Me hice un tatuaje y después me arrepentí
¿Por qué tatuamos nuestro cuerpo?
Aunque hay tantos motivos como tatuajes, a rasgos generales podemos encontrar dos grandes razones que nos hacen visitar el estudio de un tatuador:
- Los tatuajes son la representación simbólica de haber superado una crisis.
- Los tatuajes son una expresión de nuestra individualidad e identidad.
A lo largo de nuestra vida atravesamos numerosos momentos difíciles, pero una etapa especialmente relevante es la adolescencia. En torno a los 17 años vivimos lo que se conoce como "crisis de bachillerato", una fase de autoconocimiento, independencia respecto a nuestras figuras de apego e inmersión en la vida adulta. Al superar esta crisis, tenemos una idea más o menos clara de lo que somos y lo que queremos o, en otras palabras, nuestra identidad está bien formada. Una manera de "materializar" o hacer tangible este periodo de crecimiento personal es tatuando nuestra piel.
Por otro lado, los tatuajes pueden ayudarnos a superar un duelo psicológico, convirtiéndose en un recordatorio eterno de familiares, amigos o parejas que ya no están a nuestro lado.
Los tatuajes ya no son para siempre
Con el paso del tiempo y los avances tecnológicos, la idea de "para siempre" asociada a los tatuajes ha sufrido una transformación. Antaño la tinta en la piel se consideraba algo eterno y mucha gente prefería no arriesgarse "por si se arrepentía después". Ahora los métodos de borrado láser son más populares y también se ha puesto de moda el cover up, una técnica que consiste en tatuar un nuevo diseño sobre el viejo para taparlo.
Sin embargo, no todo el mundo puede permitirse borrar un tatuaje con láser o tatuarse de nuevo, y en cualquier caso arrepentirse de un tatuaje conlleva mucho malestar psicológico.
Elena, Jandro e Iratxe se tatuaron y, tarde o temprano, se arrepintieron. Hoy nos van a contar sus experiencias con la tinta.