monasterio de Santa María La Real de Las Huelgas, en Burgos. Me parece absolutamente imprescindible y, además, era una de las residencias favoritas de Alfonso X. Allí está enterrado su hijo, Fernando de la Cerda, y otros miembros de la familia real. Y otra de las residencias escogidas por Alfonso X, en el sur, era el Alcázar de Sevilla.