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Cómo gestionar las vacaciones familiares tras un divorcio: “Uno de los mayores errores es intentar que todo esté bien”

Una madre con sus dos hijos en la playa
Una familia de vacaciones. Agung Pandit Wiguna /Pexels
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Para muchas personas, el verano es un período de cierto estrés. Está el que genera gestionar las vacaciones y sus expectativas o el de dejar todo atado en el trabajo antes de irse. También está, y posiblemente el más importante para las familias, el de qué hacer con los niños. Pasa con unas vacaciones escolares más largas que las de sus padres y madres, pero también con cómo se organizan sus días de asueto en un contexto en el que las familias son cada vez más diversas.

De hecho, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 42,6% de las parejas que se divorciaron en 2024 (el último año del que hay datos) tenía hijos menores de edad. Esto implica repartir la custodia y, cuando llega el verano, las vacaciones. ¿Cómo hacerlo para que sea justo y equitativo y, sobre todo, para que no se convierta en un problema potencial de convivencia? ¿Hay líneas rojas que no se deben cruzar? Ane Arieta, mediadora familiar y fundadora de Stepfamily, aporta algunas claves.

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Errores a la hora de gestionar las vacaciones en esta situación

“Principalmente, se trata de no poner a los hijos cargando con los conflictos que pueden derivar de temas adultos o de acuerdos a los que no se termina de llegar”, introduce la experta. En cierto modo, las vacaciones (y el estrés que generan) son un poco una extensión de la realidad del resto del año. Si el diálogo no ha fluido durante los demás meses, raro sería que lo hiciese estos meses. Si, por el contrario, se mantiene una relación saludable, no serán un problema importante.

“En las vacaciones se concentra toda esa falta de acuerdos, de capacidad de comunicación o de estructura comunicativa que los padres puedan tener entre ellos”, señala la experta, que recuerda que es además un momento de “más imprevistos, más temas a informar y más acuerdos por alcanzar”. Todo ello lleva a que se ponga a prueba realmente las bases de las dinámicas familiares. Si se tiene una buena base, se saldrá sin especiales problemas.

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Si no, no se deberían esperar milagros. “Uno de los mayores errores que se suelen dar es, justo en estas fechas, intentar que todo esté bien, cuando ese puente no ha existido el resto del año”, señala Arieta. Se hace porque “son fechas importantes, para recordar de la infancia de nuestros hijos, que marcan”. Sin embargo, la experta advierte que “debería ser al revés”. Habría que prevenir e “intentar que haya todavía más estructura”. Es menos bonito, pero más eficiente. No se trata tanto de llevarse bien como de reducir la fricción en la comunicación para poder “comunicar mucho más y mucho mejor”.

Consejos para sobrevivir al verano

La mediadora da ciertos consejos para lograr, justamente, que las cosas fluyan. Uno es la planificación, porque cuando todo está lo más cerrado posible se dejan muchos menos espacios para los potenciales conflictos.

Luego, hay que evitar “convertir el tiempo con los hijos en una competición”. Esto es un error. Arieta reconoce que “a veces lo hacemos inconscientemente, y es humano, pero así es imposible no solo generar vínculos saludables sino también una familia funcional tras el divorcio”. Entrar en un bucle de ‘si tu padre te llevó a Disney yo te llevo a tal sitio’ o ‘si tu madre organizó aquella fiesta yo la supero’ es contraproducente. En una familia convencional, recuerda la experta, no se compite de ese modo por el cariño de los hijos de ese modo.

Ane Arieta

Arieta culpa a los bulos que aseguran que, llegados los 12 años, los niños y niñas podrán decidir rechazar una casa. “Me encuentro con padres y madres desempoderados en su rol”, advierte, pero también a niñas y niños que “no pueden tener el derecho a poder seguir siendo eso, hijas e hijos”. Lo importante es que sepan que sus madres y padres están ahí, pero no caer en una burbuja de exceso de estímulos. “Los hijos necesitan aburrirse y normalidad”, recuerda la experta, que señala la importancia de prepararlos para el mundo real. “La familia no se construye solo con amor, es necesario que sea un amor seguro y para que lo sea deben existir límites coherentes y sostenibles en el tiempo”, indica. Poner límites es también parte de la educación.

El reto en las familias reconstituidas

¿Y cómo gestionar las experiencias en las familias reconstituidas, cuando se hacen cosas con el resto de la familia, pero sin el hijo o la hija porque esa semana le toca con el otro progenitor? Al fin y al cabo, esto es normal, porque la vida continúa en las demás semanas o meses. Arieta recuerda que es “igual que gestionamos el conflicto en las familias convencionales, solo que no hacemos tanto dramatismo”. Los miedos a hacerlo mal “es más un tema de adultos que de los hijos”. “Los hijos van a hacer un drama, pero es el mismo drama que cuando dicen ‘es que prefieres a mi hermano pequeño’. Ahí no nos venimos abajo”, apunta.

Tratar las cosas con naturalidad y recordar que existen conflictos en todas las familias es crucial, también abordar con los hijos las cosas que se pueden hacer esas semanas que están en casa. De hecho, Arieta recomienda dar una cierta continuidad, empezar la semana en casa con un 'recap' como se hacía en las series semanales.