Sandra, Niara, Omar, Edgar y Celia sufren racismo en España: "Quienes critican no son conscientes de sus privilegios"

  • "Había unos policías que me pararon, me registraron la mochila y me cachearon porque se pensaban que había tirado piedras a la carretera"

  • 1.257 personas negras han muerto en Estados Unidos en los últimos años a manos de policías

  • En España, 1 de cada 10 personas tienen nacionalidad diferente a la española. De ellas, un 49,1% afirma haber experimentado algún tipo de discriminación

En plena pandemia mundial, una oleada de protestas se ha desatado a lo largo de Estados Unidos, extendiéndose a otros países como Alemania, Inglaterra o Australia. El detonante ha sido el asesinato de George Floyd, un estadounidense negro asfixiado por un policía. Bajo el lema de 'Black Lives Matters', millones de personas se han unido a la lucha contra la discriminación racial.

La indignación ha traspasado fronteras, sobre todo gracias a los usuarios de las redes sociales, entre los que también está Rosalía, que han visibilizado incansablemente la situación al otro lado del océano y nos han hecho reflexionar sobre los privilegios de la población blanca y el racismo sistemático.

Es muy fácil taparnos los ojos y negar la realidad del racismo, sobre todo cuando no lo sufrimos en primera persona. Sin embargo, la discriminación por el color de piel es el pan de cada día de muchas personas no sólo en Estados Unidos, donde el 13% de la población es afroamericana, sino también en nuestro país.

En España, 1 de cada 10 personas tienen nacionalidad diferente a la española. Esto supone cuatro millones y medio de personas. De ellas, un 49,1% afirma haber experimentado algún tipo de discriminación a lo largo de su vida según los datos del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas).

Otros estudios, como el Informe Anual de 2018 sobre el racismo en el estado español, encontraron que de 347 agresiones y conflictos relacionados con la discriminación, un 17,3% guardaban relación con el racismo. Este porcentaje puede parecer pequeño, pero si tenemos en cuenta que sólo el 10% de los españoles son extranjeros, las cifras resultan alarmantes. Respecto al ámbito de la discriminación, se halló que sobre todo era vecinal o en espacios públicos, pero también laboral, sanitario y en instituciones educativas.

Sandra, Niara, Omar, Edgar y Celia son cinco jóvenes con nacionalidad española y algo en común: el color de su piel. Todos ellos nacieron o viven en España desde muy pequeños. Han crecido bajo las costumbres y cultura de nuestro país, han aprendido la historia de España en el instituto y desde los 18 años, han votado como sus amigos blancos. Sin embargo, la discriminación es una realidad en su día a día.

“Me han insultado muchas veces por mi color de piel”

"Yo nací en Teruel. Nunca he estado en África porque mis padres se fueron de Ghana cuando tenían mi edad. Primero vivieron unos años en Argelia, y al final se mudaron definitivamente a Teruel con 26 años. Poquito después me tuvo a mí y luego a mi hermana", relata Sandra, de 23 años.

"Pese a haber nacido aquí, nunca me he sentido como mis amigas. Siempre hay gente que quiere saber dónde he nacido, y aunque les diga que en Teruel, insisten porque no se lo creen. O me tocan el pelo porque les mola el rollo afro, o me preguntan si sé hablar africano cuando en Ghana se habla en inglés… Son muchos prejuicios, pero por lo menos esos cosas medianamente positivas".

"Me han insultado muchas veces. La gente se piensa que el racismo es cosa del pasado, pero yo he llegado a escuchar como me decían cosas como 'la negrita del Cola Cao' o que tenía labios de comerla bien por ser negra. Es humillante y aunque no me ofende mi color de piel ni mi identidad, pero es muy triste que en un país que presume de ser tan avanzado, siga pasando esto", confiesa.

1.257 personas negras han muerto en Estados Unidos a manos de policías

En el caso de Niara, nacida en Uganda, la reivindicación forma parte de su vida. "Desde pequeña he sido consciente de que no hay igualdad de oportunidades. Siempre sacaba matriculas de honor, en la universidad pude graduarme con becas por mis notas, y tengo un máster. Aun así, en las entrevistas de trabajo tiene más importancia que soy negra”.

Niara colabora con varias asociaciones y ONG enfocadas en la integración. "Con todo lo que está pasando en Estados Unidos, la sociedad está dándose cuenta de que hay algo que va mal. No es normal que la policía entre en tu propia casa y por el simple hecho de ser negro, piensen que estás robando. Tampoco lo es que un niño negro esté jugando con una pistola de juguete como cualquier crío que hace el tonto, y le peguen un tiro. Esto no son invenciones, es lo que está pasando", añade.

En los últimos cinco años, 4.728 personas en Estados Unidos han muerto a manos de policías. De todas ellas, 1.257 eran negras y 2.385 blancas. De nuevo, estas cifras pueden confundirnos y hacernos pensar que los blancos son víctimas de brutalidad policial con más facilidad, pero debemos prestar atención a un dato fundamental: en Estados Unidos sólo el 13% de la población es afroamericana. Por lo tanto, en proporción, la población negra tiene más de el doble de probabilidad de morir a manos de un policía que la población blanca.

Por si esto fuera poco, en el 99% de los casos, los agentes de policía denunciados no sufren ningún tipo de repercusión legal por sus actos. Siguen con su mismo puesto de trabajo, respaldados por un sistema que invisibiliza las agresiones racistas.

“La policía me registró con 12 años cuando venía de jugar al fútbol”

Al hablar de racismo, Omar, de 21 años, recuerda un incidente que sufrió con doce años. "Es una tontería comparado con lo que está pasando, pero yo volvía a casa de jugar al fútbol con mis amigos. Atajé por un camino en el que hay que pasar por unas vías de tren abandonadas que están justo por encima de la carretera. Al bajar la cuesta, había unos policías que me pararon, me registraron la mochila y me cachearon porque se pensaban que había tirado piedras a la carretera. Llevaba el balón de fútbol, la ropa de deporte y estaba llorando de los nervios. Ni siquiera me dejaron llamar a mis padres", recuerda.

"Al llegar a casa no conté nada porque me daba vergüenza. No sé si le habría pasado algo así a mis amigos blancos, pero para mí fue muy chocante", confiesa. Ahora, nueve años después, tiene claro que ante las injusticias hay que alzar la voz. "No podemos amedrentarnos, porque así sólo perpetuamos que sigan pasando cosas así. Hay que contar estas cosas, aunque sea a tus padres".

La doble discriminación en la piel de Edgar

Edgar acaba de cumplir 19 años y a la discriminación por ser negro, se suma la homofobia. "Mis padres y mi familia me han aceptado siempre, pero todavía hay gente que tiene la cara dura de decir que los negros son más racistas. No sé los demás, pero en las manifestaciones de la ultraderecha yo no he visto ningún negro, pero sí muchas personas blancas racistas, homófobas y machistas", comparte indignado.

"No es una cuestión de quiénes son mejores o peores, si blancos o negros, sino de quitarnos de la cabeza estereotipos absurdos. A mí me han llegado a intentar pegar de fiesta por besarme con un tío en una discoteca, y al insulto de "maricón", le añaden siempre la coletilla de "puto mono" o "negro de mierda"".

"Yo no me avergüenzo de ser gay, pero al final es algo que no todo el mundo sabe. No voy con un tatuaje en la cara en el que pone que me gustan los tíos. En cambio, mi color de piel es lo primero que destaca cuando conozco a alguien. No se fijan en lo que estudio, en la música que me gusta o en mi personalidad. Lo primero siempre es que soy negro, y eso es lo que determina la conversación", afirma Edgar.

“La gente se piensa que los que emigramos lo hacemos por gusto”

"Soy de Sudán, pero me vine a Valencia cuando era un bebé. Vamos, que soy tan española como cualquiera", comenta Celia, de 24 años.

Para ella, el punto de inflexión llegó cuando conoció a la familia de su ex novio. "Llevaba con mi exnovio casi un año y sus padres sabían que salía con una chica negra, pero nunca habíamos hablado. Un día subí a su casa para conocerles y fue horrible. Empezaron a soltarme comentarios tipo que "los míos" venían aquí a robar el trabajo a "los suyos", o que por ser negros nos daban una subvención. Yo flipé, y lo que más me dolió es que mi exnovio no dijo nada. Obviamente lo acabamos dejando, yo no puedo estar con alguien así", relata.

"La gente se piensa que los que emigramos lo hacemos por gusto. Si hay gente española que se va a Londres a conseguir un trabajo porque en España no hay, imagínate que en tu país aparte del desempleo hay guerras, dictaduras, asesinatos constante, violaciones diarias, secuestros… Quienes critican no son conscientes de sus privilegios".